Libros
Sonsoles Echavarren, periodista: "La vida es un conjunto de decisiones personales y de lo que ocurre por azar"
Diario de Navarra edita y pone a la venta un libro que recopila cerca de cuarenta artículos de la periodista publicados en el periódico. En él habla de sus historias familiares, de hijos y de la vida


Actualizado el 16/12/2023 a las 17:50
Dice Carolina Isasi, periodista cultural y prologuista de “El puzle de las historias familiares. Relatos de la vida de ayer y hoy”, que su autora, Sonsoles Echavarren Roselló, “ observa el mundo a diario” y que “sus artículos están impregnados de su infancia y sus vivencias”. Y añade: “Solo alguien que vive la escritura y el periodismo como ella logra llegar a lo más profundo del lector”. Echavarren, madre de tres hijos, periodista en Diario de Navarra, responsable del área de Educación, Familia y Universidad, vuelve a escribir de lo que le afecta, de hijos, padres, abuelos y bisabuelos, de colegios y vacaciones de Navidad, de hermanas, de infancias, de croquetas y de Pippi Lamstrung. De la vida. No solo de la suya, sino también de la de otras personas que, seguro, pueden verse reflejadas en sus historias. “Porque mucha gente tiene también un tío en América”, explica. En este su cuarto libro, editado por Diario de Navarra, recoge una selección de las columnas de opinión publicadas en el diario en los últimos cinco años. El libro sale a la venta mañana con el periódico, al precio de 19,90 euros.
Le dedica un capítulo a la croqueta. ¿Es de croqueta o de 'cocreta'?
De croqueta, claro. Y de croqueta congelada. Ayer mi prima me llamó por teléfono y cuando le dije que estaba haciendo croquetas me contestó sorprendida: “¡Cómo te puede dar tiempo!” Le especifiqué que eran congeladas y me respondió:
“Ah, bueno, entonces estás friendo croquetas, no haciéndolas”... Pues eso.
Homenajea en toda regla a la croqueta. ¿Por qué?
Porque quiero explicar que no pasa nada porque las mujeres no sepamos o no queramos hacer croquetas. Hacemos otras cosas. La generación de mi madre, quien, por cierto, fue la primera que accedió a la universidad en su familia como le ocurrió a mi padre, tenía más complejos por no hacer croquetas ni bizcochos, por no coser..., a diferencia de otras madres que entonces no trabajaban.
¿Hoy ya no existe ese complejo?
Creo que no. O por lo menos, no tanto. Considero que a las mujeres de nuestra generación no nos importa tanto y muchas compramos congeladas. Aunque complejos de otro tipo sigue habiendo. Y muchos.
¿Por ejemplo?
Tengo una amiga directiva con un alto cargo en una multinacional que viaja mucho. Tiene que escuchar comentarios despectivos de otras madres del colegio que la critican por no organizar los cumpleaños de sus hijos o por hacer con ellos las tareas por Skype.
Hace seis años publicó ‘Las Reinas del patio’ (Ediciones Eunate). ¿Es este libro una continuación?
En parte, sí. Pero es más. Porque yo soy otra persona. He madurado, gracias a mi trabajo; he ampliado mi formación y por eso y por los avatares de la vida sé más que hace seis años. Además, entonces mis hijos eran más pequeños y los temas se centraban en cómo quitar el pañal, la lactancia, las noches en vela... Los granos de la lactancia han sido sustituidos por los del acné. “Las reinas” tenían más humor y hablaba más de las cuestiones familiares del día a día. “Puzle” es más maduro. En estas páginas, además de reflexionar sobre el día a día, abordo otros temas más profundos y el tono resulta más serio.
Las noches en vela ya no son causadas por un virus o por la fiebre sino por el ocio nocturno. Y en su próximo libro, ¿de qué cuestiones cree que escribirá?
Me gustaría escribir que mis hijos están estudiando lo que ellos han elegido. Quizá el mayor estará ya trabajando. Ojalá escriba, entre otros asuntos, que son felices con sus decisiones.
De “Las reinas” al “Puzle”. ¿Por qué el título?
Porque la vida es un conjunto de decisiones personales y de lo que ocurre por azar. La gente se encuentra o no. Mi bisabuelo materno era un hombre analfabeto de un pueblo de Salamanca que, después de hacer la mili en África, pasó unos días en Madrid. Mi bisabuela materna, por su parte, huyó de un pueblo de Guadalajara a Madrid, escapando de los malos tratos de su madrastra. En la capital, Hilaria empezó a trabajar cuidando a un niño con discapacidad, hijo de un médico. Un día paseando con el niño por el parque de El Retiro se encontró con Salvador, mi bisabuelo, vestido de soldado. Se enamoraron, se casaron y así encajaron las piezas del puzle del que más tarde nacería yo. Esta es solo una de las historias
En el libro adquieren un gran protagonismo los relatos familiares de sus padres, abuelos, bisabuelos... ¿Cómo se ha documentado?
Para el capítulo de la familia, con las historias orales que siempre se han contado entre nosotros. Porque desde pequeña, desde los 5 o 6 años, siempre me ha gustado hablar con mis abuelos para que me contaran cómo era su vida en su infancia y juventud. Creo que aquí está el germen de mi decisión para ser periodista. Me acuerdo una tía paterna de mi padre (María Ángeles Echavarren), que era un libro abierto. Siempre contaba historias de sus padres, que eran mis bisabuelos, y de algunos tíos que habían emigrado a América. En los años sesenta se fue a Barcelona donde se empleó en una tienda y luego volvió a Pamplona y trabajó de portera en un edificio de la avenida Roncesvalles hasta su jubilación.
De todos estos personajes, ¿quién le ha influido más?
Mi abuela materna, que ha sido como mi segunda madre y que tiene una historia de novela.
De hecho ya la noveló en otro de sus libros, “Mujeres de novela. Quince vidas extraordinarias del siglo XX” (Eunsa, 2020)...
Sí. Lo que más me gustaba era que me contara sus años de adolescencia durante la Guerra Civil en Madrid, desde los 13 a los 16. Las historias de las guerras siempre me han atraído y, pasado el tiempo, he descubierto que el motivo de ese interés recaía en las vivencias de mi abuela. Además de las personas, también me documento con bibliografía y películas sobre la época. Así ocurre por ejemplo si escribo sobre momentos determinados de la historia.
También añade en gran parte de sus columnas de opinión la reflexión de expertos que aportan su conocimiento. ¿No basta solo la opinión personal?
Yo parto de una anécdota personal sobre la que opino y a partir de ahí la fundamento con reflexiones de expertos, con libros, películas... que hacen referencia a esa temática para que así el lector pueda, si quiere, profundizar.
¿Pero parte antes de la información para expresar opinión?
No siempre, pero en muchos casos, sí. Para opinar me nutro de las informaciones de actualidad que he escrito recientemente. Por ejemplo, sobre las adicciones de los adolescentes, los problemas de los bebés prematuros y su pérdida... En otros casos, abordo asuntos que he vivido aunque no haya escrito informaciones sobre ellos, como las vacaciones de verano, la llegada de Navidad, los cumpleaños infantiles...
Habla de historias pasadas, pero también de presentes y futuras.
Todas las historias familiares que escribo, del pasado, presente y futuro, son personales, pero quiero que sean un espejo en el que se miren los lectores y se sientan reflejados. Porque muchos han tenido un tío en América o sus antecesores han vivido la emigración o la Guerra Civil...
Dice de su madre, catedrática de instituto de Geografía e Historia, que a los cuarenta días de nacer usted tuvo que volver a trabajar. ¿Se ha evolucionado desde entonces? ¿Queda mucho todavía?
Queda muchísimo por conseguir. Sí que desde hace cincuenta años hasta hoy las mujeres que lo desean se han incorporado a l mercado laboral. Pero la carga familiar y de cuidado no se ha repartido del mismo modo en general, salvo excepciones. Con lo que las mujeres tenemos un doble trabajo, algo que antes no ocurría.
De todas las historias que cuenta, ¿con cuáles se queda?
Con dos. Una es la del reloj de bolsillo de mi tatarabuelo, comprado en 1860 en Montevideo (Uruguay) que ha viajado en el tiempo por cinco generaciones de la familia, a ambos lados del Atlántico.
¿Y la otra?
Cómo se conocieron mis abuelos maternos. Ella era la telefonista en El Tiemblo, un pueblo de Ávila. Mi abuelo era el guardia civil de puertas del cuartel de Barraco, una localidad vecina. Ella le ponía las conferencias. Yse enamoraron por teléfono. La versión de hace 80 años de Tinder, sin ir más lejos. Se enamoraron por la voz.
¿Es víctima en alguna ocasión de la falta de inspiración?
No. Porque me inspiro en las pequeñas cosas y las pequeñas cosas siempre suceden.
¿El libro va también dirigido al público masculino?
A diferencia del libro “Las reinas del patio”, que podría parecer, aunque no lo era, que estaba dirigido a madres jóvenes, este va destinado claramente a todo tipo de público: hombres, mujeres, jóvenes, mayores, con o sin hijos... Porque los temas que se tocan son universales y afectan a todos.
En sus textos, destila cierta nostalgia hacia tiempos pasados. Pero, ¿no tienen hoy los hijos más oportunidades en todos los sentidos que hace unas décadas?
Cada uno tiene su vivencia y yo puedo hablar de mi caso personal. Yo viví una infancia, una adolescencia y una juventud privilegiadas en todos los sentidos: académico, cultural, emocional y económico. Iba al conservatorio y en los veranos estudiaba inglés en el extranjero. Ahora, en general, veo que en las familias nos cuesta mucho más trabajo sacar adelante a nuestros hijos si queremos ofrecerles lo mismo que tuvimos nosotros.
Escribe sobre Internet, redes sociales, móviles y jóvenes. ¿Qué le parece la iniciativa para retrasar el uso del móvil de los 12 a los 16 años cuando, por otra parte, a esa edad se puede abortar sin permiso de los padres?
No soy partidaria de prohibir porque hay que respetar las realidades de todas las familias. Puede que en algunas sea conveniente que los hijos tengan móviles por diferentes razones. Sí insisto en que el uso del teléfono se debe enseñar. Hay que educar a los hijos tanto en la vida on line como en la off line. Igual que se les dice que deben tratar bien a sus compañeros de clase, deben saber que no se puede insultar o despreciar por Whatsapp.
El tándem familia-escuela
Dedicada a la información sobre Familia y Educación y reciente el último informe PISA, que no deja muy bien al alumnado navarro, ¿piensa que hay motivo de preocupación o son exageradas la voces de alarma?
El último informe PISA arroja los peores datos de la historia de los estudiantes navarros, que se sitúan a la cola de España en Matemáticas, Ciencias y Lectura. Es realmente un motivo de alarma. Es este caso, además de escribir la información para el periódico, me toca personalmente porque los datos de este año son los que evalúan a los alumnos que tenían 15/16 años en 2022, como mi hijo mayor. Por lo que es una realidad que conozco y que veo de cerca.
¿Qué hacer?
Dar más importancia a la cultura del esfuerzo, el trabajo diario y la perseverancia desde las familias.
¿No es fácil echar la culpa a las familias? ¿No son los profesionales los que tienen la preparación para buscar soluciones?
Hay que construir un tándem entre las familias y la escuela. Las dos partes tenemos la misma responsabilidad y debemos impulsar un trabajo conjunto. No debemos responsabilizarnos unos a otros de los problemas que surgen, sino afrontarlos de la mano.
DNI. Periodista y escritora Sonsoles Echavarren (Pamplona, 1976) es redactora en Diario de Navarra desde hace veinticinco años, donde escribe información y opinión sobre Educación y Familia. Profesora asociada de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, publica ahora su cuarto libro, después de ‘Las reinas del patio’, ‘Mujeres de novela’ y ‘Camino sin abrazos’ (Papeles del Duende). Ha recibido varios premios periodísticos como el Concha García Campoy (2017), IVI de Comunicación (2019) o el Tiflos de Periodismo Social de la ONCE (2022). Es madre de tres hijos varones de 17, 14 y 10 años.
A la venta desde mañana y Club de Lectura el día 21
El libro se puede adquirir en los puntos de venta habituales de Diario de Navarra desde mañana con el periódico, a un precio de 19,90 euros. La periodista protagonizará el próximo jueves 21 de diciembre, a las 19:00 horas, una sesión del Club de Lectura de Diario de Navarra, en la sede histórica del periódico en la calle Zapatería. Para acudir hay que inscribirse en Mundo DN, en la web del periódico. La entrada es gratuita hasta completar aforo.