Adopción
La búsqueda de sus padres biológicos, la odisea de una joven navarra de 26 años
Nació el 15 de octubre de 1998 en Pamplona y fue dada en adopción. A los 26 años ha retomado la búsqueda de sus orígenes con obstáculos, ya que no tiene muchas pistas de las que tirar del hilo


Actualizado el 12/05/2025 a las 09:14
Laura guarda como un tesoro las pocas pistas obtenidas durante la búsqueda de sus orígenes. Un “1998” grabado con tinta en el dorso de su mano derecha revela su año de nacimiento. Es uno de los pocos datos que conserva con certeza sobre el 15 de octubre, día en que vino al mundo, según consta en la partida de nacimiento recuperada del registro civil de Pamplona.
La historia de esta joven de 26 años que vive en Tafalla se remonta a una cama del hospital Virgen del Camino de Pamplona. Allí, Laura Martín Diego, nació sobre las siete horas y fue inscrita como Cristina Martínez Lasa. No conserva más detalles de ese día, salvo dos posibles nombres de pila de sus padres biológicos, que le generan “muchas dudas”, como relata al recordar la conversación que mantuvo en el Registro al cumplir 18 años, cuando decidió iniciar la búsqueda con el apoyo de su familia adoptiva. El resto de los datos aparecen tachados.
“Me adoptaron con tres días. Mis padres adoptivos esperaron once años”, apunta. Laura explica que, cuatro días antes de su nacimiento, su padre recibió una llamada informándole de que el próximo bebé en adopción les correspondería a ellos. “Me recogieron el 18 de octubre de 1998”, señala.
Ese día dio comienzo en el Señorío de Sarria, junto a Puente la Reina, su infancia. Allí vivía la familia por el trabajo del padre en la granja. “Mi madre adoptiva falleció cuando yo tenía dos años. Fue complicado para la familia”, asegura centrándose en su padre, figura de apoyo a lo largo de su vida. A los siete años, él volvió a casarse y Laura conoció a quien se convirtió en su madre y a dos hermanos. “Los quiero con locura. Representan lo mejor que me ha pasado. Tengo muchísima suerte”, afirma emocionada.
ENTERARSE DE LA ADOPCIÓN
Entre los cinco y los seis años le tocó ser consciente de todo. “Me lo dijeron poco a poco”, explica. “No has nacido de la tripita de mamá...”, ejemplifica sobre ese proceso reforzado a posteriori con profesionales. “He estado yendo a psicólogos toda mi vida por esto”, indica explicando que la etapa escolar fue complicada por comentarios de sus compañeros. “Que si adoptada, que si no te quieren tus padres...”, relata.
También revela con valentía una etapa difícil durante la adolescencia: “Les decía que no eran mis padres, les traté muy mal y me arrepiento cada día”, reconoce, subrayando una vez más el respaldo familiar en la búsqueda de sus orígenes.
Llegaron los dieciocho años de Laura y con ellos el derecho de conocer a su familia biológica. “Mi madre y mi padre me acompañaron al registro civil, al hospital, al palacio de justicia, al ayuntamiento…”, enumera el recorrido realizado en busca de pistas. “Ahí vino la sorpresa. No aparecía nada”, lamenta.
"En el hospital solo figura que soy el quinto embarazo con cero abortos. Supongo que tengo cuatro hermanos”, dice. “También pone cero registros médicos en este hospital. Intuyo que mis padres no residían aquí, o quizá ni siquiera eran españoles”, reflexiona atendiendo a las pistas que tiene en mano.
Una huella dactilar, probablemente de su madre biológica, constituye otra pista. Pero Laura ya acudió a la policía y le informaron de que, para iniciar un proceso, debe contar con un abogado, que ahora no puede permitirse.
El nombre Cristina Martínez Lasa, asignado en el hospital, podría ofrecer otra vía, aunque Laura desconfía: “Me dijeron que tienen la obligación de ponerte un nombre y apellidos al nacer. No sé si esos apellidos son reales o los inventaron para rellenar el espacio”, indica, mostrando en su teléfono la partida donde aparecen esos datos. De sus padres biológicos solo consta un nombre de pila. “No sé si mi madre se llamaba Teresa y mi padre Luis. No tengo ni idea, pero es lo único que conservo”, añade.
Durante ocho años, la búsqueda quedó en pausa, hasta que hace dos semanas decidió dar un paso más. Aceptó exponerse en redes sociales y publicó un vídeo contando su historia. En TikTok ya acumula 250.000 visualizaciones.
“Me encuentro en un punto muerto y ya no sé por dónde tirar. Estoy a punto de cumplir 27 años y esto no desaparece de mi cabeza”, confiesa, aludiendo a situaciones cotidianas que la remiten al mismo asunto. “¿Esos ojos de quién son? ¿De tu madre o de tu padre?”, le preguntan en su trabajo, donde trata con el público. “¿Qué contesto? ¿Miento? ¿Le explico mi vida entera a alguien que no me conoce?”, se pregunta comentando que también le dicen que tiene rasgos del Este de Europa.
LOS HERMANOS BIOLÓGICOS
Uno de los principales motores que la empujan a seguir es conocer a sus hermanos biológicos. “¿Los demás viven o no viven? ¿Están con ellos o no?”, lanza preguntas que rondan en su cabeza con cierta frecuencia. “¿Estarán adoptados como yo o no?, añade sobre un tema que le llena más que incluso conocer a sus progenitores.
Durante la conversación surgen varios silencios. El más largo llega cuando habla de ellos y se imagina cómo podría desarrollarse ese encuentro. “Yo creo que sería de las mejores cosas que me pueden pasar”, reconoce. “Me encantaría tener relación con ellos, ir a tomar algo y poder contarnos nuestra vida”, señala esta joven que enseña en su muñeca su marca de nacimiento. “Antes era más oscura”, dice.
“Que sean mis amigos. Ya no tanto mis hermanos sino que sean amigos y tener esa confianza con ellos de poder verse”, imagina explicando que tendría “muchísimas preguntas”.
Ahora ha decidido someterse a un test de ADN para descubrir su ascendencia y detectar posibles coincidencias con otras personas. Gracias a una base de datos con tres millones de perfiles, Laura confía en hallar una pista que le permita retomar la búsqueda con más esperanza que nunca.