Psicólogo clínico
Javier Urra: "No debemos contar todo lo que nos pasa porque existe una parte íntima"
Sobre la vida silenciada, fantaseada y las culpas y deseos que se callan. Sobre estas cuestiones reflexiona el primer defensor del menor en su último libro, que presenta el martes 14 de mayo en Pamplona


Actualizado el 14/05/2024 a las 14:48
Conversar con Javier Urra nunca deja indiferente. Porque se refiere a las cuestiones que más importan. A las que nos interesan a todos, más allá del trabajo, la política o la posición social o cultural. Porque habla de la vida. Y en este caso, de la íntima. “Esa parte profunda que, a veces, uno no admite y a la que hay que bucear para conocerla”. Esas creencias, pensamientos o preocupaciones que somos nosotros, aunque, en ocasiones, nos engañemos. Son algunas de las cuestiones que recoge en su último libro, ‘La vida íntima’ (Desclée De Brouwer, 15,20 euros), uno de los 82 que “manuscrito con pluma”. Nacido en Estella en 1957, Urra es doctor en Psicología y Ciencias de la salud, psicólogo de la fiscalía del Tribunal Superior de Justicia y de los Juzgados de Menores de Madrid, director y presidente de la Comisión Rectora Recurra-Ginso (clínica de salud mental, hospital de día y centro terapéutico residencial), primer defensor del menor de la Comunidad de Madrid y uno de los psicólogos más mediáticos de España. Casado, padre dos hijos y abuelo de cuatro nietos, el martes 14 de mayo presentará su último libro en Pamplona. Y lo hará en Diario de Navarra (calle Zapatería 49, 19.30 horas) dentro de las actividades de educación y familia organizadas por el rotativo. La entrada es libre, previa inscripción en Mundo DN.
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EVENTO CON JAVIER URRA

Lo importante no es el ‘yo’ sino el ‘tú’. Por ejemplo, yo me voy a desplazar a Pamplona para estar con la gente. Pero, para poder aportar algo, uno tiene que saber quién es. Muchas personas se quejan diciendo: ‘No me da la vida’. ¡Pues diga que no a algunas cosas! ¡Aprenda a relativizar! ¡No podemos pedir a la vida más de lo que nos puede dar!
Y en toda esta vorágine, ¿cómo podemos dialogar con nosotros mismos?
En el día a día. No hace falta que nos vayamos al monasterio de Leyre, aunque estaría muy bien. Podemos reflexionar en la ducha, mientras vamos conduciendo... Son momentos para pensar: “¿Qué hubiera pasado si...?” o para saber si debo callar o no, si es conveniente o no que hable.
Una buena parte de lo ‘rumiamos’ no lo compartimos con nadie. ¿Eso es positivo?
¡Claro! Porque no hay que contarles todo a los demás. Ni a la pareja. Existe una parte muy íntima, que es solo nuestra. ¿Te imaginas qué agobio se escuchara lo que sueñas? A veces, se piensa que siempre hay que decir la verdad y que la mentira es negativa. Pero no siempre es así. Y aquí deberíamos pensar si es conveniente o no hablar o callar o si vamos a generar un daño a otra personas que no es necesario. Por ejemplo, ¿tengo que decirle a mi padre que se va morir si conozco el diagnóstico? ¿Debería contar a mi hermano que me hizo mucho daño algo que me dijo cuando éramos niños si ya no tiene remedio? Ese: “Te voy a ser sincero”, a veces, puede ser muy cruel. La vida en sociedad consiste en saber manejarnos, en hacernos preguntas, en tener urbanidad y protocolo con los demás...
¿También nos engañamos a nosotros mismos?
Sin duda. Damos una imagen de nosotros que no siempre concuerda con lo que realmente somos. El ser humano se autoengaña. Pero la vida, a veces, nos lleva por otros derroteros y no lo teníamos todo elaborado. Hay que tener claro que no podemos romper con los demás porque si no, romperíamos con nosotros.
En uno de sus libros anterior, ‘El ser humano, un ser espiritual’ insistía en que existe una unión entre cerebro-mente-alma...
Así es. Si tuviéramos esta realidad más en cuenta, evitaríamos muchos problemas de patologías mentales. Hoy se tiende a patologizar todo, incluso situaciones normales de la vida (como estar triste por un duelo...) España es el país del mundo en el que se consumen más psicofármacos (hipnóticos, ansiolíticos, antidepresivos...) ¿Qué está pasando? Y aquí el pensamiento desempeña un papel relevante. Lenguaje y pensamiento van a de la mano. Una personas con pobreza de lenguaje pensará más pobremente.
SUICIDIO Y VIOLENCIA DE GÉNERO
En el libro, además de todas las reflexiones sobre la vida íntima, dedica algunos capítulos al suicidio y la violencia contra la mujer. ¿Por qué se ha fijado en estas realidades?
Porque están de candente actualidad. Cuando alguien decide quitarse la vida es porque ha tenido un gran sufrimiento. ¿Qué pasa cuando se te suicida un hijo?Es un tema profundísimo y que, generalmente, suele estar silenciado y continúa siendo un tabú.
¿Qué ocurre con la violencia contra las mujeres?
Hay mujeres que no se atreven a separarse para evitar tomar decisiones o por una dependencia emocional, lo que es una indefensión aprendida. Lo mismo pasa con los hombres. Muchos son totalmente dependientes de su sus parejas y en los casos de violencia, después de matarlas, se suicidan porque la vida ha perdido sentido para ellos. Aquí surgen muchas preguntas. ¿Cómo es posible pasar del amor al odio? ¿Qué podemos hacer para educar a los niños con cortafuegos emocionales?
Dicho todo esto, ¿el ser humano puede cambiar?
En parte, sí. Aunque cambiar puede generar problemas y tener un coste. Y ese es el reto.