ANAS
José Ochoa Segura:“El programa Vacaciones en Paz ha reducido un 80% la mortalidad infantil en los campamentos saharauis”


Publicado el 22/04/2024 a las 05:00
Con un lienzo doblado entre la ropa dentro de una pequeña mochila. Temblando de frío. Así llegó la primera niña de acogida saharaui que recibió la casa del presidente de la Asociación Navarra de Amigos y Amigas del Sáhara (ANAS), José Ochoa Segura, en junio de 1997. El óleo, un regalo de la familia de aquella niña de nueve años y escasos kilos de peso, lo había pintado un artista de los campamentos de refugiados que se instalaron de manera provisional en 1975. Desde entonces, este lienzo preside el salón de la familia de Ochoa junto a la fotografía de un niño, Omar, el último de los cuatro pequeños que también han disfrutado del programa Vacaciones en Paz en este hogar situado en Mañeru hasta que la pandemia impacto de lleno. “Esta casa me ha llevado media vida... y la causa saharaui la otra media”, esgrime Ochoa descubriendo una media sonrisa que en realidad oculta un intenso dolor provocado por una covid persistente que lastra en silencio desde enero de 2020. La enfermedad doblegó al matrimonio, pero él se llevó la peor parte. De hecho, estuvo a punto de morir, según le aclaró un neumólogo. Por ello, durante estos cuatro años el presidente de ANAS ha preferido dar un paso atrás y alejarse prudentemente de la primera línea.
“No nos olvidéis”
Hace un mes, sin embargo, al recibir información alarmante sobre la situación en los campamentos de refugiados que su compañera de asociación, Carol García Pellejeros, le enviaba en directo desde el terreno, Ochoa decidió volver al frente. Tomó el teléfono y llamó a los medios de información locales. “Siguen faltando 20 familias este verano para poder sacar a un centenar de menores, la situación es crítica, no han estado tan mal nunca”, informó. En el tono de voz resonaba la huella de su debilidad pero también la fuerza de las palabras de una despedida que él mismo había escuchado al visitar la hamada argelina años atrás: “No nos olvidéis, no nos olvidéis”. Las recuerda emocionado, al igual que evoca las palabras de Omar la última vez que se vieron antes de la pandemia. “Tengo que trabajar mucho para cuidar a mis padres del Sáhara y a mis padres de Navarra”. En Semana Santa, una expedición de familias navarras que acogen niños y niñas saharauis viajaron al desierto en una expedición que lideró ANAS.
¿Cuál es la situación en los campamentos de refugiados?
Carol me cuenta que hay infecciones, descomposiciones y que apenas tienen agua y la poca que hay es de muy poca calidad. A esto se suma que faltan médicos, medicinas, maestros, alimentos... En abril el termómetro marcaba casi 50 grados y ahora viene el calor de verdad.
Ha dicho que la población saharaui come cada tres días.
Me refiero a que con la ayuda humanitaria mensual que reciben solo llega para siete días al mes. Solo comen arroz y pasta porque los precios de los pocos alimentos que pueden comprar son prohibitivos. Un kilo de plátanos cuesta 5 euros y la carne de camello 8.
¿Qué le llevó a acercarse por primera vez al pueblo saharaui?
Todo empezó hace 25 años cuando una delegación saharaui vino a dar una charla al ayuntamiento de Mañeru. Me atrapó lo que contaron sobre la vida de supervivencia. Era una época en la que no había internet ni teléfonos para poder comunicarse. Me sedujo lo que me estaban contando, las necesidades que tenían. Contaban que vivían en un campo de refugiados y que tenían muchas carencias. A raíz de esa charla nos animamos en verano de 1997 a traer a una niña. (La misma que les regaló el cuadro que sujeta en la imagen). Hoy tiene más de treinta años y es madre de dos criaturas. Luego trajimos a tres hermanos de otra familia durante años.
Las familias navarras dicen que es más lo que reciben...
Tenemos mucho que aprender de estos niños y niñas. Se les coge mucho cariño pero que quede claro que no se intenta cambiar su forma de vida sino mejorar su calidad. Solo estamos ayudando. Vacaciones en Paz nació hace más de 40 años para sacarles de la guerra, darles un respiro, recuperarles física y mentalmente.
Apenas se habla del Sáhara.
¿Ha visto en algún medio de comunicación que se hable de la guerra en el Sáhara? Es un tema vetado. No sale. Y los padres de estos niños pueden estar muriendo bajo el fuego de los drones marroquíes. Hay personas adultas que solo han salido del desierto cuando vinieron de niños aquí.
El verano pasado sorprendió la ausencia de autoridades navarras a la hora de recibir y despedir a estos niños y niñas a los que llaman embajadores y cuya causa se utilizó como arma arrojadiza durante la campaña electoral.
No vienen. Y se les avisa. También avisamos a los medios de comunicación y tampoco acuden. No interesa.
Hace unos días llamó a los medios y lanzó un SOS. ¿Qué ocurre?
Yo he visto entregar sacos de harina en los campamentos y ahora como mucho se reparte un kilo para todo el mes. La ayuda humanitaria se ha reducido de una manera radical... y España tiene una responsabilidad con lo que está pasando. Urge sacar al mayor número posible de niños y niñas este verano.
¿Qué ha conseguido estos cuarenta años Vacaciones en Paz?
Desde que existe el programa ha descendido la mortalidad infantil en los campamentos un 80%. Aquí ganan peso suficiente para poder soportar el resto del año en el desierto. Les hacemos una revisión médica muy importante y luego sus informes médicos nos los mandan y los gestionamos para poder realizar un seguimiento. Además de comer cinco veces al día, gracias a este programa aprenden unos hábitos. Esto es una pasada para ellos. Supone un antes y un después en sus vidas.
El periodista le muestra dos fotografías de Leftam, una niña de 9 años que ha sido acogida estos tres últimos veranos por la pamplonesa Nerea Sáez. En una de las imágenes se la ve llorando en Orkoien, en su despedida en septiembre. La otra corresponde a Dajla en abril.
¿Qué siente al ver las fotografías de Leftam y Nerea?
No hay derecho a tener a estas personas en estas condiciones. También siento añoranza. Dajla, donde vive Leftam, es una olla. El mayor de los infiernos. Recuerdo la última vez que estuve que estaban todo el día enterrando a gente mayor y a niños por patologías relacionadas al calor.
¿Qué cantidad de dinero suelen pagar las familias navarras para traer los niños?
Este año serán 300 euros como mucho más la manutención. El viaje en sí no cuesta tanto. También proponemos los apadrinamientos. Es decir, hay gente que nos llama para cubrir económicamente el pago de los 300 euros y la manutención sin tener que acoger al niño.
¿Cuándo volverá al Sáhara?
Si la salud me los permite cuanto antes mejor... y no hagas ningún gesto (le dice a su mujer, que niega con la cabeza). Lo estoy pasando muy mal. He tenido tres veces el covid, ahora sufro el covid persistente... Así andamos, luchando.
Pero sigue en la primera línea.
Gracias a Carol que ha tirado del carro como una jabata. Ahora espero aguantar todo lo posible.