Víctima de maltrato
La funcionaria que ha "cambiado" la ley en Navarra: "Me siento libre, como si me hubieran quitado las cadenas"
Su caso ha propiciado que, con más de cinco años de retraso, Navarra haya adaptado la ley para favorecer la movilidad entre territorios de funcionarias víctimas de violencia de género. Así ha sido su peregrinar durante año y medio


Publicado el 28/06/2024 a las 05:00
Nadie estuvo más pendiente que ella al cuarto punto del pleno del Parlamento de Navarra de este jueves. El que facilitará, cinco años y medio después de que lo acordaran todas las comunidades, la movilidad de las funcionarias víctimas de violencia de género. Ella, funcionaria en Salud y víctima de maltrato, lo solicitó hace año y medio. Quería poner tierra de por medio con su expareja e iniciar una nueva vida con su hijo, en edad adolescente, en su Valencia natal. Pero se topó con las puertas cerradas: Navarra no había adoptado su ley. Por el camino obtuvo el apoyo del Defensor del Pueblo y el de la jueza que desestimó su recurso por la falta de amparo legal. Pero las puertas seguían cerradas. Hasta que decidió hacer público su caso. Y a los dos días de denunciar su situación en las páginas de este periódico, el asunto fue por fin al Parlamento. “Cuando lo supe tuve un carrusel de emociones y aún no las puedo asimilar, pero sobre todo me sentí libre, como si me hubieran quitado las cadenas. Por fin mi vida me pertenece a mí ”, expresa sentada en un banco frente a la sede que ayer cambió la ley. A su lado está su hijo. “Yo me sentí satisfecho. Por fin nos íbamos”, añade.
¿Cómo ha sido este trayecto de más de año y medio?
Ha sido de mucha llamada, de mucho contacto, de llamar a puertas y de andar de acá para allá. Muy estresante, con mucha ansiedad, muy agobiante, frustrante... Ha sido bastante duro.
¿Cómo empieza?, ¿cómo se entera de esta posibilidad?
En el mismo juzgado. Mi abogada preguntó y en la oficina que hay allí para atender a las víctimas me informan de varios aspectos, entre ellos de esta posibilidad, que existía, pero entre comillas.
¿Y qué se encuentra?
La idea de irme venía de antes. Así que al día siguiente estaba en Personal, en el hospital, preguntando a ver qué pasaba con este tema. Pero nadie sabía nada, así que decidí moverme más, incluso preguntando en Valencia.
¿Y qué le decían allí?
Había más receptividad. Allí lo tienen todo muy estipulado. Respondieron enseguida, pero me decían que no podían hacer nada.
Porque en Navarra no habían cambiado aún la ley...
Eso es.
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Habla de que ha llamado a muchas puertas en Navarra. ¿Qué respuestas recibía?
El Defensor del Pueblo sí que contactó con Función Pública y recomendó que se tomaran cartas en el asunto y que se legislara. Pero nada. Los sindicatos, nada, ni siquiera eran receptivos.
Criticó el trato que recibió en Función Pública. ¿Qué pasó?
Siempre me daban largas, eso lo primero. Que ya estaba, que no podía tardar en llegar la carta, que estaba de camino... Y hasta me dijeron si estaba buscando piso, aunque no sabía cómo tenía que interpretar eso. Y cuando me llegó al resolución negativa llamé al teléfono que aparecía y la respuesta de la persona que me atendió me dejó helada. ’Ah, bueno, tú ya sabías cuando sacaste la plaza aquí lo que había’. Luego he vuelto a llamar y tampoco me han dado un trato muy empático. Aunque no puedan hacer nada sí que pueden hacerse cargo de la situación y entenderlo.
¿Cómo llevaba ese contraste entre lo que recibía de Valencia y Navarra?
Me parecía surrealista. Y más cuando aquí se supone que son punteros en violencia de género. Un poco decepcionada.
Entonces recurre a la Justicia.
Me informé y los abogados me decían que tenía posibilidades. Yo no quería lanzar las campanas al vuelo, pero tenía esperanzas en que me dieran la razón y que dijeran que había que analizar la forma de hacerlo (su traslado).
No se la dieron, pero la jueza sí que reclamaba un cambio de ley.
Sí, sí, como el Defensor del Pueblo: tiene razón, pero... habrá que esperar a que legislen. Y sientes una indefensión, una impotencia... ¿Si tengo la razón y me la dan, por qué no se hace nada?
¿Llegó a perder la esperanza?
Por mi forma de ser, siempre me quedaba un poco de decirme: lucha, lucha, lucha... Pero era evidente y tenía claro que las cosas estaban muy difíciles. No hay que perder la esperanza, dicen. Pero ha sido muy largo, muy desgastante, muy penoso.
El llevarlo de una forma anónima, ¿lo ha hecho más duro aún por no contar con más apoyo por parte de más entornos?
Sí, evidentemente. En el trabajo, sobre todo, intenté llevarlo de la forma más discreta posible. Hablé con la supervisora y le conté la situación, que existía esa posibilidad. Luego la gente empezaba a hacerse preguntas. Y dependiendo de la situación y la persona me salía por la tangente o contaba algo más. Entonces me dije: ¿por qué tengo que llevarlo como si fuese algo vergonzoso? Luego empecé a soltarme un poco más porque vi que tampoco era justo que yo tuviera que llevarlo así. Y en general han respondido bien.
¿En quién se ha apoyado sobre todo en este año y medio?
Aparte de amistades que han estado ahí, evidentemente en mi hijo. Yo creo que mi hijo es el principal. Porque yo, igual a veces no sé sacar las uñas por mí, pero si es por otras personas, y si es mi hijo más, soy capaz de ir a por todas, de sacar las uñas y a por lo que sea. También estoy muy contenta con los abogados en este proceso.
Sale la sentencia y no le dan la razón. ¿Por qué lo hace público?
Era la única opción que me quedaba, la única idea que me salía. Y ha salido bien. Si no llega a salir así, la situación era desesperante y se hubiera vuelto insufrible. Ya se acababan todos los cartuchos. Y no esperaba que fuera tan rápido (la respuesta de los políticos). Han tenido más de cinco años, pero la reacción ha sido rápida, hay que reconocerlo. Hoy (por ayer) he leído lo que han dicho algunas parlamentarias y no puedo estarles más agradecida, me hace sentir que se ha hecho un poco de justicia conmigo y con mi hijo, y sentirme algo resarcida.
¿Qué supuso saber que iban a hacer en diez días lo que no habían hecho en cinco años y medio?
Pues comprobar que había sido desidia, que había sido dejadez. Pero por otra, que había margen para la esperanza, de decir, venga, que a veces se puede. Como decía Joan Fuster: la política, o la haces o te la hacen.
¿Siente que ha abierto camino para que otras mujeres no lo tengan tan complicado como usted?
Más que lo individual, en este caso es lo comunitario, el haber roto esa puerta y haber eliminado esa traba que había. Y que ahora las víctimas puedan irse si lo necesitan y también venir. Yo todavía lo estoy asimilando, igual es por el agotamiento, pero están siendo demasiadas emociones.
Si le hubieran dado la oportunidad de dirigirse al Parlamento, ¿qué les habría dicho?
Muchas cosas... Primero, que hay personas detrás (de sus decisiones) y que deben gobernar para la gente, no para ellos, que es lo que a veces parece. Deberían estar más atentos a lo que se les dice.


