Diario de Navarra, en Valencia
Rescatista navarro de la DYA: "Esto es una mezcla del terremoto de Haití y el camping de Biescas"
La asociación navarra trabaja en Massanassa ofreciendo apoyo en "lo que haga falta" a los afectados, rescatando vehículos y dando apoyo en el polideportivo del municipio, refugio de voluntarios y otras entidades


Actualizado el 06/11/2024 a las 20:15
La superficie de Massanassa es literalmente un batido espeso con grumos que va dejando marcas en las botas de plástico con cada pisada. En la Carrer del Pare Ignaci Cassany ya es oscuro y se ve una fila de vecinos que dobla la esquina esperando el racionamiento, porque el contexto, como se escucha entre los vecinos, es como el de “una guerra”.
Ahí están justamente José Diego Martínez Navarrete y Cristina Goñi Villaroya, dos voluntarios de DYA Navarra, que durante su turno se dedican a ir calle por calle ofreciendo ayuda a cada vecino. Esta vez van en un todoterreno que circula despacio para no generar grandes olas de lodo hacia los extremos de la calzada. “Eso es justamente lo que nos han dicho que no hay que hacer”, dice Martínez señalando un vehículo que ha pegado una arrancada.
Esta pareja viaja esta vez acompañada de Juliet Díaz Castellanos, de 20 años y vecina de la localidad, y Mario Martínez Luján, también vecino de Massanassa y técnico de emergencias sanitarias. Los navarros son el tercer relevo que viene desde Pamplona porque al final esto es “cañero”. “Hemos comido rápidamente y ahora hemos relevado a los compañeros”, indican desde el Vehículo de Intervención Rápida (VIR), donde apoyan a médico y enfermera.
“Nosotros buscamos a gente que necesita auxilio”, añaden explicando que esta vez les ha tocado buscar pautas de medicación, ofrecer apoyo que nos pidan… “Es una locura moverte por estas calles”, asegura. Calles cortadas, bloqueadas por montañas de muebles, por máquinas pesadas y por el desastre, en general.

UN PINCHAZO CON SUERTE
En un momento de la conversación, que se desarrolla en el número 2 de la vía citada, aparece una grúa con una furgoneta pinchada. Ese vehículo no tenía como destino ese bloque de viviendas, pero el percance con la rueda ha hecho que todo el material recogido en su interior acabe almacenado en el bajo de Víctor, un afectado que gestiona junto a otros vecinos gran parte de lo que llega a la parte de Massanassa más cercana a la rotonda.
De un momento para otro, los miembros de la DYA se suman a la cadena humana para ir pasando los productos. Por esas manos pasa aceite, compresas, ambientadores, agua, potitos y una cosa muy deseada por los vecinos. Algo tan simple como el detergente.
“El consistorio nos tiene abandonados, somos nosotros mismos los que estamos pidiendo voluntariado, coordinamos con la UME, con el Ejército…”, dice Víctor entre lágrimas fundiéndose en un abrazo con otro vecino justo delante de una marca de barro que sobrepasa su cabeza dentro de casa.
“Todo lo que estamos consiguiendo es por nuestros medios. Aquí hasta hoy -por el martes- no han llegado camiones para cargar todo el barro de la calle”, lamenta denunciando que todo el desastre es consecuencia, según él, de la apertura de la presa. Comenta a unos 300 metros del barranco desbordado. “Lo he perdido todo y estamos usando mi vivienda para meter provisiones”, explica con una mirada intensa que refleja el dolor de todo un vecindario.
En la escena hay lloros, abrazos y bastante olor. Porque esto huele realmente mal. “Hay que ponerse en situación de que esta gente lo ha perdido todo”, añade José Diego Martínez diciendo que hay que ayudar con lo que sea, no tiene por qué ser algo “vital o de urgencia”. “No todo es urgencia crítica, ambulancia, médico… No es tan espectacular igual, pero hay mucho”, apunta comentando que aquí entra en juego la cercanía humana y el acompañamiento.
En una de las vueltas que han realizado una mujer veterana de Massanassa les ha dicho que entren a tomar un café. En esa casa solo había cuatro cosas. La silla, la mesa, el café y el acompañamiento. “Era una mujer sola que no sabíamos su nivel de afectación tras las inundaciones”, relatan los navarros con su material reflectante amarillo tan característico. “Hemos estado dando conversación, nos preguntaba de dónde veníamos. Eso es bonito”, apunta Martínez, que explica que todos los movimientos que están realizando en la los coordinan con la policía local de Massanassa y su ayuntamiento cada mañana y, después, se reparten el trabajo internamente.
POCHAS PARA COMER
“La verdad que se han deshecho un poco porque las hemos dejado pasar, pero de sabor estaban buenísimas”, dice Emilio González Barba ‘Yayo’, voluntario veterano de DYA Navarra en Massanassa. “¿Ya estás hablando de tus alubias?, pregunta Alba Sanz Ferro, otra navarra de 22 años. “No, que me ha preguntado él”, contesta entre risas González. Ellos están alojados en el polideportivo de la localidad y se han instalado en el primer piso entre salas de musculación, un almacén con material deportivo y una terraza.

Aquí hay más bromas que en la calle. La cocina improvisada en el exterior está cubierta por una jaima portátil y está compuesta por un puchero enorme y un hornillo. “Hay que apañarse con lo que hay”, asegura indicando que lleva varios días, que le relevarán, pero que volverá otra vez. “Física y mentalmente esto es duro”, reconoce Emilio señalando varias cajas de alimentos donadas por la Cooperativa Hostelera de Navarra y la empresa Salinas de Navarra.
En ese polideportivo, al que el agua llegó hasta la primera fila de asientos, también hay otros grupos. Por ejemplo varios policías locales de Madrid. “Hoy hemos compartido chistorra con ellos”, cuenta. También hay camas para voluntarios y Miguel, que perdió la casa el primer día, es el que gestiona todos los alimentos. “A nivel personal impacta positivamente porque estoy contento con la labor que hago, pero te llevas cosicas en la cabeza que ves que no va a ser fácil de olvidar”, reconoce González en el comedor a la vez que otros voluntarios abren un paquete denominado “Ración individual de combate. Comida B. Menú número 5”. Es lo que les ha enviado el Ejército.
En ese paquete verde cabe un sobre de sopa de verdura, una lata de judías verdes con jamón, lata de calamares con aceite vegetal, melocotón en almíbar, una lata de paté, dos pastillas depuradoras de agua, tres de combustible sólido, cuatro sobres de polvo isotónico, un chicle, cerillas, un hornillo quemador, una bolsita de papel celulosa, una crema central fluorada, un desinfectante para manos e instrucciones. Todo eso en un espacio reducido.
JUVENTUD AL PODER
“Hay sobre todo muchísimos jóvenes ayudando”, destaca Emilio. Muestra de ello son Alba Sanz y Rubén Ortega Iturbide, ambos pamploneses. “El silencio de las coches y la oscuridad me ha impresionad. La gente se deja el alma para recuperar lo poco que le ha quedado”, señala él mientras que ella reconoce que este escenario invita mucho a reflexionar.
La presencia de jóvenes en localidades afectadas es notable cada mañana en cuanto se pone el sol. Rastrillo, carros, botas, mucha cinta aislante en los pantalones y una vitalidad que saca la sonrisa de todos los presentes.
Aunque la DYA ofrezca ese servicio de acompañamiento y ayuda, también hay voluntarios que van comprobando coche por coche si en el interior hay víctimas. Esto lo hacen en zonas de barrancos o puntos de mucha aglomeración de vehículos. Esa cantidad de turismos destrozados asusta. Siempre hay un coche para la chatarrería independientemente del foco en el que uno centre la mirada.
“Esto es una mezcla de Haití y Biescas”, apunta un rescatista de la DYA que ha estado también en los otros dos desastres, tanto en el terremoto de 2010 como en la tragedia del camping aragonés en 1996. En una era todo barro y en otra era todo agua.
