Apuestas deportivas (II)
Adicto a las apuestas: "Apostar hacía emocionante cualquier partido insulso"
Comenzó a apostar “tontamente” recién cumplidos los 18. Poco a poco se fue metiendo en “una espiral destructiva” que lo absorbió. Ha logrado salir.


Actualizado el 04/03/2024 a las 18:08
Tiene 34 años y un puesto de responsabilidad que le obliga a manejar presupuestos millonarios. Se sacó una carrera superior, una FP y varios títulos de idiomas. Ha visto mundo y ha tenido una vida llena de oportunidades. “No puede ser que me esté pasando esto, no puede ser”, se negaba a sí mismo la evidencia. “Antes me hablaban de ludopatía y pensaba en el típico abuelo dejándose los cuatro duros de pensión en la tragaperras. Me daba pena pensar qué había tenido que pasarle a alguien para llegar a esa vida tan triste”. Este joven, que responde al perfil mayoritario de los que se acercan a Aralar, comparte su proceso de recuperación como adicto a las apuestas deportivas cuando está a punto de recibir el alta. “He estado a punto de echar mi vida por tierra”, admite.
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¿Cómo empezó a jugar?
De la manera más tonta. Acababa de cumplir 18 años y estaba en Madrid trabajando. Vivía en un hotel con el resto de compañeros y no teníamos nada que hacer por las tardes, porque estábamos en un polígono industrial. Empezamos a entretenernos apostando 5 ó 10 euros mientras veíamos deporte.
¿Por qué las apuestas deportivas y no otro tipo de juegos?
Las apuestas son un poco una extensión del deporte, o así lo pensaba al principio. Siempre me ha encantado y he competido, he jugado mucho al fútbol pero he practicado otros muchos. También jugué algo al póquer y se me daba bastante bien, pero no me gustaba, así que nunca he llegado a tener un problema. Las tragaperras no sé ni cómo funcionan, y la ruleta tampoco. Mi adicción han sido las apuestas.
¿Qué le hacía sentir apostar?
Vidilla, tensión, adrenalina. Hacía que cualquier partido insulso se convirtiera en algo emocionante. Es verdad que eso es al principio, porque según va pasando el tiempo tu cuerpo te pide más y más. Entonces subes las cantidades que juegas, crece el riesgo, todo aumenta exponencialmente, hasta que llega un punto en el que ya sientes casi indiferencia. No sé explicar por qué, pero llegó un momento en que ganar o perder me daba casi lo mismo, ya no me generaba esa sensación.
¿Cuándo fue consciente de que había generado una adicción?
Siempre pensaba que no tenía una adicción, que podía controlarlo y que al final iba a ser capaz de dejar de jugar. He estado temporadas que lo he conseguido por mí mismo, pero al final entras en un bucle que te atrapa totalmente. Hasta que llegó un momento en el que me vi tan endeudado que los préstamos prácticamente se comían todo mi sueldo, habiéndome comprado una casa hacía poco. La gota que colmó el vaso fue cuando aposté mi paga extra de junio en cuatro horas. Ahí dije: esto no puede ser, tengo un problema y necesito ayuda.
¿Qué consecuencias ha tenido el juego en su vida?
En cuanto a lo anímico, ansiedad, la autoestima por los suelos, el sentir que has fallado a tu gente, a tu pareja, a tus amigos, a tus padres. Te das cuenta de que estás echando tu vida a perder. En mi caso, nadie sabía de mi problema, aunque mi novia sospechaba algo. Se le hacía raro que hubiese momentos en los que podía permitirme cualquier tipo de lujos, y otros en los que no podía ni comerme un bocata. He llegado a ir al trabajo en bici porque no tenía ni para gasolina. La vida se te convierte en una montaña rusa, también emocional. Creo que aunque nadie lo notase tú, en el fondo, eres otra persona, porque te aíslas, estás pensando en cómo jugar, en cómo conseguir dinero, en cómo debo devolver ese dinero que debes. Estás en una espiral completamente destructiva.
¿Cuándo decidió acudir a Aralar?
Al día siguiente de haber perdido esa paga extra, busqué en internet todo tipo de ayuda. No sabía bien cómo explicarles a mis padres que, a pesar de llevar trabajando prácticamente de forma continuada desde los 18 años, no sólo no tenía dinero, sino que tenía un montón de deudas. No era capaz de pagar los gastos que tenía y necesitaba su ayuda. Me puse en contacto con Aralar, me autoprohibí para no poder jugar físicamente y on line. Y también me autoprohibí los microcréditos, que habían sido mi perdición porque llegué a acumular hasta cinco seguidos.
¿Se siente uno culpable por haber desarrollado una adicción?
Tienes sensación de culpabilidad por haber fallado, por tener que pedir ayuda con 30 y pico años, porque te has comprado una casa y no eres capaz de hacer frente a la hipoteca. Tu autoestima está por los suelos y es todo un abanico de incertidumbres. Yo he tenido muchísima suerte con mis padres, todo lo que encontré por su parte fue comprensión y apoyo. De esta salimos todos juntos, me dijeron. Se hicieron cargo del agujero que había dejado, que era de 45.000 euros. Y en estos dos años y medio, apretándome mucho el cinturón, he conseguido pagarles las deudas.
¿Qué diría que le aporta la terapia de la asociación?
La terapia se compone de dos partes. Una es el trabajo individual con la psicóloga. Es el momento del mes en el que puedes expresar cómo te sientes, cómo lo llevas y profundizar en el origen de la adicción. La otra es el trabajo de grupo. Cuando empiezas piensas que estás peor que todo el mundo, que tu problema es el más grande y que te vas a sentir juzgado. Pero no es así. Todo lo que te está pasando a ti hay gente que ya lo ha vivido antes. Y poco a poco, conforme vas cumpliendo pasos, eres tú el que puede empezar a ayudar a otros. Lo primero que consigues es romper todos los prejuicios, te encuentras con gente de todo tipo a nivel cultural, formativo y económico, porque esto es algo que se extiende como un virus en la sociedad.
¿En qué momento del proceso está?
Me puse en contacto con Aralar en julio de 2021 y hasta septiembre no pude entrar, porque hay lista de espera. Después de dos años y medio en la asociación, sólo tengo palabras de agradecimiento. He estado a punto de echar mi vida por tierra y siempre estaré en deuda con ellos. Con el juego siempre voy a estar ojo avizor, pero en este momento ya no pienso en ello, y eso me quita un peso de encima brutal. Además de todo eso, Aralar me ha permitido tratar otros aspectos de mi vida que pueden ser el origen de que haya acabado jugando. Estoy muy agradecido porque me han ayudado a poner orden en mi vida.
¿Considera que el juego está demasiado normalizado?
Lo he vivido. He sido entrenador de equipos de cadetes juveniles y hablar de lo que han apostado es el día a día en el vestuario. Lo hacen con total normalidad, consideran que es una extensión del juego, pero ahí está el error. De deporte no tiene nada. O vas a cualquier bajera y todos han apostado alguna vez; muchos, cada fin de semana y algunos hasta entre semana. Hay máquinas en cualquier bar, se ha llegado a hacer publicidad con los deportistas más famosos, se ha patrocinado equipos deportivos. Se habla siempre de juego, nunca de ludopatía y de todos los problemas que hay detrás. Se ve el lado bonito, el divertido, pero nadie te cuenta lo que te puede llevar a hacer. Creo que sí es un problema y que todavía lo va a ser más en el medio plazo. Pero nadie dice nada, nadie hace nada y todo el mundo mira para otro lado.
Desde su perspectiva, ¿qué medidas deberían tomarse para prevenir este tipo de dependencias?
Creo que es fundamental la información y la prevención. Hablamos de sexología, hablamos de drogas, pero no hablamos de la adicción al juego en los institutos, que es cuando empiezan a jugar. No voy a decir que hay que prohibirlo porque no creo en ese tipo de medidas, pero sí pienso que hay que informar a la gente, darle herramientas para detectar que el uso se está convirtiendo en un abuso. También hay que advertir a los padres de que sus hijos pueden desarrollar adicciones, igual que con otro tipo de droga, para que estén atentos. Además, hay que dar muchas más posibilidades para pedir ayuda. Ahora está muy complicado:el que lo sufre, lo sufre solo. Es una adicción que mata en silencio, porque no la ves. Hasta hoy no se han empezado a tomar medidas en serio, esperemos que la nueva regulación del Gobierno de Navarra proteja de verdad a la sociedad, especialmente a los jóvenes.