Obituario

Joaquín Mª Miqueleiz Bronte, magistrado y amigo

Imagen de archivo del exmagistrado Joaquín Miqueleiz Brontë
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Imagen de archivo del exmagistrado Joaquín Miqueleiz Brontë
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Humberto Manterola Erro

Publicado el 27/05/2025 a las 07:55

El pasado 17 de mayo, por la tarde, recibíamos la muy triste noticia del fallecimiento de Joaquín Miqueleiz Bronte, magistrado y amigo entrañable, tras un largo proceso de enfermedad.

No puedo evitar recordar los días en que, en los comienzos de los años sesenta, la suerte quiso que nos conociéramos cuando llegó al curso Preuniversitario en el Instituto Ximénez de Rada, procedente del Colegio de los Escolapios. Allí tuvimos ocasión de vivir un curso realmente inolvidable, en un ambiente en el que el claustro de profesores favorecía nuestro desarrollo intelectual, personal y de grupo donde, en plena libertad, fuimos teniendo nuestras vivencias académicas, teatrales, musicales, ambiente en el que Joaquín tuvo un protagonismo muy destacado. Se hizo querer desde el primer momento.

Es en ese clima en el que comenzó una amistad que ha perdurado a lo largo de nuestra vida. Pronto conocí y me integré en su ambiente familiar, donde me recibieron sus padres, Isidro y Florencia, y sus hermanas, que desde entonces forman parte de mi propia familia. Su casa se convirtió enseguida en nuestro centro de operaciones, donde además de estudiar, había mucho de animación, de partidas de mus y de música, entre canciones acompañadas de guitarra y de los conciertos de piano de su madre, Florencia, que nos obsequiaba con partituras como la Patética de Beethoven. Sin olvidar que, además, se preocupaba de traernos amorosamente nuestra taza de café en el momento del descanso de nuestros estudios.

Así transcurría nuestro curso preuniversitario que culminaría en el examen que nos tocaba pasar en Zaragoza y que nos abría el paso hacia la universidad. Quiero destacar el hecho de que en ese momento, cuando todos nos planteábamos nuestras dudas sobre qué carrera elegir, Joaquín manifestaba con plena seguridad e ilusión que lo que quería era ser Juez. Quienes le escuchábamos considerábamos que era una excelente elección. Conocíamos bien sus destacadas cualidades: un hombre equilibrado, con una mente serena y con un corazón de oro, gran capacidad para el análisis y con indudable carácter para decidir con la generosidad y equilibrio que estas cuestiones requieren. De esta manera llegamos, ilusionados, a la Universidad en el año 1963. Tuvimos la suerte de poder estrenar el Edificio Central, donde fuimos recibidos por un claustro que se volcó desde el principio en darnos su mejor formación académica y personal. Desde el principio destacaron, también en la Universidad, sus cualidades que le llevaron no solo a obtener las mejores calificaciones, sino a que culminara sus estudios en 1968 obteniendo con todo merecimiento el Premio Extraordinario de Fin de Carrera porque no solo había acreditado el perfecto conocimiento de cada una de las asignaturas sino que, además, había comprendido y valorado el concepto de la llamada “Universitas”, en el que tanto nos insistieron, que le permitiría, a lo largo de su vida, actuar con amplitud de miras, valorando en mucho las cuestiones universales, sin despreciar la importancia de las de cada día cuando han sido bien hechas. Sabía que las cosas no solo hay que hacerlas. Hay que hacerlas bien. Pero no puedo quedarme destacando nuestro ambiente académico. Hubo aspectos muy relevantes en nuestra vida, como son los días de vacaciones que, gracias a la generosidad de su familia, pasamos en su casa, tan querida para mí, de Esparza de Salazar. Cuánto cariño y cuánto amor por parte de sus tíos Resti, Felisa y María, que favorecieron estancias inolvidables con mucho ambiente, mucha música con guitarra, baños en el río Salazar y paseos al atardecer por la carretera hacia Ochagavía. Todo esto nos iba ayudando a comenzar el curso siguiente con fuerzas renovadas.

Terminada su carrera con Premio Extraordinario- quería ser Juez- acometió la tarea de preparar sus oposiciones a la carrera judicial que ganó brillantemente, y que le llevó a ejercer su anhelada función jurisdiccional que comenzó en Los Llanos de Aridane, en la isla de La Palma, y que, tras una larga trayectoria llena de éxitos, culminó como Presidente de la Sala de lo Contencioso-Administrativo del Tribunal Superior de Justicia de Navarra.

Es bien sabido que en el éxito de todo hombre está la presencia de una destacada mujer. Estoy hablando de Carmen, su esposa y compañera inseparable, que le ha acompañado desde que comenzó a preparar sus oposiciones hasta el último momento. Ella ha sido su báculo y su fuerza, junto a sus hijos Javier y Teresa, en las épocas de salud y en su larga enfermedad con una actitud de amor digna de todo encomio. Su apoyo en las cosas grandes y pequeñas de la vida, y su dedicación en estos últimos años con entrega total y con la sencillez y naturalidad de quienes hacen todo por amor, como se ha merecido, han sido admirables.

En fin, querido Joaquín, los que hemos tenido la enorme suerte de haberte conocido y disfrutado no podemos sino mostrar nuestro agradecimiento por todo lo que nos has dado, Nos has enseñado a seguir tu ejemplo afrontando con valentía las adversidades que aparecen en nuestras vidas, como tú lo has hecho con una grandeza de alma y corazón envidiables. Gracias por tu amistad, por tu alegría contagiosa y por todas las cosas buenas que hemos recibido siempre de ti. No hace falta decir que no te has ido, que permaneces con nosotros para siempre. Gracias, “ex toto corde”.

El autor es amigo del fallecido.

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