Iglesia Navarra

José Sesma, el confidente del nuevo arzobispo de Pamplona

Mercedario navarro de 86 años, José Sesma León fue la persona a la que acudió Florencio Roselló, arzobispo electo de Pamplona y obispo de Tudela, antes de aceptar el cargo. Le antecedió en la pastoral penitenciaria y “ha sido referente”

José Sesma León, en una imagen cedida por la orden de la Merced.
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José Sesma León, en una imagen cedida por la orden de la Merced
José Sesma León, en una imagen cedida por la orden de la Merced.

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Pilar Fernández Larrea

Publicado el 12/11/2023 a las 05:00

La mirada de la diócesis navarra, de religiosos y laicos enfoca desde el jueves en Florencio Roselló, hasta este 9 de noviembre un fraile mercedario habituado a caminar por los márgenes, en una densa labor pastoral en las cárceles. Él mismo expresó conciso ese día que “el Papa ha ido hasta la última celda a buscar un obispo nada menos que para Pamplona”. Dijo también que el suyo ha sido “un salto de trampolín”, nombrado arzobispo antes de ser obispo. Y desveló algo más. En la montaña rusa que supuso la llamada del nuncio, que no esperaba “ni en el más remoto imaginario” y acudió al provincial y a una persona “referente” para él, un navarro que ha sido confidente, consejero y que guardó celoso el secreto: “Desde la reflexión, la oración y el acompañamiento, sobre todo de un hermano que para mí es referente, el padre Sesma; desde ahí..., pues he dicho sí”.

Fray José Sesma León, mercedario corellano nacido en 1937 es la persona en quien confió el nuevo arzobispo de Pamplona. Roselló reside desde 2015 en Castellón, en la parroquia de San José Obrero, en un barrio obrero, siempre cerca de la cárcel a la que en estos años acude prácticamente a diario. En la casa episcopal de aquella provincia compareció y explicó paciente cómo y cuándo supo que el Papa le había elegido para relevar a Francisco Pérez. “El nuncio quería una respuesta rápida. Le dije que me tomaría tiempo”, explicó delante del obispo Casimiro López y ante cámaras y periodistas. Entretanto, fray José le escuchaba a 64 kilómetros, en el monasterio valenciano de Santa María del Puig, donde vive. Un día después, este viernes, atendía amable al teléfono la llamada de este periódico, en su “celda de fraile, tranquilo, antes de dar la comunión a los enfermos de la parroquia”. “Me cuesta aún escuchar monseñor cuando hablan de Florencio Roselló”, reflexionaba el mercedario. “Lo conocí cuando ingresó en el seminario menor de Reus y después le traté mucho más desde que vino a Valencia al Puig a cursar los estudios eclesiásticos, también le di clases y luego en la pastoral penitenciaria, yo era entonces capellán auxiliar de la prisión de Valencia, antes Modelo”, recuerda.

José Sesma antecedió a Florencio Roselló como director de la pastoral penitenciaria en la conferencia episcopal, de la que fue responsable durante cerca de 25 años. Ha sido además provincial en la orden, como lo es desde hace nueve años Roselló. Preguntado por cuándo supo que había sido propuesto por el Papa guarda discreción: “Eso no lo puedo decir, lo supe con cierta antelación. Pero sabe que la Iglesia hace esto muy prudentemente porque cabe la renuncia y entonces queda en secreto. No sé si lo debo decir esto pero, cuando lo supe, pensé, qué buenos ojeadores tiene la Iglesia. Considero que es una elección óptima para nuestra diócesis de Pamplona, depende ahora del ejercicio”, avanza en el relato fray José. “Somos religiosos y nuestra vida es muy entregada al convento y a las misiones que se nos encomiendan, somos así los frailes”, describe con trazo fino la sencillez de la orden de la Merced.

¿Le animó a aceptar el cargo?” “Vamos a ver, ánimos no le puedo dar. Lo que sí le digo: somos de la Iglesia y si te pide algo, dáselo y ya está”, concede extractos de la conversación que mantuvieron en los días previos, cuando las quinielas en entornos eclesiásticos apuntaban a otros nombres.

Fray José Sesma es uno de tantos religiosos navarros fuera de su tierra. “Pero la tengo muy presente, a través también de mi familia en Pamplona, hermanos y sobrinos y de Corella, una gran ciudad”, cuenta con indisimulado orgullo por su pueblo este religioso de formas humildes, que decidió su futuro con 12 años, “cuando lo único que tenía claro es que no iba a ser cura ni fraile”: “Entonces vivíamos en Oiartzun y desde allí fui al seminario de Reus, con parada en Corella”. “Ahora ya soy viejo, pero aquí seguiré hasta que Dios quiera”, se despiden 86 años lúcidos.

La calle Merced de Pamplona, testimonio del convento que tuvo la orden en la ciudad

Los mercedarios tuvieron convento en Pamplona, precisamente en el entorno de lo que hoy es la plaza de Santa María la Real, sede del arzobispado. Los religiosos dejaron Navarra tras la desamortización de Mendizábal, el edificio fue luego cuartel de Infantería y acabó derribándose a mediados del siglo XX. De aquella época queda el nombre de la aledaña calle Merced. Cerca vivirá desde enero un mercedario y arzobispo Roselló.

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