Obituario
Justo Donézar, Caballero de la Real Orden del Pilar y Hermano de la Pasión


Publicado el 20/12/2023 a las 05:00
Cuando las palabras están habitadas por sentimientos, los trazos hablan, se entristecen, cuentan o se alegran. Con las letras ocurre lo mismo. Decía Antonio de Nebrija que la invención de las letras “es el mayor provecho acarreado por el hombre”. Justo Donézar Desojo, mi amigo Justo, mozorro, osasunista, taurino, sanferminero, caminante entre hayedos y castaños, golfista, y hasta internauta, no puede ser encasillado en un artículo y menos en un epitafio. Justo, mi amigo, es, y repito el verbo, es un navarro grande y firme, honesto y fiel. Lo reitero, uno de los hombres más buenos que he conocido.
Nació y vivió su juventud en el callejero más antiguo, entre casas y comercios de hidalguía, viendo el saber artesano de los oficios que tejían tradiciones y costumbres, oro de cruces profesionales, cirios con llamas ardiendo de fe. Recorrió ya universitarios todos los vericuetos, serrezuelas, sendas, repechos y alcorces de Navarra. Amaba su tierra, acariciaba sus plantas, oteaba sus horizontes y aún amó más a Carmen, bella navarra, rubia con ojos de hadas. Quiso con fuerza a su familia, vivió fechas señaladas, aniversarios, nacimientos, excursiones. El contrapunto a esta devoción por Navarra han sido los frecuentes viajes del matrimonio, no sólo por lugares y paisajes cercanos, sino para descubrir culturas y países tan lejanos como, Egipto, la India, China, Perú o Argentina. Recuerdo que coincidimos hace no mucho tiempo en un local de jazz de Nueva York.
Justo, Caballero de la Real Orden del Pilar y Hermano de la Pasión, era fiel asistente a las celebraciones litúrgicas. Si las letras capitulares, ornato miniado de los códices medievales eran, pinturas de letras, acabaré este recuerdo resaltando la imagen de Justo con tres colores, el rojo de Navarra, de Osasuna y de San Fermín, el verde de los montes que cuidó y el azul de la banda de caballero pilarista. Fuerte abrazo, amigo y compañero. Que la virgen, a quien cantaste tantas veces ‘A tí me arrimo’, te acoja bajo su manto.
El autor es amigo del fallecido