Artesanía
Miguel 'recicla' a San Fermín con rejas de cultivador
Rejas de cultivador, una bisagra de puerta antigua, un bocado de caballo, varillas de encofrar son algunos de los desechos de hierro con el que Miguel Herreras ha dado vida a una imagen del Santo. La composición mide poco más de 1 metro de alto por 0,75 de ancho y pesa casi 50 kilos.


Actualizado el 09/04/2024 a las 20:54
Miguel Herreras Escalada posee el don de crear figuras decorativas a partir de desechos de hierro. Clavos, tornillos, picos de albañilería, un trozo de una tetera o el cuerpo de un extintor estropeado. Todo le vale y todo lo moldea con sus manos este milagrés, de 52 años y de profesión herrero. Desde hace ya cinco años, el hobby de este empleado en Ferosal (una empresa auxiliar de Azkoyen en Peralta) consiste en idear nuevas composiciones para deleite de quienes las miran e intentar adivinar qué herramientas, utensilios o restos de metal ha empleado para lograr piezas tan realistas y cuidadas .
Ahora, Miguel ha usado el talento de dar una segunda vida al hierro con el que ha sido bendecido para ‘resucitar’ 25 rejas de cultivador, de las que emplean los agricultores al trabajar la tierra. Con ellas, ha armado una singular imagen de San Fermín, que mide poco más de 1 metro de alto pon 0,75 metros de ancho y pesa casi 50 kilos. “Son rejas de arar que se llaman de corazón y las he utilizado casi todas para el manto de San Fermín”, detalla el artista. “La cabeza está hecha con una herradura, que me encontré en el campo. La mitra está formada por dos rejas de motocultor y, en medio de ellas, va una bisagra de una puerta antigua...”, continúa, satisfecho de un trabajo que le ha ocupado casi todos sus ratos libres durante tres meses.


La idea de crear un San Fermín nació de un calendario de mano con la imagen del Santo que le regaló a Miguel su madre y que le acompaña en su cartera. Y sigue contando: “La parte del cuello es una pieza que llama bocado de caballo. Y el báculo está hecho con una falleba de una puerta antigua, una pieza que se usaba para cerrar la puerta, y de una barra de cortina. Y la imagen se asienta sobre una tajadera antigua de regadío”, comenta.
Quizá los dedos de las manos ha resultado lo más complicado. “Barajé usar tornillos pero me decidí por varillas que se usan para encofrar soldadas entre sí”, indica. Miguel tiene claro que no quiere vender sus más de 45 creaciones, aunque ha recorrido con ellas más de diez pueblos. “Estoy barajando exponer a San Fermín en algún lugar de Pamplona pero aún no lo tengo claro”.
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