Muere José Luis Azcona, misionero navarro y obispo emérito de una isla de Brasil
Este agustino recoleto tenía 84 años y en 2021 recibió el Premio Brunet por la defensa de los derechos humanos


Publicado el 21/11/2024 a las 15:13
El misionero navarro José Luis Azcona Hermoso, agustino recoleto y obispo emérito de la región brasileña de Marajó, ha fallecido a los 84 años. En 2021 recibió el Premio Brunet de la Universidad Pública de Navarra por su defensa de los derechos humanos.
José Luis Azcona nació en Pamplona el 9 de marzo de 1940, pero vivió con su familia en Dicastillo y cursó su educación secundaria en San Sebastián. Ingresó en la Orden de los Agustinos Recoletos y profesó el 22 de septiembre de 1961 en Monachil (Granada). En la capital de esta provincia estudió Teología. Fue ordenado sacerdote el 21 de diciembre de 1963 en Roma. Siguió con posterioridad sus estudios de Teología Moral hasta conseguir, en 1965, el doctorado en el Instituto de Teología Moral de los Redentoristas (Alfonsiano) de la Universidad Lateranense de Roma.
Los cargos más destacados que desempeñó a lo largo de su carrera eclesiástica fueron, entre otros, los de prior provincial de la Provincia de Santo Tomás de Villanueva (1975-1981), vicemaestro de novicios en el Desierto de la Candelaria, Colombia (1982) y maestro de novicios en Los Negrales, Madrid (1983).
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En 1985 marchó a la misión de Marajó, una isla situada en la desembocadura del río Amazonas en Brasil. Dos años más tarde, concretamente el 5 de abril de 1987, fue ordenado obispo de la Prelatura de Marajó. En ella, lideró incansablemente las labores de evangelización y trabajó para proteger a las comunidades más vulnerables de la región. Destacó, asimismo, por su lucha contra la explotación humana, la trata de personas y los abusos a los que se enfrentaban los habitantes de la Amazonía.
Durante su misión, Monseñor José Luis Azcona asumió riesgos e hizo frente a muchas amenazas debido a su postura valiente que mantuvo contra las injusticias. De hecho, su promoción de la justicia social y del cuidado del medio ambiente lo convirtió en un modelo de compromiso cristiano. “Aquel que está en la lucha y el combate por los derechos humanos tiene que amar a la humanidad por encima de partidos, de ideologías”, decía en 2021 en Pamplona al recoger el premio Brunet.