Suceso
El ADN del detenido en Francia coincide con el de los tres crímenes en el campo
El perfil recogido en los tres escenarios de las muertes violentas pertenece al sospechoso, cuya ficha genética no estaba en las bases de datos policiales


Actualizado el 27/03/2025 a las 23:51
‘Match’ es el término que usan los investigadores policiales cuando se refieren a la conexión en sus bases de datos entre ADN y ficha policial. Si se produce ese bingo, el match, el perfil genético ya no se limita a una prueba recogida en un escenario, sino que se corresponde de forma invidualizada y sin posibilidad de duda con una persona concreta. En el caso de la muerte violenta de tres hombres en el campo en Tudela, Ribaforada y Lleida, el material con el que partían los investigadores era coincidente. Sabían desde el principio que buscaban a un mismo autor, hombre, pero no tenían su identidad. Podía llegarles en cualquier momento, cada día se introducen decenas de perfiles de detenidos o investigados. O no. Por eso, de forma paralela a esa red de laboratorio, prosiguieron su trabajo de investigación con prácticas a la vieja usanza. Preguntar puerta por puerta, repasar listados, regresar a huertas y fincas, bucear en pozas y ríos en busca del machete...
Ese esfuerzo no resultó en vano. Dos de esas entrevistas llamaron poderosamente la atención a los investigadores de la Guardia Civil. En una de ellas, un hombre reconoció un sujeto coincidente con el del sospechoso, del que se sabía que se había movido de forma errante por casetas de la Ribera navarra, y que portaba un machete con forma de cuchillo. Su información condujo a los investigadores hasta el lugar donde había estado pernoctando, y la inspección técnico ocular hizo ‘match’. Allí había estado el asesino. Seguía faltando un nombre. Para conseguirlo, fue determinante el testimonio de una mujer, que mostró a los agentes una imagen lo suficientemente nítida (tenían otras, de cámaras de peajes, sin que pudiera verse bien a su autor) como para obtener su identificación. Esa imagen no está relacionada con ninguno de los tres crímenes y se obtuvo en ese trabajo diario de hablar con muchas personas para recopilar información que acercara a los agentes al asesino. Asociar rostro a nombre, Allal el Mourabit, fue un paso de gigante y las distintas fuentes coinciden en que por primera vez en muchos meses los agentes confiaron en un arresto inminente.
Al estudiar su nombre, la Guardia Civil confrontó a un viejo conocido. “Si a este lo hemos detenido nosotros”. Efectivamente, al sospechoso, nacido en Marruecos en 1970 y con más de 10 años de residencia en España, le constaban dos detenciones por parte del Instituto Armado: una en 2016 en Irun y otra en Pamplona en 2019, las dos por motivos vinculados al enaltecimiento del terrorismo yihadista. Llegó ser condenado a tres años de cárcel por la Audiencia Nacional. Según los registros, sin embargo, en septiembre de 2023 se le perdía la pista de forma oficial en Vitoria, después de que se arrancara la pulsera telemática que portaba por mandato judicial y que lo mantenía geolocalizado. Familiares suyos habían denunciado su desaparación y su imagen se había distribuido por los canales policiales habituales para este tipo de pesquisas. En su declaración policial, las personas que interpusieron la denuncia manifestaron a la Policía que Mourabit había desaparecido de forma repentina, sin que pudieran explicarse por qué.
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DISTINTO ROSTRO, PERO MISMO ADN
El eslabón que faltaba para completar el puzle no era desdeñable: situarle en el escenario de las tres muertes. Su ficha policial aportaba muchos datos acerca de él, pero los agentes no tenían fichado su ADN, que únicamente se introduce en las bases de datos en casos de investigados por los delitos más graves.
No había sido el caso y los policías se las ingeniaron para lograr localizar al sospechoso y vincularlo al resto de pruebas recopiladas durante meses. Escondido en Francia, los investigadores fueron ya con todo para llegar hasta él: distribuyeron su imagen hasta que el pasado mes de enero fue reconocido por policías municipales en la avenida Colonel d´Ornano de Beziers. Días antes, policías españoles habían compartido la imagen de un hombre potencialmente muy peligroso que podría encontrarse en la ciudad. Era el mismo al que apuntaron dos testigos de la Ribera navarra, un hombre que lo situó con su machete cerca del primer crimen y una mujer que puso el foco en una imagen que conectó rostro y nombre. Sin barba, muy delgado, con pelo muy corto y en un suburbio a 300 kilómetros de la frontera española, el ADN coincide. El propio detenido sabía lo irreversible de su arresto, y se resistió con violencia a la acción policial, hasta que fue reducido y esposado. En su camino al juzgado de Tudela, el martes responderá ante un tribunal francés.