María Pilar Ollo Luri, una mujer sobresaliente

La presidenta de Anvite, María Pilar Ollo Luri, se unió al aplauso colectivo tras la lectura de la declaración ante el Monumento a las Víctimas
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María Pilar Ollo Luri, ante el Monumento a las Víctimas
La presidenta de Anvite, María Pilar Ollo Luri, se unió al aplauso colectivo tras la lectura de la declaración ante el Monumento a las Víctimas

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Juan Cruz Alli Aranguren

Publicado el 12/05/2025 a las 08:39

El pasado día 8 falleció en Pamplona María Pilar Ollo Luri. A su madre Mari Carmen; hermanos, sobrinos y tíos José Luis y Goyo la condolencia de un amigo de la familia, exprofesor y compañero de una excelente persona que nos ha dejado en lo mejor de su vida. Todos los que hemos tenido la suerte de conocerle compartimos el dolor de perderla en plena madurez personal e intelectual.

Lo primero que he de destacar de María Pilar es su inteligencia y vitalidad, llena de afán de superación, tenacidad y confianza en sí misma que practicó desde su primera juventud. Tenía una personalidad firme y fuerte manifestada en su presencia y comportamiento con buen temple azagrés para el trabajo y la diversión.

Fue una alumna brillante, que completó su formación con la preparación de oposiciones y el ejercicio temporal de la judicatura, convirtiéndose en una muy buena abogada en ejercicio, estudiosa y luchadora por las causas que entendía justas, fuesen individuales o colectivas. En su identidad estaba la huella indeleble de su pertenencia por hija, sobrina y hermana a una familia vinculada a la Guardia Civil, habiendo asimilado los ideales de vigor, firmeza, constancia, valor, fidelidad al deber, serenidad, prudencia y firmeza propios del Cuerpo.

El asesinato por ETA de su tío el capitán José Luis Ollo Ochoa en 1984 le marcó, transformando el dolor en compromiso activo contra la violencia y trabajo por las víctimas llevándole a la presidencia de la asociación de víctimas Anvite.

Todas las dificultades que se le presentaron en la vida los afrontó con entereza, particularmente la muerte de su hermano Kiko. Cuando le diagnosticaron la enfermedad que la ha llevado a la muerte, la afrontó desde las posibilidades de superarla por la voluntad y la confianza en la ciencia y los tratamientos médicos. Así lo transmitía cuando contestaba a los correos de ánimo, hasta que hace pocos días su repuesta fue breve y rotunda: “Esto va peor”. Conociéndola, era el anuncio de la proximidad de su final, su modo de decir, como el poeta: “Mi muerte no me asusta, la conozco / de sobra, por oficio / pienso en ella a diario, la requiebro / y me dejo querer. La veo venir / de lejos, perezosa, porque sabe / que, en cuanto llegue, ella se marchará conmigo” (García-Marquez, “Una muerte”, Verbigratia).

Conoció y vivió en todo momento su dolencia con serenidad, siendo muy consciente de que “la muerte espera siempre, entre los años, / como un árbol secreto que ensombrece, / de pronto, la blancura de un sendero / y vamos caminando y nos sorprende.” (J.L. Hidalgo).

Consciente del riesgo permanente, no quiso transmitir angustia sino confianza en las posibilidades de triunfo que ponía en su fortaleza diaria. Con su marcha estamos madre, hermanos, sobrinos, tíos y amigos doloridos, porque ha quedado “la fuente muda, / y está marchito el huerto. Hoy sólo quedan lágrimas / para llorar. No hay que llorar, ¡silencio!” (A. Machado, VII).

María Pilar, como nueva Antígona, ha tenido una vida fecunda, conoció el pasado y el presente, penetró en los laberintos de las personas y la sociedad, vivió y sufrió con sus próximos y consigo misma, subió al cielo y bajó al infierno del amor, pasó por todos los escenarios de la trascendencia humana iluminando la vida de muchas personas.

Demostró que “vivir es renovarse cada día, / poder contar las horas sin fatiga / ser un poco cigarra siendo hormiga, / vivir es no tener melancolía. […] para vivir no basta haber nacido: / nadie sabe vivir si no ha sufrido / los males e inclemencias de la vida” (Gimeno Castellar, Vivir).

Renació de sus crisis y dificultades hasta dormir el sueño definitivo y verdadero en la casa del Padre junto a sus seres queridos, alcanzado, aun sin quererla, la aspiración del poeta: “Quisiera brillar con las estrellas, alto; / Jamás descansaré, arderé siempre” (Hidalgo, Ante el muerto). Así será, tu llama permanecerá presente iluminando la existencia de cuantos te han querido y conocido.

A su madre Mari Carmen, hermanos, sobrinos, tíos, amigos y compañeros recuerdo las palabras del poeta inglés Harkins: “Podemos llorar porque se ha ido, / o podemos sonreír porque ha vivido. / […] Nuestro corazón puede estar vacío, / porque no le podemos ver, / o puede estar lleno / del amor que compartimos. / Podemos llorar, cerrar la mente, / sentir el vacío y dar la espalda, / o podemos hacer lo que a ella le gustaba: / sonreír, abrir los ojos, amar y seguir”.

El autor es amigo de la familia Ollo Luri.

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