Obituario

María José Guallart Domench , una mujer en el mundo del silencio

María José  Guallart  Domench
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María José Guallart Domench
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Eladio Guallart Domench

Publicado el 11/08/2025 a las 05:00

Mi hermana mayor, siendo niña, sufrió una grave enfermedad -meningitis- y perdió el oído, entrando en el mundo del silencio del que no salió hasta su fallecimiento.

Nuestros aitas buscaron por todo el país colegios donde pudiera aprender y formarse para enfrentarse al futuro. Uno de ellos, que tuve la suerte de conocer, fue el colegio de La Purísima, en la calle Alcalá 215 de Madrid, donde permaneció hasta su madurez.

¡Qué bien lo pasábamos cuando venía de vacaciones! Especialmente en Navidades, cuando acudíamos al pueblo. En aquella época, no faltaba ni una rama en el árbol familiar.

Cuántas cosas nos enseñaba a los hermanos: cómo aprendía a hablar, cómo conocía la fuerza del sonido poniendo su mano en el pecho para sentir la vibración, cómo cuidaba su pronunciación.

¡Y qué bien bailaba! Tanto la jota como el flamenco, con un ritmo impecable, fijándose solo en el movimiento de los demás. Yo me quedaba anonadado.

Fue madrina de la inauguración del nuevo local de la Asociación de Sordos de Navarra, en la Travesía Monasterio de Iratxe 2. Qué guapa estaba, y toda la familia nos sentíamos orgullosos.

Se casó con Fernando y tuvieron un hijo que fue la alegría de sus vidas, además oyente.

Tuve la suerte de poder estudiar en Madrid y me acogieron en su casa. Así conocí el mundo de los sordos, cómo se relacionaban entre ellos y con los oyentes, y la vida cotidiana de mi hermana en su barrio, donde sus vecinos oyentes la querían mucho.

Pasaron los años. Ella venía por la Virgen a pasar el verano al pueblo, para reunirse con sus familiares y vecinos. En esa época, algunas ramas del viejo árbol familiar ya faltaban, pero habían brotado otras nuevas.

Un día muy reciente, se fue en silencio… pero allí, en el cielo, escuchó por fin las voces y tonos de sus seres queridos, que le dijeron:

-Ven con nosotros, y escucha la música celestial por toda la eternidad.

El día de su txupinazo, por San Fermín, la Asociación de Sordos de Navarra le rindió un sencillo homenaje.

Este escrito me ha roto el corazón, pero tenía que hacerlo en su memoria.

Agur, maitia.

El autor es hermano de la fallecida.

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