Protección social
El alza de la llegada de familias sin hogar a Navarra obliga a repensar los recursos
Derechos Sociales las considera “un perfil prioritario” y pone sobre la mesa la puesta en marcha de un centro para atender urgencias fuera de horario


Publicado el 18/08/2024 a las 05:00
La llegada a Navarra de familias inmigrantes con menores a cargo sin un medio de vida y sin posibilidad de acceder a una vivienda es un fenómeno emergente dentro de un contexto de incremento de la presión migratoria general. En esto coinciden las entidades que trabajan a pie de calle con estas personas, como Cáritas o CEAR Navarra, y así lo atestiguan también los datos: 2023 fue un año de cifras récord en cuanto a solicitantes de asilo en nuestra comunidad, con más de 2.000 frente a las 900 de 2022, una tendencia que ha seguido acentuándose en 2024. A nivel mundial, los conflictos bélicos, la violencia, la inestabilidad política, las catástrofes naturales y el cambio climático provocaron el desplazamiento forzoso de 120 millones de personas en 2023, según ACNUR.
Ante esta realidad, el Gobierno de Navarra estudia cómo se podría dar una mejor respuesta a estas situaciones. El departamento de Derechos Sociales, que considera a estas familias con menores entre los perfiles que necesitan “una atención prioritaria” en el ámbito del sinhogarismo, está desarrollando una estrategia “en coordinación con entidades y ayuntamientos” que incluye la necesidad de poner en marcha un centro de urgencias sociales “que garantice la primera atención fuera del horario habitual de los servicios”.
También plantea el Departamento“el refuerzo de prestaciones económicas para ayudar a hacer frente al pago del alquiler y del asesoramiento jurídico”, así como el “desarrollo de programas de captación de vivienda” a través de entidades sociales.
La falta de vivienda colapsa el sistema de acogida
En Navarra hay 490 plazas en el Programa de Acogida para personas solicitantes de asilo (dependiente del Gobierno central) que gestionan entre tres entidades y que se desarrolla en diferentes fases. Cruz Roja tiene 250 plazas (más 100 de emergencia o primera acogida, que se hace en hostales), CEAR tiene 122 y las Hijas de la Caridad, el resto. “A día de hoy, hay 186 personas fuera del sistema esperando plaza en un hostal”. Esa era la cifra que daba CEAR el 19 de junio, con motivo del Día Mundial del Refugiado.
El programa está “totalmente colapsado”. Por un lado, porque cada vez vienen más personas y cada vez más piden protección internacional como una vía para regularizar su situación. Pero también porque no se consigue “liberar plazas”. “Las familias que ya están dentro del programa no consiguen avanzar hacia la siguiente fase [que implica una vida independiente], porque no hay forma de encontrar una vivienda para ellas. Esto hace que “no haya rotación, que todo se ralentice y que haya familias que se queden en situaciones muy complicadas”, explica Idoia Oneca, coordinadora de la entidad en Navarra.
Otra consecuencia es que recursos que se concibieron como algo temporal, pensiones y hostales, pensados para permanecer en ellos periodos máximos de 15 días, se conviertan en algo estable. “Eso conlleva un presupuesto enorme y tampoco consigues dar la respuesta que tienes que dar”, asume Oneca.
DE LATINOAMÉRICA
Colombianos, venezolanos, peruanos. La inmensa mayoría de las familias que llegan hasta Pamplona son de origen latinoamericano. “Generalmente llegan por Barajas y vienen a Pamplona porque tienen aquí una red. Pero muchas veces se encuentran con que esa red no está, o no puede darles soporte porque tampoco está en una situación boyante”. No son pocas las familias que dicen que en Barcelona o Madrid alguien les ha recomendado venir a Pamplona “porque aquí hay más posibilidades”.
El perfil de migrante “ha cambiado en los últimos años”. “Antes venía una persona sola, migrante económico, y después traía a la familia. Ahora llegan con los hijos. Es lógico si estás huyendo de la violencia. Te arriesgas con todo”.