Migración y refugio
Gerson Cárdenas, coordinador territorial del Servicio Jesuita a Refugiados: "Llegan menores solos a la frontera buscando a sus padres"
Cárdenas está en Pamplona esta semana de la mano de Alboan


Publicado el 08/05/2025 a las 05:00
Gerson Cárdenas, venezolano e hijo de padres colombianos, lidera el equipo del JRS ubicado en Arauca, una ciudad en la frontera entre Colombia y Venezuela, que constituye “un contexto migratorio muy complejo” y marcado por el conflicto armado, pese a los acuerdos de paz firmados.
Lleva desde 2014 vinculado al Servicio Jesuita a Refugiados (JRS) en Venezuela y Colombia. ¿Ha cambiado mucho la situación en este tiempo?
Hay algunos contrastes y altibajos. Muchas personas salen, luego retornan. Hay quienes ya desde su salida a Colombia han conformado proyectos familiares en Colombia o en un tercer país, y vuelven a Venezuela sólo para visitar a la familia.
¿El tránsito mayoritario es desde Venezuela a Colombia?
Hasta la pandemia, el tránsito era masivo. Mucha gente empezó a salir de Venezuela a un tercer país, siendo Colombia país de tránsito en ese momento. Muchos miraban para Perú, Ecuador, Chile o Bolivia. Otros llegaban hasta Argentina. Además, está el paso por Brasil, porque Venezuela tiene una frontera muy grande. Y algunos salían también por el Caribe. Hay distintas rutas.
¿Se mantienen a día de hoy?
Las rutas se mantienen, pero los flujos masivos, no. La población que ya salió ha hecho vocación de permanencia en el país receptor, bien sea Colombia o los que mencioné. Algunos migraron más para el norte, porque vieron que la mejor opción era irse a Estados Unidos, cuando había la posibilidad de irse hacia Centroamérica e iniciar las caravanas, que eran de personas de muchas nacionalidades. Pero ahora la población está prevenida de no salir en esas rutas de tantos controles que hay.
¿La llegada de la Administración Trump ya se está notando?
Sí, es notorio. Han comenzado las deportaciones y, además, muchas organizaciones que dan respuesta humanitaria han cerrado o bajado ofertas por el recorte en los fondos. EL JRS mantiene unos mínimos para todas nuestras líneas de trabajo.
¿Eso les ha supuesto una sobrecarga a las organizaciones que siguen, como el JRS?
En momentos puntuales, pero hay muchos altibajos. Puede ser que llegan en un día 20 personas pero en un mes no llega nadie. Lo que nos ocurre es que a veces llegan las personas y no tenemos el recurso que necesitan inmediatamente. En Arauca tenemos unos protocolos internos para activarnos con otras organizaciones, dependiendo de lo que cada una ofrezca. Nosotros tenemos distintas ofertas desde la orientación jurídica, para que la persona entre en conciencia de cuál es su estado migratorio. Las personas en tránsito tienen muchos riesgos:van a pie, duermen en la calle, se desplazan haciendo autoestop. Para ellas, los mayores riesgos son la violencia sexual y la trata para la explotación sexual. Hay todo un tema de ofertas de trabajo engañosas y a veces perdemos el rastro de esas mujeres. Los hombres también están en riesgo, porque como hay muchos actores armados no estatales, son reclutados.
¿La coordinación entre entidades es importante?
Sí, es muy importante la coordinación entre las ONG, las fundaciones o los agencias. Cada institución en cooperación tiene un mandato y se van brindando respuestas. Los contextos migratorios son muy vulnerables y muy trágicos. En Colombia existe un Grupo Interagencial de Flujos Migratorios Mixtos (GIFM) y existen los Equipos Locales de Coordinación (ELC). Responden también a los confinamientos de poblaciones, que son habituales en esta zona de frontera.
¿Por qué se les confina?
Porque hay dos actores armados no estatales en una disputa territorial, o hay un actor armado no estatal más el estatal. Las comunidades no pueden salir, los colegios se paralizan, la seguridad alimentaria se afecta y todas las necesidades básicas empiezan a ser insatisfechas.
¿Cuál es el perfil mayoritario que atiende el JRS en Arauca? ¿Familias, adultos solos?
En este momento sí llegan familias. En un primer instante salió el esposo o la mamá, que dejó atrás a sus hijos. Después, viendo que la situación sigue siendo muy difícil en su país de origen, decide venir a por los niños para brindarles una mejor calidad de vida. También llegan hombres solos. Incluso mujeres que son cabezas de hogar que llevan también a la abuela, al abuelo, en situaciones de salud bastante difíciles, y que muchas veces se han quedado al cargo de sus hijos. Las mujeres vienen siempre en situaciones más vulnerables y con mayor carga emocional, incluso cuando tienen un compañero. Ella carga con lo emocional, siente que tiene que estar feliz o neutral, nunca demostrar su propia situación. También llegan gestantes, y cuando no están aseguradas (médicamente) es un contexto muy complejo. Y vemos también menores no acompañados, que llegan a la frontera buscando a sus padres, que migraron hace años. Esos casos son muy frustrantes.
¿España queda muy lejos del horizonte de estos migrantes o también hay quien se lo plantea?
No, no queda tan lejos. Hace un par de semanas estábamos en una actividad con líderes comunitarios y una de ellas nos pidió permiso para llegar un poco más tarde. Estaba despidiendo a una amiga que se iba para España. En Arauca la oferta laboral es muy baja y los jóvenes profesionales buscan otras opciones. Y miran a Estados Unidos o a Europa, no conocemos a nadie que se haya ido a Japón o al Sudeste asiático. Para poder salir necesitan tener un pasaporte, al que no todo el mundo tiene acceso fácil, y ahorrar el dinero necesario. Lo que sí se ha evidenciado que quienes lo hacen es porque ya tienen un familiar acá.
