Obituario

Santiago Arellano, maestro

Santiago Arellano.
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Santiago Arellano.
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Javier Marcotegui Ros

Publicado el 07/12/2023 a las 07:35

Adiós, Santiago. Me reconforta saber que ahora estarás con tus amigos de la otra vida, esa vida mejor en la que, con acendrada fe, creías.

Nos conocimos allá por el año 1979. Éramos jóvenes, llenos de esperanza e ilusión por desarrollar nuestra vocacional profesión, la de ser maestros. Recién te habían nombrado Director del Instituto de Enseñanza Media Padre Moret. A mí, del Navarro Villoslada. Eran momentos políticamente muy convulsos: la transición política del régimen de Franco al sistema democrático actual. Los institutos y sus alumnos eran una de las herramientas políticas que se utilizaban en la batalla política. Trabajaste y sufriste mucho para que la actividad de tu instituto no se viera afectada por esta circunstancia o, al menos, para que lo fuera en la menor medida posible.

Nos vinculaban los mismos objetivos. Tu elegiste la senda de la pedagogía y yo la de la política. Te marcaste como objetivo educar, no solo enseñar, a tus alumnos, dotar de herramientas eficaces a los padres para que tuvieran éxito con la educación de sus hijos, formar a los profesores. Actividad que te ha ocupado hasta el momento de tu fallecimiento.

Aquello te llevó, junto con un grupo de amigos profesores entre los que me contabas, a crear la Fundación Pedagógica Amado Alonso. ¡Cuantos sábados dedicaste a dar contenido pedagógico a esta fundación! Reunías a un grupo de tus amigos, profesores de Ciencias, de Historia, de Filosofía, de Literatura para orientar la actividad ordinaria de otros muchos profesores de enseñanza Primaria y Secundaria. Recuerdo con especial cariño las horas de exposición de un tema, el debate sobre el mismo y las charlas relajadas en el Parador de Olite al acabar la tarea. En una ocasión, para regocijo de todos los asistentes hiciste un sesudo y divertido comentario de texto a la infantil canción de “Caracol miricol, sacas los cuernos y vete al sol …”, para demostrar que todo texto podía ser utilizado para la actividad educadora.

Te nombraron Inspector extraordinario de Bachillerato en la Delegación Provincial de Educación de Navarra, donde seguimos trabajando juntos predicando nuestra legítima concepción de la enseñanza y de su sistema educativo. La LOGSE no andaba lejos y no había Asociación de Padres que se nos resistiera si solicitaba nuestra intervención.

Y llegó el momento de mayores posibilidades de influencia en la Educación de Navarra: El cargo de Director General en el Departamento de Educación que yo dirigía. Recuerdo como si fuera ayer el momento en el que te lo propuse. Era un día del mes de septiembre, al mediodía y estábamos sentados en un pretil de las murallas de la Vuelta del Castillo. Lo aceptaste de inmediato pero me dijiste: “Y ahora ¿qué hacemos después de haber predicado durante años contra el proyecto de la LOGSE?”. Te respondí: “Aplicarla porque es la ley de todos y debemos desarrollarla para todos. Vete a casa y lee de nuevo el preámbulo, que algún rinconcito encontrarás en el donde nos podamos encontrar cómodos”. Ya lo tengo, dijiste al día siguiente, y de allí salieron los itinerarios educativos, las singulares medidas de atención a la diversidad, los puentes entre la FP y el Bachillerato, las AEO (Actividades Educativas Organizadas), el singular desarrollo de la enseñanza infantil de 0 a 3 años y otras muchas medidas que en aras de la brevedad no expongo. Uno de tus colaboradores, inspector de educación, decía: “Llega Santiago y, como el albañil que con la cuerda manchada de azulete marca en el suelo dónde debe construirse el tabique, así lo hace y se va”.

Cuanto más difíciles, arduos y complicados fueran los problemas, más empeño ponías en encontrar las soluciones. En tales ocasiones, unas perlitas de sudor aparecían en tu cabeza. Eran la consecuencia de la enorme actividad de tus neuronas. Agobiados, en otra ocasión, te dije: “Santiago, hasta tu amigo de arriba nos ha abandonado”. No puede ser, pensaste y, en efecto, no fue. Dedujiste que era cosa de milagro, yo de la providencia que se manifestaba a través del azar por tu trabajo bien hecho.

En suma, Santiago, ¡cuántas cosas te debe la educación de Navarra! Acuérdate de nosotros.

Javier Marcotegui Ros fue consejero de Educación del Gobierno de Navarra

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