Apagón en Navarra
Cuando vivir sin luz no era raro
Los mayores de la residencia de Funes no comprendían “el agobio” colectivoque reinó tras el apagón del lunes. Ellos lo vivieron evocando su infancia, cuando los cortes de luz no eran algo extraordinario


Publicado el 02/05/2025 a las 05:00
Natividad Puente tiene 99 años y no entiende el agobio colectivo que se vivió el pasado lunes cuando se produjo el apagón. “¿Por qué se agobiaba la gente? Pues porque lo hace todos los días, la sociedad va como loca, todo el día corriendo, todo el día con prisas”, reflexionaba desde la residencia de mayores de Funes donde vive. Se expresaba así durante el transcurso de una actividad organizada por las profesionales precisamente al hilo del corte de suministro eléctrico. Un hecho éste que, explicaba la directora de la residencia, Maitane Castillo, llevó a los mayores del centro a “conectar” con el pasado, con su juventud y su infancia.
“En Funes no volvió la luz hasta casi las diez de la noche y el equipo técnico se reunió desde mediodía para abordar cómo se iría actuando en función de la duración del apagón. Dentro de esta situación, nos fijamos cómo las personas mayores lo vivían en una tranquilidad total y hacían comentarios refiriéndose a cuando ellos, en su infancia, se quedaban sin luz en sus viviendas”, contaba Castillo. Así, aprovechando el jardín con hierba artificial acondicionado el año pasado en uno de los salones para desarrollar terapias aplicando el mindfulness, se preparó una actividad el martes para crear “un puente con el pasado”.
“Lo hemos planteado de forma que pudieran exponer sus vivencias en una época anterior, aplicando el mindfulness y una terapia de reminiscencia”, expuso la directora. De esta forma, se buscó poner sobre la mesa cómo se sintieron los mayores durante el apagón, los recuerdos que les venían a la mente. Y las cenas al fuego, las llamas de velas en candelabros y, sobre todo, la figura materna salieron en las conversaciones. “Me acordé de mis padres, yo era la pequeña de la familia”, decía Corpus Aisa. “Esta actividad nos permite abrir la memoria a largo plazo, abrir una puerta que llevaba en muchos casos demasiado tiempo cerrada”, sostiene Castillo.
Además de esta actividad a posteriori, en la residencia de Funes se tuvo presente en todo momento a los mayores durante el apagón explicándoles la situación haciéndoles incluso partícipes de ella. Viendo que la luz no volvía, se les preguntó por qué les gustaría cenar que no necesitase calentarse. “Propusieron sándwich vegetal y una residente ofreció a que se trajera de su casa un trébede para cocinar en él unas tortillas de patata que fue lo que hicimos”, cuenta la directora, que subraya la capacidad de adaptación de los mayores y su agradecimiento a la ayuda que se les brindó en momentos puntales como cuando Policía Foral tuvo que acudir a ayudar a bajar a dos personas que utilizan silla eléctrica de un salón superior.


Esta tranquilidad de los mayores, subrayaba Castillo, contribuyó también a que el día discurriera mejor entre toda una plantilla que ya tiene experiencia en imprevistos con mayores consecuencias de las que trajo el apagón, como fue la riada que obligó al desalojo durante varias semanas de la residencia. Con la normalidad ya recuperada y viendo en las noticias la situación generada en todo el país, los mayores de Funes seguían sin comprender el agobio generado. “La tecnología ha cambiado mucho el mundo y nosotros tenemos distinto pensamiento”, decía Marisol Larrión. A Loli Echeverría recordar cómo se vivía antes y lo que no se tenía le hace valorar más de lo que dispone ahora.