Fiebre Hemorrágica
"La cosa es grave; tengo veinte vacas enfermas"
Pedro Jesús Bezunartea no ha perdido aún ningún animal en Abaurrea Alta pero, como dice, “esto no ha hecho más que empezar”


Actualizado el 27/10/2023 a las 10:54
Los últimos quince días no han dado un respiro a Pedro Jesús Bezunartea Lacasta, ganadero de 43 años de Abaurrea Alta, con cerca de un centenar de cabezas de carne a su cuidado. Con el corazón encogido cada vez que se acerca a los prados para calibrar el estado de su cabaña, su explotación figura entre las afectadas por la Enfermedad o Fiebre Hemorrágica Epizoótica (EHE). “De momento -dice- no se ha muerto ninguna vaca, pero seguramente alguna morirá. Han enfermado veinte. Todas las hemos tratado. Intentamos curarlas”.
Según aprecia, “esto no ha hecho más que empezar, a no ser que cambie el tiempo. Estamos superalarmados”. Su opinión eleva el grado de preocupación instalado en el sector y, de manera, especial en el entorno en el que vive por comentarios escuchados de profesionales que como él se han visto sorprendidos.
Te puede interesar

La rutina de los últimos quince días incorpora la inspección ocular que realiza en distintos momentos del día de cada ejemplar. Las vacas que han contraído la enfermedad emiten un síntoma evidente: “Las ves muy estrechas, con el pelo tieso. Te da la vista que el animal no está bien. Babea mucho y tiene el morro rojo. Hay vacas que igual dejan de comer durante diez días”.
Cuando realiza el diagnóstico, se apresura a devolverlas a la explotación y llamar sin dilación al veterinario. “Los tratamientos son carísimos”, señala. La misma respuesta sanitaria, que es sinónimo de salvación o cuando menos de intento para evitar la muerte del animal, acarrea un esfuerzo añadido en el equilibrio de las cuentas. “¡Las pérdidas que vamos a tener!”, augura sin poder aún cuantificar el sobrecoste.
A ello se une el presagio de las secuelas que la enfermedad pueda dejar en los ejemplares: “Nos hablan de que pueden producirse abortos o malformaciones”.