Medalla de Oro de Navarra
Mario Gaviria, el activista antinuclear que soñó Benidorm
Considerado uno de los sociólogos españoles más influyentes en la segunda mitad del siglo XX, este martes recibe la Medalla de Oro de Navarra a título póstumo. Su legado intelectual es fascinante


Actualizado el 03/12/2024 a las 00:05
Con apenas veinte años desembarcó en Londres guiado por el secreto anhelo de estudiar cine, aunque “afortunadamente” para la historia del celuloide, como recordaría él mucho tiempo después, no contaba con dinero suficiente para tal empresa y comenzó a ganarse la vida de lavaplatos. Aquellas escasas ganancias solo le permitieron matricularse en una asignatura en la prestigiosa London School of Economics and Political Sciencie, por lo que se vio obligado a recurrir a la picaresca y se colaba como alumno clandestino en ocho clases distintas al día. Acababa de estrenarse la década de los sesenta del pasado siglo, los Beatles estaban a punto de debutar con su sencillo Love Me Do y Mario Gaviria Labarta (Cortes, 1938), sin ser consciente todavía de ello, ponía los cimientos de una brillante trayectoria profesional que le llevaría a ser maestro de sociólogos y a impulsar numerosas iniciativas de transformación y desarrollo social, incluido el sorprendente encargo de la planificación urbanística de Benidorm.
Gaviria, quien falleció el 7 de abril de 2018, mantuvo su pasión por la investigación y la escritura incluso cuando ya la esclerosis lateral amiotrófica lo tenía amarrado a una silla de ruedas en su casa de Zaragoza. En aquella última etapa de su vida dejó un ensayo 'El paraíso estancado', donde abordó dos cuestiones fundamentales para el futuro de Europa: cómo hacer frente al estancamiento económico del continente, que arrastraba también al modelo social y político, y como resolver la dependencia de los combustibles fósiles. Por aquellos días, Diario de Navarra entrevistó a Mario Gaviria, quien abordó con pasión, humor y cierta dosis de provocación un amplio abanico de temas. Aquella entrevista sirve hoy de apoyo para reconstruir el perfil de uno de los grandes sociólogos de nuestro tiempo en un día en el que Navarra le distingue con su máximo galardón, que será recogido por sus hijas Sandra y Nathalie.
NUCLEARES, DEL HOLLÍN DE LONDRES, AL ECOLOGISMO
Mario Gaviria conservó en su retina hasta el final el momento en que abrazó la causa del ecologismo. Fue durante su época como estudiante por libre en Londres, a orillas del Támesis, “en un día de hollín y niebla tan cerrada que casi no podía ver ni mis propios pies”. De aquel impulso, nació una voluntad férrea que le llevó a contribuir no solo a la construcción del pensamiento ecologista sino a impulsar todo un movimiento en contra del desarrollo de la energía nuclear. Así, en 1974, en el estertor del régimen franquista, se significó en contra de la instalación de una central nuclear en la Marina de Cope (Murcia) y acabó coordinando el germen del activismo antinuclear en una España en la que se estaban planteando hasta 37 proyectos de centrales nucleares, uno, por cierto, en Tudela. Pese a que Gaviria demostró a lo largo de su trayectoria una gran capacidad de moldear su pensamiento y de hacerlo evolucionar desde posiciones ideológicas de izquierdas hasta acabar ensalzando los ‘minijobs’ de Angela Merkel, de la que según confesó en su entrevista a Diario de Navarra estaba “profundamente enamorado”, nunca se movió ni un milímetro en su rechazo a la energía nuclear. De hecho, en 2012 retomó esta lucha con la campaña contra la central de Garoña (Burgos) y reunió a los pioneros del movimiento antinuclear en su pueblo de Cortes. Incluso unos años después aún seguía aconsejando al Gobierno de Barkos que luchara contra el cierre de Garoña y la eliminación de los residuos de sus piscinas ya que, según afirmaba, un accidente del calibre del ocurrido en la central de Fukushima “podría afectar a un tercio de la agricultura de Navarra”. “Ángela Merkel decidió tras el accidente nuclear de Fukushima el cierre de las diez plantas nucleares que seguían en funcionamiento en Alemania. Por eso la adoro”, confesaba Gaviria. El sociólogo navarro, sí, apostó por una sociedad global “medioambientalmente sostenible” y fue un notable defensor de las energías renovables frente a la huella de carbono. En 2005, fue reconocido con el Premio Nacional de Medio Ambiente.
BENIDORM: VERTICALIDAD A ORILLAS DEL MEDITERRÁNEO
Uno de los proyectos que marcaron un hito en su trayectoria vital fue el de la planificación urbanística de Benidorm. El urbanismo y sus implicaciones fue un eje importantísimo de su aportación a la sociología. No en vano, Gaviria fue discípulo del filósofo y sociólogo francés Henry Lefevre, quien abonó la teoría de que el crecimiento ilimitado de las ciudades que alentaba el éxodo rural no solo conllevaba una disminución de la calidad de vida y del urbanismo, sino que acababa produciendo la expulsión de los trabajadores desde los centros urbanos hacia las periferias y, pensando en ellos, reclamó el ‘derecho a la ciudad’. De cómo surgió el proyecto de planificar el desarrollo de Benidorm hacía Gaviria un relato divertido: “Estando de profesor en Estados Unidos la Banca March lanzó un concurso internacional sobre ecología y sociedad, parecía que lo habían diseñado para mí. Imagínese que llegué a Benidorm, con todo lo rojo que yo era, con una beca de la Fundación March y el equivalente a tres millones de euros. Me trasladé con un equipo multidisciplinar de cuarenta y tantas personas durante cuatro años a Benidorm. Nos liquidamos toda la pasta aprendiendo y publicando libros. Cuando el alcalde descubrió que sabíamos de Benidorm más que todos los del pueblo juntos, puso sobre la mesa el equivalente a otros tres millones de euros para que continuáramos cuatro años más e hiciéramos un diagnóstico sobre como planificar el futuro a largo plazo”. De ahí surgió la apuesta de Mario Gaviria por un urbanismo definido, el de la ciudad vertical y con densidad compacta, frente al modelo menos sostenible de la diseminación. Benidorm. Pero no solo era la ecología. Para Gaviria Benidorm fue un laboratorio social y la materialización sobre el terreno del Estado del Bienestar, algo de lo que daría fe muchos años después cuando regresó de vacaciones, ya jubilado, de la mano de los viajes del Imserso. Fue tal su entusiasmo que llegó a proponer que Benidorm presentara su candidatura a Patrimonio de la Humanidad.
NAVARRA: DOCENCIA EN LA UPNA Y VERANEO EN CORTES
A mediados de los años ochenta se fue enfriando el movimiento antinuclear con la llegada del gobierno socialista de Felipe González y el frenazo a la implantación de nuevas nucleares. Atrás quedaron el ‘laboratorio’ de Benidorm y los años de investigación militante y de consultoría para diversas instituciones, como el Gobierno francés y Naciones Unidas en Mozambique. Mario Gaviria optó por una mayor estabilidad para el final de su etapa profesional y comenzó a trabajar como profesor en la Escuela Universitaria de Trabajo Social de Navarra. Se inició un período muy fructífero, pues también colaboró en el desarrollo de proyectos innovadores de intervención social, la prevención del sida, la inserción social y laboral con la promoción de las rentas mínimas de inserción e incluso la integración social del pueblo gitano. En 1992, participó de la puesta en marcha de la Universidad Pública de Navarra, donde se jubilaría en 2014. En aquella época compartió conocimiento y actividad con los profesores Manuel Aguilar, Conchita Corera y Miguel Laparra, entre otros. Como recordaba recientemente una de sus hijas, Nathalie, para Mario Gaviria era esencial el trabajo de campo y huía del academicismo: “En ese trabajo de campo de largas horas de investigación sobre el terreno establecía una relación de amistad con los colaboradores o alumnos”.
También en esta época volvió a disfrutar de las largas temporadas veraniegas en su pueblo natal de Cortes, donde aprovechó su amistad con Rafael Moneo para pedirle que proyectase viviendas sociales. Gaviria presumía de que él nació en un caserón del siglo XVIII de Cortes al que los Gaviria habían llegado como ganaderos desde Estella. Su madre, de apellido Labarta, era de Caparroso, aunque él sostenía que esa rama era descendiente de hugonotes huidos desde el Bearne francés. Y fue en aquellas tardes largas y calurosas de Cortes cuando comenzó a rumiar una nueva investigación social en torno a la inmigración de origen árabe y su integración en la Ribera navarra.
INMIGRACIÓN: LA REISLAMIZACIÓN FRÍA
Gaviria ya había estudiado los problemas de integración de la población migrante en Francia cuando decidió observar lo que ocurría en la Ribera, con la mosca tras la oreja por las conversaciones de sus vecinos. “Decidí examinar cómo funcionaba la convivencia y comprobé que la integración de los menores musulmanes en las escuelas navarras era muy buena. El problema llega cuando se van haciendo mayores y reciben instrucciones del imán, de la propia familia...”, describía el sociólogo. Su preocupación era que los locales y los nuevos vecinos musulmanes vivieran aislados entre sí y de todo ello, tras una serie de entrevistas, surgió el libro ‘La buena vida, las energías renovables y la reislamización fría en el 2030’. Lo de la buena vida, explicaba, venía a cuenta de que consideraba Navarra uno de los mejores lugares del mundo para vivir, entre otras cosas por su apuesta por las renovables, y lo de la reislamización, “porque durante 400 años, del 719 a 1199, los musulmanes dominaron Tudela y la Ribera”.
HUELLA: UN INTUIDOR DE LO QUE ESTABA POR VENIR
Los homenajes que se rindieron en Tudela y Madrid a Mario Gaviria tras su fallecimiento no han sido sino el testimonio de la huella que ha dejado su persona y su obra, que consta de más de 40 libros y 130 artículos. Posteriormente, en octubre de 2019, un grupo de colegas (arquitectos, economistas y sociólogos...), presentaron un libro en el que a través de 22 capítulos, destacaron distintas facetas del pensamiento de Gaviria, un hombre “poliédrico”, “heterodoxo de toda ortodoxia”, y sobre todo, “un adelantado a su tiempo”. Entre ellos, el exconsejero del Gobierno de Navarra Miguel Laparra destacaba su capacidad “de intuir los problemas que iban a llegar”; el economista Antonio García Tabuenca hablaba de un pensador intuidor, que se anticipaba y veía las cosas “cuando nadie las había visto”. A su vez, el arquitecto Rafael Moneo, destacaba su capacidad “de ser un precursor, de adelantarse, de suscitar asuntos que luego se han convertido en canónicos”. Sea como fuere, el legado de Mario Gaviria ya es parte de su tierra, Navarra.