La novela ‘Nueva esperanza’ aborda la búsqueda constante

En la obra de Koldo Azkune, la pamplonesa Sara viaja a México en 1997, sufre la crisis económica de 2008 y se involucra con una secta en Tierra Estella en 2020

Koldo Azkune, fotografiado en Sarriguren
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Koldo Azkune, fotografiado en Sarriguren
Koldo Azkune, fotografiado en Sarriguren

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Laura Puy Muguiro

Publicado el 29/01/2024 a las 05:00

Koldo Azkune ha elegido una novela para recuperar su memoria y plasmar una realidad que le tocó vivir. Se llama Nueva esperanza, una historia de una superviviente, Sara, pamplonesa, que recibe muchos golpes pero que va buscando sentido a su vida, lo que se transforma en una búsqueda constante. La novela, que ha autoeditado y que recibió una ayuda a la creación artística del valle de Egüés, abarca un recorrido de dos décadas, entre el asesinato de Miguel Ángel Blanco en 1997 y la crisis sanitaria del coronavirus en 2020.

Licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra, la trayectoria profesional de Koldo Azkune Etxabarri (18 de junio de 1971) está ligada a trabajos administrativos, que ha ido intercalando con viajes por el mundo. Como el que da inicio a Nueva esperanza”: la huida a México de Sara, que quiere escapar de una situación familiar y social que se le hacen sofocantes. “Necesita tomar oxígeno, y ese viaje es determinante para su vida, ya que su futuro se queda marcado por esa experiencia al otro lado del mar Atlántico”, señala Azkune sobre su segunda novela, tras Garatea en 2014.

Sara es una mujer que nace a finales de la década de los setenta “en un barrio acomodado de Pamplona, Iturrama, y Azkune construye una biografía dividida en tres hitos donde están condensados muchos acontecimientos. Primero, el viaje a México, en cuya capital descubrirá los claroscuros del amor romántico y en el resto del país, “experiencias muy enriquecedoras”, sobre todo en la selva de Chiapas, de las comunidades indígenas que se han rebelado contra el Gobierno mexicano, el movimiento zapatista.

La novela da un salto temporal de diez años para situar a Sara de nuevo en Pamplona, tras la crisis económica de 2008: no ha podido conseguir empleo como bióloga y desempeña un trabajo de jornada reducida en un supermercado. La crisis económica se ceba con ella y pierde su pequeño piso por no poder hacer frente a los pagos de la hipoteca. El tercer hito recoge los tiempos justamente anteriores a la crisis del coronavirus, cuando se comenzó a hablar de una extraña epidemia en un mercado de China. En este momento Sara se ve envuelta en una secta religiosa radicada en un pueblo de Tierra Estella.

Azkune ha querido retratar a una mujer nacida en el baby boom, “entre finales de los sesenta y comienzos de los ochenta”. “Nos ha tocado una época con grandes cambios, y hemos sido arrollados por una revolución tecnológica a pesar de que la mayoría hemos pasado nuestras infancias jugando en las calles con piedras y embadurnados de barrio”. “Ese aluvión de cambios constantes” ha llevado “a muchos a tener una sensación de inseguridad permanente y a buscar algo a lo que amarrarse”. Y a veces los viajes tienen ese objetivo.

Azkune viajó a Chiapas en la época en la que lo hace Sara, y muchas experiencias nutren la novela. El país acababa de entrar en el Tratado de Libre Comercio con EE UU y Canadá. “Y los primeros que empezaron a sentir los efectos del liberalismo a ultranza fueron los indígenas, de ahí este alzamiento”, explica Azkune, que formó parte de los grupos de apoyo a Chiapas y vivió en las comunidades zapatistas.

Antes de llevar a Sara a México, hizo memoria de la Pamplona de los noventa, una “época muy visceral”, con “una sociedad como la actual, partida por la mitad, con dos bandos que se miran con desconfianza”. Y seleccionó el colapso de la burbuja inmobiliaria de EE UU porque “a todos, de una forma u otra”, afectó ese miedo a no poder pagar la hipoteca. Vivencias particulares que ha novelado para “crear el armazón e inventar una trama”.

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