Navarros Globales
Así vive una pamplonesa a 210 kilómetros del Círculo Polar Ártico
Psicóloga de formación, Irantzu Garcés ha encontrado en Finlandia la estabilidad laboral y personal. Trabaja en el departamento de recursos humanos de la Universidad de Oulu y vive con su marido, un ingeniero turco


Publicado el 24/12/2023 a las 05:00
Una confluencia de razones hizo que la pamplonesa Irantzu Garcés encaminara sus pasos hacia Finlandia hace ya casi 4 años. “Crisis profesional, falta de oportunidades en España, una relación a distancia de 4 años”, detalla desde Oulu. Esta ciudad de más de 200.000 habitantes, la principal del norte y la quinta más grande del país, está ubicada en el golfo de Botnia, a sólo 210 kilómetros del Círculo Polar Ártico y muy cerca de la frontera con Laponia.
Garcés trabaja en el departamento de recursos humanos de la Universidad, en la rama internacional, concretamente en un proyecto nacional de internacionalización. Ella, que es psicóloga de formación, considera que Finlandia le ha permitido “reinventarse”. “Me ha dado la oportunidad de trabajar en algo en lo que no tenía experiencia previa”, explica. Antes de ocupar este puesto pudo participar en un grupo de investigación en la misma universidad.
Antes de aterrizar en Finlandia, la navarra ya tenía experiencia internacional. “Hice una corta estancia en Bélgica en el Parlamento Europeo y después estuve un año en Estados Unidos. Entre medias, tuve varios trabajos en España, pero la mayoría no relacionados directamente con la psicología. Ahora la profesión está en auge, pero antes de la pandemia conseguir un puesto como psicóloga con poca experiencia era muy difícil”, apunta.
DNI
Nombre: Irantzu Garcés Munárriz
Fecha y lugar de nacimiento: Pamplona, 15 de febrero de 1991
Padres: Miguel Garcés y Begoña Munárriz. Es hija única.
Estudios: Ikastola San Fermín y Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid
Lugar de trabajo: departamento de recursos humanos de la Universidad de Oulu (Finlandia). Antes había trabajado en Ilunion (Madrid), Ktuin y Apascovi. También hizo una estancia en el Parlamento Europeo y vivió un año en Estados Unidos.
Con la perspectiva que le da haber trabajado en distintos países antes, valora que en Finlandia “la cultura laboral es muy distinta”. “Se le da mucha autonomía al trabajador y la relación entre jefe y empleado es muy lineal. El horario es flexible y se hace mucho énfasis en el bienestar y en la conciliación de la vida personal y profesional. No hay necesidad de titulitis como en España ni de quedarte en la oficina calentando la silla. Uno de los valores de la cultura finlandesa es la confianza, y eso se traslada también al ámbito laboral”, desarrolla.
LA RUTINA DIARIA Y LA RED SOCIAL
Garcés vive con su marido, turco. “Es ingeniero industrial y trabaja como investigador, está haciendo un doctorado en la facultad de tecnología”. La rutina del matrimonio se transforma en función del calendario. “Los días en invierno son muy cortos y por las tardes, después de trabajar, cuesta hacer cosas cuando es de noche”. En verano, en cambio, sucede lo contrario. “Cuesta irse a casa cuando no anochece”.
Aprovechan la flexibilidad de la que disfrutan para organizar el día como mejor les convenga. “Algunos días vamos a trabajar a la oficina y otros trabajamos desde casa”. Por las tardes, ella suele ir al gimnasio, a yoga y a clases de finés.
Garcés ha conseguido “conocer gente y tener amigos de todo el mundo” gracias al ambiente internacional que se respira en la universidad, pese a que la pandemia supuso “un obstáculo grande” nada más aterrizar. “La barrera del idioma también afecta. Socializar en otro idioma, aunque lo domines bien, es diferente”. Cree, sin embargo, que crear “lazos fuertes es difícil”. “Es común que conozcas a gente que está de paso”. Y con los locales, no es habitual vivir la amistad con la regularidad o la frecuencia a la que acostumbramos aquí. “Puede que tengas una muy buena amiga finlandesa pero quedes con ella 4 veces al año. Para ellas no es problema y cuando os veis sois tan amigas como siempre”.
CONFIANZA Y EXCESIVA INDEPENDENCIA
Piensa la pamplonesa que esa confianza en los demás de la que antes hablaba es uno de los rasgos más destacados del modo de vivir finlandés. “Puedes dejar el coche arrancado y meterte al supermercado a hacer la compra, o hacer una mudanza y pagar por el servicio un mes más tarde, cuando te llega la factura”.
Si tuviera que hablar de algo que le haya sorprendido para mal, se queda con “la indeferencia” que muestran hacia el otro. “Quizá es más independencia, pero cuando vienes de otra cultura más social lo percibes como indiferencia. Los vecinos no te saludan, tus compañeros de trabajo tampoco. No te preguntan qué tal estás y si te dicen que qué haces el viernes, es sólo una pregunta y no una invitación a hacer algo juntos. Esas cosas te chocan y hasta que aprendes que no es algo personal, es difícil de llevar”, admite.
AUSENCIAS Y PLANES DE FUTURO
Garcés no sabe qué le deparará el futuro. “Echo de menos a mi cuadrilla y a mis amigos de antes, a mi familia, y a todas las cosas que han pasado en mi ausencia”. No descarta la idea de volver algún día. “Es la pregunta del millón. No me importaría si hubiera una buena oportunidad en alguna de las dos universidades de Pamplona, aunque también tendría que darse el caso de que mi marido pudiera venir y tener un puesto interesante”.
Esa sensación de que Pamplona se le quedaba pequeña que tenía a los 20 años, y que le llevó a marcharse a Madrid, ya no es la misma. “Después de haber vivido fuera 16 años y haber pasado de los 30 empiezas a valorar otras cosas, ves ventajas donde antes veías inconvenientes”, admite. “También es que las ciudades cambian, igual que cambian las personas”, reflexiona.