Un marista navarro que ha dedicado más de la mitad de su vida a cambiar adolescentes con la música

El hermano marista Agustín Ezpeleta Compains, nacido en Gallipienzo hace 90 años, ha dedicado más de la mitad de su vida a educar a través de la música a alumnos del colegio en el que ha trabajado en Sevilla. “Han conseguido cambiar su vida”, resume

El hermano marista Agustín Ezpeleta Compains, nacido en Gallipienzo hace 90 años, en el colegio de Sevilla donde ha impartido clase.
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El hermano marista Agustín Ezpeleta Compains, nacido en Gallipienzo hace 90 años, en el colegio de Sevilla donde ha impartido clase.
El hermano marista Agustín Ezpeleta Compains, nacido en Gallipienzo hace 90 años, en el colegio de Sevilla donde ha impartido clase.

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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 12/05/2024 a las 15:02

Adolescentes problemáticos o rebeldes que cambiaron de vida gracias a la música. La que escuchaban en unas clases extraescolares mientras cursaban la EGB en un colegio de Sevilla. De las que salían, después de haberse sentado en corro y “vaciado” todo “lo que llevaban dentro”. No es el inicio de una película con final feliz. Sino la vida y la historia de un hermano marista nacido en Gallipienzo (merindad de Sangüesa) hace 90 años. El protagonista es Agustín Ezpeleta Compains que responde a esta entrevista por teléfono y con la voz firme de una persona mucho más joven. El segundo de una familia de cinco hermanos (Tomás, Agustín, Ángel, Lázaro y Carmen), en la que todos, incluido el padre, eran grandes aficionados a la música. Durante casi tres décadas ha sido profesor en el colegio Santa María la Mayor (Sanlúcar la Mayor, Sevilla) y ha publicado un método de ocho tratados para impulsar la musicoterapia preventiva entre los adolescentes. “Mis tratados han servicio de instrumento para que Dios haya obrado el milagro de que los adolescente cambien en su vida íntima. Algo muy difícil pero se ha conseguido que vivan en armonía consigo mismos, con su familia, el colegio y con Dios”.

¿Y cómo ha sido posible? “Yo organizaba una clases extraescolares de asistencia voluntaria una vez al mes. Ponía música de fondo (de todo tipo excepto con letra porque distraía). Mientras, los alumnos escribían aquello que descubrían”. Al terminar, subraya, se había producido una “catarsis emocional”. “Vaciaban lo que llevaban dentro. Dibujaban lo que la música les inspiraba o sugería”. Los asistentes, continúa su explicación, fueron más de mil alumnos (inicialmente el colegio era solo masculino) desde 5º de EGB hasta COU, 10 a 17 años (los actuales 5º de Primaria y 2º de Bachillerato, respectivamente).

MEJOR EN LOS ESTUDIOS

Insiste Agustín Ezpeleta que a sus clases se apuntaban “todo tipo de niños”. “Al principio, ni ellos ni sus familias sabían en qué consistía la musicoterapia y había que explicarles qué era todo aquello. Algunos profesores también se resistieron al principio”. ¿El resultado? Que los escolares se volvían más responsables, iban mejor en los estudios, tenían menos problemas con sus familias, sus compañeros...

Toda aquella metodología la agrupó Ezpeleta en un método en ocho tratados. “Los libros los sigue leyendo mucha gente. Yo doy permiso para que se hagan copias y se utilicen para las actividades que se necesiten”. Esta misma musicoterapia, añade, se está empezando a utilizar también con los ancianos. “Lo están haciendo dos alumnos míos que ahora trabajan en Huelva. La musicoterapia funciona muy bien con las personas mayores. Igual que en los hospitales”.

Sus tratados, incide, cuenta con la colaboración de muchos autores “de categoría”. Como Francisco Maya López (psicólogo), Álvaro Salinas Hernández (ingeniero aeronáutico), Francisco Martínez Pérez (arquitecto), José María Rivas Alba (profesor de Derecho Romano), Pedro Javier Sagüés (jesuita y director de la Escolanía Loyola en Pamplona), José Luis de Vicente Carmona (hermano marista y doctor en Humanidades), Enrique Samper (ingeniero informático), Francisco de Asís León (enfermero en UCI pediátrica) o Julián Doris (experto en ciberseguridad). “Lo que denota que el tema interesa a muchas personas de diferente formación”. El prólogo de toda la obra lo escribió su sobrino David Ezpeleta Echávarri (Pamplona, 1968), vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología, también con formación musical. 

Así concluye Agustín Ezpeleta el relato de su vida profesional. Aquella que comenzó a los 11 años cuando salió de su pueblo “reclutado” por un hermano marista para continuar sus estudios, primero en Arteniaga (Álava) y después en Córdoba. Tras concluir Magisterio y pasar por Málaga y Jaén, continúa ahora viviendo en Sevilla, donde ha pasado la mayor parte de su vida. Eso sí, sin ningún acento sevillano. Y añorando todavía sus paseos junto al río Aragón.

UNA PIANOLA POR 500 PESETAS

El padre de Agustín Ezpeleta, Heraclio, era un músico aficionado en el Gallipienzo de los años treinta y cuarenta. Tocaba la bandurria y la guitarra y compró, recuerda su hijo, "una pianola por 500 pesetas" (unos 3 euros actuales). Con aquel instrumento mecánico, similar a un piano pero que podía tocarse con pedales o a través de la corriente eléctrica, toda la familia, insiste, "disfrutaba muchísimo". "Escuchábamos a autores célebres del mundo entero. A Mozart, Beethoven, músicos andaluces..." Gracias a aquella afición familiar, Agustín estudió, además de Teología y Magisterio, musicoterapia. Aunque los dedos ya no le siguen para tocar el piano o la guitarra, la música continúa siendo su compañera de vida y escucha tres o cuatro horas diarias. "Clásica, electrónica, moderna... Me encanta también la música melódica, como la de Mocedades". Añora su pueblo y recuerda con nostalgia sus paseos de niño por la ribera del río Aragón. 

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