Violencia de género

Emma Larreta, víctima de violencia machista: "Los sucesos del pasado no tienen por qué condicionar tu vida futura"

El 2 de abril de 2007, con 32 años recién cumplidos, esta mujer volvió a nacer. Y lo hizo en San Sebastián tras recibir 27 puñaladas de su expareja. Casada y con dos hijos, vive en Lakuntza y acaba de publicar su primer libro

Emma Larreta, que el lunes cumple 50 años, en su casa de Lakuntza, donde vive con su marido y sus dos hijos, de 19 y 13 años.
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Emma Larreta, que el lunes cumple 50 años, en su casa de Lakuntza, donde vive con su marido y sus dos hijos, de 19 y 13 años.
Emma Larreta, que el lunes cumple 50 años, en su casa de Lakuntza, donde vive con su marido y sus dos hijos, de 19 y 13 años.

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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 14/03/2025 a las 22:40

Conversar con Emma Larreta te alegra y te estremece al mismo tiempo. Su rostro alegre y su sonrisa franca y permanente apenas dejan entrever una de sus cicatrices, la que cruza su cara. La conversación fluye firme y rápida en una cafetería de Iturrama un miércoles por la mañana. Y entre sorbos de café con leche, apura su historia. La que se ha bebido a borbotones pero que ahora relata desde un prisma mucho más personal. Emma Larreta nació en Pamplona el 17 de marzo de 1975 (el lunes cumple 50 años, un momento vital en el que asegura sentirse “feliz, plena y en el lugar deseado”). Pero regresó a la vida el 2 de abril de 2007 en San Sebastián, cuando una expareja a la que había denunciado la víspera quiso acabar con ella propinándoles 27 puñaladas por todo el cuerpo. “Pero pudieron más mis ganas de vivir que los treinta centímetros de acero de aquel cuchillo”, asegura. Ya en la cama del hospital, al agradecer que seguía viva, decidió que aquel suceso no debía haber sucedido en vano. Desde entonces ha organizado espectáculos y ahora imparte formación a adolescentes y mujeres víctimas de violencia de toda España sobre relaciones personales. Desde hace quince años, reside en Lakuntza (Sakana) con su marido, Jesús, y sus dos hijos, Álex (19 años) y Emma (13). La historia de su vida la recoge ahora en un libro autobiográfico, ‘El mapa de mis cicatrices’ (Aguilar, Plaza & Janés, 19,85 euros), que el viernes presentó en Pamplona.

En esta ocasión no esconde ningún secreto. Se remonta a su infancia y habla, sin tapujos, de su familia, sus amigos, parejas... ¿No ha sentido pudor al desnudarse de esta manera?

No, porque yo quería contar la historia de mi vida, que es muy intensa y sirve para reflexionar. Es un relato que a mí me hubiera gustado leer. No siento ningún pudor en desnudarme. Quería abrir la puerta de mi pasado y ayudar a romper estereotipos. La gente tiene mucho miedo a mostrar las debilidades y las zonas oscuras que todos tenemos pero yo creo que te ayudan a valorar las cosas buenas. Además, quiero dejar patente que los sucesos del pasado y las relaciones familiares no tienen por qué marcar tu vida futura. 

Lo digo porque habla de sus padres y de la relación complicada que ha mantenido con ellos...

Este tema ha sido complejo porque no quería sobreexponer a mis padres en la actualidad pero debía ubicar al lector. Mi objetivo al contar aquellas situaciones es mostrar que, a veces, las relaciones entre padres e hijos no son como la sociedad nos dice que deben ser. El tema de la familia está sobrevalorado. El amor de los padres a los hijos debe ser incondicional. Después, si los hijos te devuelven algo es porque ha habido un trabajo previo detrás. Siempre hay que sembrar para recoger. Actualmente no tengo ninguna relación ni con mi madre ni con mi padre. Con ninguno. No sé si habrán leído el libro. Para mí, ahora, el centro de mi vida son mis hijos. Sin duda.

Ante esta situación familiar, a los 18 años, decide independizarse e irse a Madrid a trabajar para vivir de manera autónoma...

Y fueron once años maravillosos en los que fui muy feliz y conocí a personas que forman la que yo llamo ‘mi familia elegida’. Allí también sufrí la ruptura con Mario, con el que me iba de maravilla en todos los sentidos (económico, emocional...) Pero tuve un embarazo ectópico y me di cuenta de que mi vida no me gustaba, que iba a 500 por hora. Aquella relación me hizo priorizar mi escala de valores. Por eso, lo dejé. Él no me facilitó nada y se transformó. La terapia me ayudó a desprenderme de la culpa y de aquella ruptura aprendí que hasta que no pones a una persona en una situación extrema no conoces todas sus aristas. También aprendí que yo ya no debía hacerme cargo de sus sentimientos. 

Un primer aprendizaje que tuvo su apoteosis con la agresión...

Dejé Madrid, viví en la República Dominicana y regresé a San Sebastián. Durante unos meses salí con Ramón, un dominicano que había emigrado allí. Un día, en una discoteca, se propasó y le puse una denuncia. Al día siguiente, vino con flores a la tintorería en la que yo trabajaba y al rechazarle, compró un cuchillo y me agredió. ¡Si aquella agresión me había ocurrido a mí, que era tan libre y tenía las ideas tan claras, le podía pasar a cualquiera! Así que, tras dos meses en la UCI, y aún en la cama del hospital, pensé en cómo podía utilizar ese suceso para ayudar a otras personas. De ahí, salió ‘Amadas’ (una puesta en escena artística) y ahora lidero grupos con adolescentes y mujeres. El agresor cumplió su condena y después lo deporté a su país. No, no tengo miedo y tampoco odio a los hombre. Aquella brutalidad me la hizo una personas concreta. Pero hay muchos hombres maravillosos. En el libro quería dejar claro que, después de aquello, yo quería seguir siendo mujer. 

CICATRICES INVISIBLES

Usted sufrió una violencia física brutal y puntual pero en el grupo (Bidean) habrá víctimas de todo tipo...

Claro. Se van abriendo y cuentan lo que les ocurre sin miedo a sentirse juzgadas o a que no las crean. Todas hemos atravesado el mismo camino, aunque de manera diferente. Y hay que avanzar porque detrás de una mujer que sufre o ha sufrido cualquier tipo de violencia (física, psicológica, vicaria...) hay unos hijos, un trabajo, una vida. Es importante que exista una red social de apoyo. El que se tiene que esconder es el que agrede, no la víctima.

¿Y en qué consiste su trabajo con los adolescentes?

Voy a los centros escolares y les hablo de la importancia de las relaciones (no solo de pareja, también de amistad). A veces, debemos afrontar que nos hemos equivocado. Pero si tú te quieres y te cuidas, no vas a afrontar una relación que no te haga feliz. Se lo digo a los alumnos y también a mis hijos:la gente mala no lleva un cartel luminoso en la cara. Por eso, debemos saber detectarlos. Es importante qué y a quién quiero en mi vida y alejarnos de la gente tóxica. 

Asegura que ahora vive un momento de plenitud...

Mi vida de ahora es el resultado de haber sembrado durante años con mucho cariño y mimo. Me siento muy feliz y mi familia es mi refugio. También agradezco haber sabido pulsar la tecla para llegar a los adolescentes. Me parece un hito y un privilegio, teniendo en cuenta cuáles son, en general, las referencias y las prioridades de la juventud. 

¿Qué mensaje le transmitiría a su hija, como mujer?

Que sea una mujer honesta y feliz. Que se ponga en el centro de su vida y valore su felicidad. Que confíe en su familia y que sigamos siendo su núcleo de confort. Que nuestra casa continúe siendo su lugar seguro y buque insignia. 

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