Testimonios de personas con TDAH: "Me decían que era un desastre"

Tres personas con trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) compartieron sus experiencias en una jornada de la asociación ADHI

Beatriz Vicondoa, Xabier Goñi y Javier Chamorro, en la mesa redonda de este sábado 24 de mayo /
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Beatriz Vicondoa, Xabier Goñi y Javier Chamorro, en la mesa redonda de este sábado 24 de mayo /
Beatriz Vicondoa, Xabier Goñi y Javier Chamorro, en la mesa redonda de este sábado 24 de mayo /

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Ainhoa Piudo

Publicado el 25/05/2025 a las 05:00

Beatriz recuerda que cuando era una niña le decían continuamente que era “un desastre” y que “no servía para estudiar”. Javier no sintió ningún tipo de apoyo por parte de sus profesores en su etapa escolar más temprana y era frecuente que volviera a casa llorando. “Ayuda, cero. Simplemente me echaban de clase”. Xabier, en cambio, no tuvo tantas dificultades académicas, pero sí reconoce que ha sido un chico “muy solitario”. “Siempre he preferido quedarme en casa tranquilo”. Los tres fueron esta sábado los protagonistas de la mesa de testimonios que cerró la jornada organizada por ADHI, la Asociación navarra para el tratamiento y el estudio del déficit de atención, hiperactividad e impulsividad.

Beatriz Vicondoa es enfermera. “No sé cómo lo conseguí pero lo conseguí”. Lo que no ha logrado todavía es sacarse una plaza en la oposición, pero verse obligada a rotar por muchos puestos le ha permitido “descubrir su gran pasión”. “Trabajo en un colegio de niños con necesidades especiales. Tengo a 100, todos para mí. Es el primer trabajo en el que siento que me valoran. Y sé que en esto, que es mi pasión, soy la mejor”. Pese a no estar oficialmente diagnosticada, nunca oculta que es “una persona dispersa”. “Ser sincera y humilde es una de mis estrategias. Otra es tener un reloj lleno de alarmas, escribir muchas cosas o pedirme que las recuerden”. Vicondoa cree que tener un diagnóstico, por fin, le podrá ayudar. “No sé si será mi salvación, pero echo de menos poder medicarme”.

Javier Chamorro logró dejar atrás un infancia marcada por el conflicto. En casa y en el colegio. “Me diagnosticaron con 8 años. Hasta que no di con ADHI (la asociación) estuve muy perdido”. Lo que sí tuvo siempre fueron amigos. “Nunca he estado solo y eso me ayudó muchísimo”. Logró terminar la ESO con 18 años y se encaminó al mundo del motor, que siempre le había gustado. “Me saqué el grado medio de Carrocería en Donapea y ahora trabajo en Volkswagen. Estoy muy feliz con lo que tengo y hace 5 años que no me medico”.

Xabier Goñi estudia 2º del grado de Química en la Universidad de La Rioja. Fue diagnosticado muy pronto, con 5 ó 6 años, pero nunca ha querido que tener TDAH le sirviera de excusa para no llegar a donde tenía claro que quería llegar. “El primer obstáculo es que me cuesta muchísimo concentrarme y mi cabeza se pone a divagar. Pero con trabajo, dedicación y medicación, no me ha supuesto más problema. Creo que a veces lo que más nos limita es asumir que por tener TDAH estás llamado a un destino peor, a no llegar a donde llegan los demás porque, efectivamente, así no vas a llegar. No porque no puedas, sino porque dejas de intentarlo”. 

Jesús Bernal, terapeuta familiar: "El diagnóstico es liberador" 

El paso a la edad adulta de una persona con TDAH es “una fase de dificultad”, tanto para ellos como para sus familias. “Es una etapa de transición que obliga a afrontar retos que no habían aparecido anteriormente”, explicó el terapeuta familiar Jesús Bernal, del Centro Antheo de Valladolid. A los hijos les toca “ser más autónomos y tomar decisiones”, y para eso, “tienen que aplicar todas sus habilidades”. Los padres, por su parten, deben “dejar de asumir cosas que habían asumido hasta entonces”. “Por eso es muy importante ir preparando ese momento, proporcionando poco a poco responsabilidades y trabajando la autonomía funcional y emocional”.

Bernal recordó que el diagnóstico es “fundamental” para las personas con este trastorno y para sus familias. Lo es siempre, pero conforme las responsabilidades de la persona van aumentando, lo es cada vez más. “De esa manera no se moverán en la negación del trastorno y podrán aprovechar los recursos a su alrededor, como el tratamiento farmacológico, que es importante”, expuso.

Poder ponerle nombre a lo que les sucede funciona “como un elemento liberador”. “ Con el diagnóstico entienden por qué suceden las cosas. El problema no es el niño o el adolescente, sino el trastorno”.

El experto recordó que sigue habiendo una tasa importante de infradiagnóstico, aunque la cifra vaya a menos. “Se calcula que el porcentaje de población afectada en la infancia es del 5%, y hay estudios que van incluso más allá”.

Por último, quiso lanzar un mensaje “esperanzador”. “Las personas con TDAH no son personas raras, simplemente es que su cerebro funciona de otra forma. Y eso implica afrontar dificultades en la vida ordinaria, pero también apropiarse de peculiaridades que les hacen personas muy creativas, luchadoras, que son capaces de proporcionar soluciones diferentes ante problemas concretos”.

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