CIMA
José Luis Lanciego, investigador: "El Parkinson no es una sentencia de muerte y se puede llevar una vida normal"
Médico e investigador del CIMA de la Universidad de Navarra, dirige un equipo sobre terapia génica para mejorar los tratamientos para enfermos de Parkinson. Acaba de ser nombrado presidente de una fundación europea que busca fondos para investigar enfermedades neurodegenerativas y mejorar la calidad de vida de estos pacientes


Publicado el 14/09/2025 a las 05:00
José Luis Lanciego lleva dos tercios de su vida entre probetas y tubos de ensayo. Basculando entre elucubraciones, errores y descubrimientos para mejorar la calidad de vida de las personas. En su caso, aquella de quienes sufren la enfermedad de Parkinson. Una patología neurodegenerativa, que va más allá de la rigidez y los temblores. José Luis Lanciego Pérez (Salamanca, 1966) es médico por la universidad de su ciudad y recaló en el Centro de Investigación Médica Aplicada (CIMA) de la Universidad de Navarra en 1997 y “casi por casualidad”. Desde entonces, lidera un equipo que investiga terapia génica para tratar el Parkinson y han avanzado mucho, subraya, en la medicación que “aunque no cura” sí ayuda a los enfermos a tener “una buena calidad de vida”. “Nadie muere de Parkinson sino con Parkinson”. Miembro del Consejo Europeo del Cerebro (European Brain Council), acaba de ser nombrado presidente de otra institución relacionada, la Fundación Europea del Cerebro (European Brain Foundation). Una entidad que agrupa a sociedades científicas, asociaciones profesionales (de neurólogos, neurocirujanos, neuropediatras, psiquiatras...), asociaciones de pacientes y de la industria farmacéutica para recaudar fondos y luchar contra las enfermedades cerebrales y neurodegenerativas, que ya afectan a un tercio de la población europea. Vecino de Zuasti y casado con la médico venezolana Nancy Gonzalo, son padres de dos hijos: María Cristina (24 años) y José Luis (18). “Me encanta Pamplona y su calidad de vida. Aunque resulta una ciudad muy mal comunicada y perdemos oportunidades para organizar congresos internacionales”. En Navarra, viven actualmente unos 2.000 pacientes con Parkinson.
¿Por qué asusta tanto esta enfermedad?
Para los pacientes a quienes se la acaban de diagnosticar parece una sentencia de muerte. ¡Pero no lo es en absoluto! De hecho, si yo tuviera que escoger una enfermedades neurodegenerativa, elegiría el Parkinson porque ya existe muchísima medicación contra los síntomas. Lo preferiría antes que el Alzheimer o la ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica).
¿Por qué surge el Parkinson?
Su causa es desconocida. Por eso, no se puede curar. Pero sí podemos tratarlo como una gripe. Es decir, mejorar sus síntomas (como si fueran la fiebre, la congestión...) para que los pacientes tengan una buena calidad de vida. Sí que se sabe que la edad es el principal factor de riesgo y que, en la mayoría de los casos, el Parkinson aparece a partir de los 65 años. Solo en un 10% surge en personas menores de 50. Como el caso del actor estadounidense Michael J. Fox, que tiene una fundación que otorga dinero para la investigación, y a quien conocí. En el Parkinson juvenil, se viven muchos años con la enfermedad y se necesita mucho más apoyo. Porque la evolución hará que se viva más tiempo con un situación peor.
¿Cuáles son esos síntomas?
El Parkinson se origina porque se reduce el número de neuronas dopaminérgicas en la parte compacta de la sustancia negra en el cerebro. En consecuencia, el paciente pierde la capacidad de controlar los movimientos habitualmente automáticos debido a una alteración en los niveles de dopamina. Entre los primeros síntomas, aparecen el temblor y la rigidez. Por eso, se recetan tratamientos con dopamina, los niveles de esas sustancia se mantienen estables y desaparecen los síntomas. Los tratamientos, siempre muy personalizados, permiten que en los primeros años tras el diagnóstico, se puede llevar una vida normal. La esperanza de vida con Parkinson es igual que sin él. Es decir, nadie muere de Parkinson sino con la enfermedad. Otra cosa es que consigas tener una mejor o peor calidad de vida.
Insiste en que, a veces, surgen complicaciones. ¿Como cuáles?
Dolor, afectación del habla, de la deglución, incontinencia urinaria, estreñimiento severo, problemas de insomnio... Lógicamente la calidad de vida resulta peor y hace que los pacientes se aíslen. Además, aún existe el estigma del Parkinson. Pero en la mayoría de casos, los primeros años son buenos porque se vive una especie de “luna de miel” gracias a la medicación.
Además de los fármacos, ¿qué otros tratamientos se pueden aplicar?
En algunos casos, la llamada estimulación cerebral severa, que es una operación en la que se conectan unos electrodos en una zona del cerebro que quita totalmente los síntomas (el investigador muestra entonces el vídeo de un paciente que apenas puede caminar y que, tras la operación, da unas zancadas muy seguras). La Clínica Universidad de Navarra fue un centro pionero en esta práctica hace treinta años pero ahora ya se practica en casi todos los hospitales públicos y privados del mundo. El cambio de vida en los pacientes es tremendo. La enfermedad sigue progresando pero sin síntomas porque los esconde la medicación o la cirugía.
DESDE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
El Parkinson aparece como una enfermedad actual. ¿Por qué surge ahora?
No hay vestigios de ella a lo largo de la historia. Ni en los papiros egipcios, ni en la Antigua Grecia... Los primeros casos datan de la Revolución Industrial (siglo XIX), por el aumento de la contaminación y el comienzo del uso de pesticidas. Actualmente, la prevalencia del Parkinson es superior entre las personas que viven en el medio rural (frente al urbano) y también se da más en hombres, en una proporción de tres varones por dos mujeres. También se ha observado que existe una comorbilidad (enfermedades que confluyen) entre el Parkinson y el melanoma (cáncer de piel), porque ambas patologías presentan una proteína común. Además, algunos pacientes con Parkinson se demencian pero no todos. Como, insisto, la enfermedad no se puede curar al no conocer la causa, lo más importante es lograr que progrese lo más lentamente posible. Que mueran menos neuronas o lo hacen de manera lenta.
¿En qué consiste exactamente la investigación que desarrollan en su laboratorio con la llamada terapia génica?
Esta técnica, que ahora está de moda, lograr situaciones que hace cuatro o cinco años parecían una locura. Lo que queremos es aprovechar la propiedad natural de los virus (que no son capaces de reproducirse por sí mismo sino solo metiéndose en las células). Aprovechando esta propiedad, modificamos los virus y les introducimos la información genética que queremos para que fabriquen la proteína que nos interesa. En eso consiste en este caso la terapia génica: en dar a las neuronas la proteína que necesitan para frenar el Parkinson.
¿Por qué llevan a cabo la investigación con monos y no con ratones?
Porque el cerebro del ratón o la rata es mucho más sencillo que el de los humanos. No tiene arrugas. En cambio, el del mono es similar aunque de tamaño más pequeño. El humano tiene un cerebro mucho más grande, del tamaño de una pizza mediana de masa fina. Pero para que nos quepa en la cabeza solo hay dos opciones: o tener un cabezón como una chincheta o que entre de manera arrugada. Por eso, es tan importante la investigación con monos. Aunque hemos tenido problemas con los animalistas. Hace un tiempo, PETA (Personas por el Trato Ético de los Animales, según sus siglas en inglés) presentó una iniciativa ciudadana para impedir la investigación con animales para usos cosméticos. Gracias al Consejo Europeo del Cerebro, del que formo parte, conseguimos que los eurodiputados intercedieran por nosotros, que se convirtieran en nuestra voz, y logramos detener esa petición. Es lo que vamos a hacer también ahora desde la Fundación Europea del Cerebro. Buscar fondos del Parlamento Europeo para financiar nuestra investigaciones. Hasta ahora, la prioridad ha sido el cáncer pero, conforme aumenta la esperanza de vida y el envejecimiento, hay que prestar más atención a las enfermedades neurodegenerativas. En España tan solo se destina el 1,04% del Producto Interior Bruto (PIB) a investigación y solo estamos por delante de Grecia y Portugal. En otros países, en cambio, el dinero para investigar es mucho mayor. En Alemania, asciende al 3% del PIB y en los países nórdicos, como Suecia, Finlandia, Noruega..., al 5%
¿Qué otras vías de financiación tienen?
El 85% de nuestros ingresos viene de la ASAP (Alineando la Ciencia Contra el Parkinson, por sus siglas en inglés), una asociación privada de Estados Unidos que financia 152 grupos investigadores de todo el mundo y uno de ellos es el nuestro.
Hemos hablado de pacientes, síntomas... Pero, ¿qué ocurre con los familiares?
El impacto del paciente en su entorno es muy grande. El cuidador, que generalmente cuida a su pareja, sus padres... pierde horas de trabajo y muchas veces no sabe qué hacer. Por eso, son muy importantes las asociaciones de pacientes como Anapar (Asociación Navarra de Parkinson), que desempeña un trabajo exquisito. Porque las personas comparten experiencias, se organizan talleres de fisioterapia, logopedia... Tanto los pacientes como sus familiares deben cuidarse y llevar a cabo una vida sana. Al laboratorio llaman muchas personas y, aunque yo no soy médico, escucho historias. Un paciente, al comienzo del diagnóstico, tuvo que dejar la empresa pero luego, gracias al tratamiento, volvió a trabajar y pudo disfrutar de una vida normal. Existe mucha esperanza.
INVESTIGACIÓN Y RESULTADOS
José Luis Lanciego Pérez era un joven salmantino que soñaba con ser médico. Hasta que el laboratorio se cruzó en su vida. “Me encantaban los pacientes pero me decanté por la investigación. Me apasiona. Es un trabajo en el nunca sabes cuál va a ser el resultado”. Licenciado en Medicina por la Universidad de Salamanca, investigó allí y en Amsterdam hasta que en 1997, cuando aún no se había construido ni el edificio actual, le llamaron del CIMA. “Fue una casualidad. En una semana, me vine y aquí he hecho mi vida”.
¿Qué le interesó del proyecto aún en pañales?
Me habló de él el profesor José Manuel Giménez Amaya, que entonces daba clase en la Universidad Autónoma (y ahora lo hace en la Universidad de Navarra). Consistía en un proyecto nuevo para investigar el Parkinson con monos. Me vine sin conocer a nadie. Pero aquí me casé (su mujer, la venezolana Nancy Gonzalo, hizo la tesis doctoral con él y ahora es médico de familia en el centro de salud de Huarte) y mis hijos son navarros: María Cristina (24 años, que ha terminado Derecho con Relaciones Internacionales) y José Luis (18, que va a empezar Medicina). ¡Aún queda esperanza” (bromea).
Visto su planificador (detrás de la puerta de su despacho), viaja mucho...
Dos o tres veces al mes. Viajo por toda España, voy mucho a Bruselas por la Fundación Europa del Cerebro y también a Estados Unidos (Arizona, California...) por proyectos que tenemos en común. En Bruselas, los miembros de la fundación (investigadores, neurólogos, neurocirujanos, psiquiatras...) abogamos antes los eurodiputados para conseguir fondos para las enfermedades neurodegenerativas. Debe ser prioridad.
¿Viaja también en su tiempo libre o ya no le apetece?
Me encanta viajar en familia. Ahora nos vamos unos días los cuatro a Cerdeña.