Violencia machista

"No me di cuenta de que era víctima hasta que me atacó con un cuchillo"

Ainhoa conoció a su pareja con 17 años y convivió 22 con él. Ahora, con 40 y tres hijos de 20, 16 y 6, está separada. Su expareja estuvo un año en la cárcel y ahora tiene una orden de alejamiento. "Vivo con miedo pero hay que ser fuerte porque con la separación, no siempre termina el martirio de una mujer maltratada"

Muchas mujeres no son conscientes de que sufren violencia machista o dependencia emocional de su pareja.
AmpliarAmpliar
Muchas mujeres no son conscientes de que sufren violencia machista o dependencia emocional de su pareja.
Muchas mujeres no son conscientes de que sufren violencia machista o dependencia emocional de su pareja.

CerrarCerrar

Sonsoles Echavarren

Actualizado el 11/08/2025 a las 09:17

Ainhoa no olvidará nunca la noche del 30 de marzo de 2023. Era jueves y su entonces pareja casi termina con su vida y la de sus tres hijos. “Sufrimos una agresión brutal y casi nos mata”. El hombre, recuerda, cogió un cuchillo de cocina y apuñaló a su hija mayor, que entonces tenía 18 años, y a su mujer la dejó inconsciente de un golpe en la cabeza. “Después se tiró del balón del segundo piso y sufrió 28 fracturas por todo el cuerpo”. Ainhoa no se llama así pero la historia que comparte es tan real como las secuelas que aún acumula. El agresor permaneció un año y cinco meses en prisión preventiva y tras el juicio, celebrado el pasado noviembre, quedó en libertad. “Ahora tiene una orden de alejamiento y comunicación. He entrado en el programa VioGén, de protección de víctimas (de todas las policías). Pero el juez, a pesar de mis peticiones, me ha denegado la pulsera.  No creo en la justicia. Vivo con miedo”. 

La historia de pareja de Ainhoa alcanzó la punta del iceberg aquel fatídico 30 de marzo. Pero en el agua del subsuelo ya flotaban otros muchos episodios de violencia (psicológica, económica...) y dependencia emocional, que ella no había sido capaz de identificar. “Hasta que él entró en la cárcel. Comencé a ir a terapia al Psimae (instituto de psicología forense) y ahí me percaté de todo. Ese periodo de separación me hizo sanar al ser consciente de lo que había pasado. Y de que, aunque yo no lo viera, no era normal”, reconoce ahora esta mujer, que trabaja como dependienta.

Los problemas ya comenzaron al poco de su relación. “Por ejemplo, un día me amenazó con que iba a tirar la tele al suelo. Yo no le daba importancia porque dependía de él y me daba pena”. confiesa. Alguna vez, él se fue de casa y se llevó a sus dos hijos mayores, por lo que Ainhoa le pedía siempre que volviera. “Pero hasta 2011 no me puso la mano encima. Ese día, me dio un cabezazo y me puso el ojo morado. Yo conté que me había golpeado con la puerta del armario. Pero claro, nadie se lo creyó”. A partir de aquel momento, continúa su relato, las agresiones físicas fueron cada vez más frecuentes. Siempre alternadas con las de control. “Iba a casa de mi abuela y antes de llegar, me llamaba por teléfono para preguntarme dónde estaba y pedirme que volviera a casa porque estaba mal”. Él, explica Ainhoa, comenzó con problemas de ludopatía y otras adicciones (drogas, alcohol...) “Yo intentaba ayudarle pero él no quería. Llevaba una vida de mierda y lo peor es que me arrastraba a mí”.

Y ejemplifica algunos casos. “Un día, me agarró en la calle y un vecino puso una denuncia. Pero yo la retiré y se archivó. Siempre intentaba protegerlo”. En otra ocasión, él también la agredió en casa y, “de la rabia”, ella le mordió. Él sí que la denunció y ella pasó la noche en el calabozo. “En ningún momento dije que había sido por defenderme porque él tenía antecedentes penales y no quería perjudicarle”.

Cuando gracias a la terapia psicológica, Ainhoa finalmente fue consciente del infierno que había vivido durante dos décadas le costó mucho verbalizarlo y contarlo en sus círculos cercanos. “He perdido muchas amistades. Me he sentido muy incomprendida, sobre todo, por mujeres. De hecho, algunas me decían que a ellas nunca les hubiera pasado. ¿Pensaban que era idiota?”

CLASES DE DEFENSA PERSONAL

Ainhoa asiste ahora a clases de defensa personal por si alguna vez debe defenderse. “Él tiene una orden que le impide vivir en Pamplona pero puede venir y me lo puedo encontrar por la calle, en un comercio... Trato de vivir el presente pero siempre mirando hacia el futuro”. Y lamenta que no la hayan incluido en el programa VioGén (de protección de víctimas, por el que el agresor lleva una pulsera y la víctima, un dispositivo para comprobar si se acerca”. Durante seis meses, añade, ha tenido la escolta de dos policías forales pero ya ha finalizado. “Y eso que mis hijos y yo estábamos en una situación de riesgo extremo. No tengo ninguna confianza en el sistema judicial”.

Ainhoa asiste ahora a la asociación Lunes lilas, de apoyo a mujeres víctimas de violencia machista, y quiere compartir su testimonio. “Les digo que me llamen para hablar en colegios o donde haga falta. Me ayuda mucho compartir mi historia. Si por lo menos puedo concienciar a alguien... Porque lo que me pasó a mí es real y me pueden ver como una mujer que está ahí delante”.

MIRANDO A LA PUERTA

Aunque continúa con la terapia psicológica, está avanzando y se encuentra “mucho más fuerte”, Ainhoa reconoce que aún sufre muchas secuelas de estrés postraumático. Como sentarse siempre en una cafetería mirando a la puerta, comprarle a su hija una silla con isofix para el coche para que pueda atarse ella sola y no se tenga que inclinar para abrocharla, abrir la puerta de casa hasta el fondo para comprobar que no hay nadie escondido detrás... “Al principio, no me atrevía ni a montarme en la villavesa y el primer verano (el de 2023) me lo pasé en la huerta de mi abuela con mi hija pequeña porque no me atrevía a salir a la calle. Voy mejorando y el año pasado, ya fui un día a ver los fuegos artificiales en San Fermín”, sonríe.

Sus hijos, añade, también están superando la situación. “Mi hija pequeña se sorprende porque en casa ya no hay gritos y mi hijo mayor comienza a tener más relaciones sociales”. Mientras vivieron en pareja, Ainhoa temía el momento de llegar a casa. “Siempre tenía miedo de lo que me fuera a encontrar. Cómo iba a estar él (si había bebido, si tendría síntomas de depresión...) En cambio, ahora entro tranquila. Mi casa es mi búnker, donde sé que no me va a pasar nada”.

Tanto Ainhoa como su pareja fueron derivados al centro de salud mental de Buztintxuri, donde ella sigue acudiendo, como consecuencia de dos intentos autolíticos con pastillas. “Tenía una situación tan horrible que no sabía qué hacer y, a veces, pensaba que desaparecer era la única opción. Ahora estoy muy bien”, insiste y agradece el seguimiento que le ha presentado la enfermera de salud mental Cristina Gárriz. “Conoce perfectamente mi historia y ha sido un gran apoyo”.

Entre sus cambios de vida, cita situaciones pequeñas pero importantes. “Antes, cuando me iba a dormir, dejaba toda la casa recogida porque pensaba que podía venir la policía en cualquier momento. Ahora, no me importa dejar los platos en la fregadera”.

"SOMOS MÁS FUERTES DE LO QUE NOS CREEMOS"

Si leer estas líneas ayuda a una sola persona a darse cuenta de que está atravesando una situación similar, ya habrá merecido la pena”. Ainhoa insiste en compartir su testimonio para que otras mujeres sean conscientes de que sufren violencia (aunque no sea física) y/o dependencia emocional de sus parejas. “Les diría que busquen apoyos y que saquen fuerzas. Debemos ser fuertes porque no siempre con la separación termina el martirio de una mujer maltratada”. Y reconoce que, una vez que se ha tocado fondo, “ya no es posible ir más abajo” y solo “te puedes impulsar hacia arriba”. Más de la mitad de su vida, Ainhoa vivió con su pareja. “Siempre ocultaba todo lo que él hacía. No se lo contaba a nadie. Ni a mi familia. Pero hasta que no estalla la violencia física no eres consciente de la situación. Aunque hayas vivido machacada”

Continuar

Gracias por elegir Diario de Navarra

Parece que en el navegador.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, para poder seguir disfrutando del mejor contenido y asegurar que la página funciona correctamente.

Si quieres ver reducido el impacto de la publicidad puedes suscribirte a la edición digital con acceso a todas las ventajas exclusivas de los suscriptores.

Suscríbete ahora