Manos Unidas
Carmelo Pérez-Aradros, misionero diocesano: "No conozco misioneros que se hayan arrepentido de serlo"
Treinta años en Zimbabue le han permitido aportar su voluntad a la construcción de escuelas, aprender el Shona y conocer otro estilo de vida


Publicado el 07/02/2025 a las 05:00
Tras casi treinta años en Zimbabue, el misionero riojano Carmelo Pérez-Aradros León participará en la campaña de Manos Unidas, ONG con la que ha colaborado desde 1997 en proyectos de construcción y sensibilización durante su paso por África.


Ordenado al sacerdocio un mes antes de cumplir los 24 años, ¿cómo recuerda el comienzo?
El obispo don Francisco me envió a tres pueblos, Villar de Torre, Villarejo y Manzanares. Fueron años tranquilos. Yo continué la labor del cura anterior, aunque con la idea de eventualidad, sabía que quería ir a Misiones.
Tres años después, en 1988 llega a Zimbabue, ¿por qué África?
En el imaginario, África era el lugar más misionero para mí, más que Perú, Guatemala o Brasil. Ingresé un año en un instituto misionero, el Instituto Español de Misiones Extranjeras (IEME) y al ser Zimbabue una colonia inglesa, me fui a Londres un año a aprender inglés. Cuando llegué al campo en el que iba a vivir tuve que aprender el Shona, que sí que es la lengua mayoritaria en Zimbabue, lo habla el 80% y la que usaría para comunicarme.
¿Cuál fue su papel en Zimbabue?
Nuestra labor allá es de primera evangelización, que se hacía a través de la escuela. Los misioneros fundaban escuelas y los niños y padres acababan siendo católicos. Después mi labor pasó a ser de catecumenado, la preparación para el bautismo de adultos, que consiste en dos años y medio de formación. Con la que optan al bautismo y seis meses después, a la confirmación. Otra de mis labores fue la de suscitar vocaciones a la vida sacerdotal y consagrada. Nos estábamos acabando.
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¿Qué proyectos desarrolló en Zimbabue?
Sobre todo construcciones escolares. Allá las mujeres tienen de 5 a 6 hijos de media, por lo que acabas un curso con 1.100 alumnos y en el curso siguiente tienes 1.300. Por eso, con la ayuda de Manos Unidas hemos creado bloques en los que caben dos aulas, de 45 alumnos cada una, con mobiliario escolar de excelente calidad. Los más pequeños dan las clases bajo un árbol, hasta que otro proyecto crea un nuevo bloque de aulas en el que recogerlos.


Otro problema es el del agua.
Así es. Las mujeres van a coger el agua a diez kilómetros de distancia. Nosotros intentamos impedir que tengan que desplazarse aún más. Además, Manos Unidas proveyó a la escuela dos tanques de 5.000 litros, que funcionan con una bomba de diésel y cuatro canillas, de los que la vecindad de alrededor puede aprovecharse.


Y lo mismo ocurría con las letrinas.
No tenemos agua, pero hubo un señor llamado Blea que inventó los Blea Toilets. Una estructura sencilla, pero eficaz e higiénica. Se cavan seis metros, se pone un asiento con un agujero y una casita para la privacidad. La estructura tiene una chimenea por donde entra un rayo de sol que seca el sólido.
¿Los vecinos colaboran en la construcción de los proyectos?
Cada padre aporta un 5% de la escuela. El 5% de 100.000 euros son 5.000 euros, que a veces no se pueden recolectar. Entonces, otra forma de contabilidad es la inversión en trabajo. Acarreo de materiales primarios, arena, cascajo, agua o tareas de albañilería. De esa forma su colaboración les aporta autoestima.
¿En 2018 vuelve a España?
Sí. Me llamaron del IEME para ser parte de la junta del equipo directivo, en el que me encargué de dos revistas misioneras: Misiones extranjeras e ID hasta agosto de 2023, que me fui a Filipinas para reforzar el inglés.
Ahora es sacerdote de La Rioja, ¿de vuelta a casa?
Me encargo de la zona de Villoslada, Lumbreras, El Horcajo y San Andrés de Cameros. Estoy en un proceso de transición pastoral, hasta que me nombre el obispo párroco.
¿Cómo animaría a los jóvenes a adentrarse en la misión?
La opción por el confort no es la mejor opción. La misión está ahí y no conozco misioneros que se hayan arrepentido de serlo, sino todo lo contrario, la misión les ha cautivado.
Ahora participará en la campaña de Manos Unidas, ¿con qué papel?
Sensibilizar a la opinión pública de la campaña contra el hambre. Se necesitan los pies de los que van, las rodillas de los que oran y las manos de los que dan.

