Tribunales
La estafa a una empresa navarra enredada con piedras preciosas
Tres acusados fueron juzgados ayer en Pamplona por engañar a una empresa para que ingresara en una cuenta errónea 180.000 euros


Publicado el 01/02/2024 a las 05:00
Cuando una multinacional de la automoción con sede en navarra abonó a una empresa de plásticos de Palencia los 180.081 euros de una deuda por un pedido, para nada podía imaginar que cuatro años después se analizaría el rastreo de esa transferencia en un juicio en la Audiencia Provincial, que uno de los acusados de desviar el dinero utilizaría como coartada el comercio de piedras preciosas con África, otro citaría las obras de la embajada de Nepal en Madrid y un tercero se desentendería diciendo que nunca había pasado un “bochorno tan inaudito”.
El tribunal deberá decidir sobre este enredo de estafa que ayer se juzgó en la Sección Segunda, caso en el que el fiscal pide 4 años de cárcel para cuatro acusados, uno de ellos en rebeldía. Según su escrito de acusación, el 25 de noviembre de 2019 los cuatro enviaron varios correos electrónicos a una empresa proveedora del sector de la automoción simulando ser la firma de Palencia y reclamando el pago de una deuda que era real. Para ello, facilitaron el número de una “nueva” cuenta de la empresa, para que ingresaran ahí el importe, cuando en realidad la cuenta pertenecía a la sociedad de dos de los acusados. El 28 de noviembre, se hizo la transferencia de los 180.081 euros, dinero que según el fiscal se quedaron los acusados. Ellos lo negaron ayer.
El propietario de la empresa que recibió el dinero dijo que en esas fechas estaba jubilado y que no conoció el abono hasta que llegó un burofax del banco que le comunicaba un embargo. “Yo no me he beneficiado de ese dinero, solo he sufrido perjuicios: el embargo de dos cuentas y el bochorno ante mi familia por estar al descubierto”. Su hijo sí que admitió el ingreso del dinero, pero ofreció una versión muy distinta a la del fiscal.
Aseguró que alguien de nombre Enrique, al que conocía por haber hecho unos negocios anteriores como la construcción de la embajada de Nepal y la residencia del embajador, le dijo que había cerrado un acuerdo con una empresa para llevar a cabo instalaciones y obras de ingeniería. “Él era intermediario y se encargaba de todo el proceso”, declaró. El fiscal le preguntó si no le extrañó que en este supuesto negocio hasta le ordenaran el número que tenía que constar en las facturas emitidas. “No le di mayor importancia”. Un día, relató, el tercer acusado le llamó y le dijo que le acababan de ingresar en la cuenta de la empresa un dinero (los 180.081 euros del pleito) como anticipo por ese supuesto proyecto. Durante esa semana, el otro acusado, el jefe de este y el tal Enrique se pasaron por su oficina a cobrar la comisión pactada. En total, se llevaron 26.000 euros. El resto, fue transferido a otras cuentas de otras empresas del grupo. “Es que la normativa no deja tener más de 100.000 en una cuenta”, justificó.
El tercer acusado, que declaró con intérprete, tampoco aclaró precisamente el relato. Negó haber cobrado comisión alguna y desconoce por qué aparece su firma en un recibí de 5.000 euros. “Yo no he robado nada”, insistió. Y entonces habló de piedras. De que solo tenía relación con el segundo acusado por este comercio. “Yo compraba piedras y oro en África y él buscaba compradores”.