Iglesia

El periodista Javier Marrodán, ordenado sacerdote

Ordenado en Roma, cantó misa el 21 de mayo y celebra su primera eucaristía en Pamplona este sábado día 17, antes de partir a su primer destino, Sevilla

Javier Marrodán celebrando misa en la capilla de Madonna delle Partoriente, en el Vaticano
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Javier Marrodán celebrando misa en la capilla de Madonna delle Partoriente, en el Vaticano
Javier Marrodán celebrando misa en la capilla de Madonna delle Partoriente, en el Vaticano

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Pilar Fernández Larrea

Actualizado el 13/06/2023 a las 20:52

“Voy apurando mis últimos días romanos. Ayer comí con un sacerdote francés, muy majo, que va a trabajar en la parroquia de San Juan de Pie de Puerto. Él es de Bayona, euskaldun. Hemos sido compañeros en la Universidad y ayer acabamos hablando de la subida a Alkurruntz, desde Urdax”. Con este mensaje vía WhatsApp, que circunda en buena medida el espíritu de quien lo escribe, Javier Marrodán aceptaba compartir en Diario de Navarra, el periódico en el que fue redactor 20 años, su reciente ordenación sacerdotal. Periodista primero y profesor en facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra después, montañero empedernido, sostiene que de algún modo toda su trayectoria, desde que nació hace 57 años y recibió la Primera Comunión en el colegio Irabia siete más tarde, ha sido un camino hacia el sacerdocio. En el oratorio del colegio celebra este 17 de junio su primera misa solemne en Pamplona. Fue ordenado en Roma el 20 de mayo, con otros 24 diáconos. Al día siguiente cantó misa en la iglesia de San Lorenzo in Damaso, donde predicó San Francisco Javier.

Javier Marrodán Ciordia (Pamplona, 1966) era el mayor en edad entre los 25. “Hacíamos bromas con esto, uno acumula achaques, pero tiene ventajas. Esa vida muy metido en el trasiego de tantas vidas cotidianas me ha dado unas claves, un modo de relacionarme con los demás y eso es importante”, concluye. “Han pasado 16 días desde la ordenación, ahora todos los días celebro la misa. Entiendo que uno nunca se hace cargo de algo tan asombroso y recuerdo a la madre Teresa de Calcuta. Aconsejaba a los sacerdotes que cada misa sea como la primera, la última y la única. Estoy con la novedad, espero que me dure, que no me acostumbre nunca”, rezuma la ilusión del principiante. Hasta hace cuatro años nunca había salido de Pamplona, salvo un viaje de trabajo a la India tras los pasos de San Francisco Javier y un verano a Tierra Santa. Por lo demás, sus vacaciones se reducían al techo de una borda en el Pirineo navarro. El monte.

Sevilla será su destino en cuanto apure los diez días de visita a familia, amigos y ex compañeros en Pamplona. Se iniciará en diversas tareas pastorales, aún sin definir, en un colegio, en una parroquia y atenderá a distintas edades y perfiles, “para ir tomando medida a la realidad”. “El sacerdote ya no se pertenece, estás disponible. Eso incluye cambiar de planes, de proyectos, estar abiertos a las sorpresas cotidianas de Dios”, apunta.

UNA CONTINUIDAD

El mayor de nueve hermanos, alguna persona le ha comentado que inicia ahora una tercera vida. Él lo matiza: “Di un cambio profesional cuando dejé el periódico y me inicié en la docencia, pero me sentía mas periodista que profesor y me movía en un ecosistema parecido. Este es un cambio radical, aunque dos o tres personas me dijeron que veían una continuidad natural entre la esencia del trabajo periodístico, contar lo que ocurre para que la gente tenga más elementos de juicio y tome sus decisiones de manera más fundada y libre, y el sacerdocio, que no deja de ser predicar la buena noticia del Evangelio. Percibo esa continuidad en cierto modo, pero en una dimensión distinta. Hay tres frentes: administrar los sacramentos, especialmente la eucaristía; acompañar espiritualmente a muchas personas y la predicación. La segunda y la tercera, en mi caso, se pueden ver beneficiadas en ese trabajo de tantos años de docencia y periodismo, buscando maneras de trasladar eficazmente lo novedoso o de explicarlo a los alumnos de manera atractiva.

“Hay algunos destellos quizá más apreciables —mis padres, el Opus Dei, mi carácter, el colegio, mi inclinación a contar historias, el periodismo, la docencia, el monte…—, y otros que apenas intuyo o que desconozco por completo, pero puedo afirmar que me he sentido guiado, que ha habido una hoja de ruta muy pensada y precisa que me ha traído al sacerdocio. Supongo que en adelante no se trata tanto de vivir una «nueva vida» sino de intentar vivir la vida de Dios: de ayudarle a hacerse presente entre los hombres, de poner a su servicio mis posibilidades y talentos. Me reconforta una frase que alguien me dijo cuando hace cuatro años me fui a Roma con la expectativa y la ilusión del sacerdocio: Dios no elige a los más capaces, sino que capacita a aquellos a los que elige. Me reconforta esa certeza. El vértigo o las inevitables incertidumbres de esta segunda parte de mi biografía suponen además una ventaja: ahora no tengo más remedio que confiar en Dios”, describe con su habitual precisión periodística. Y en este contexto explica que se había planteado “en varias ocasiones la opción del sacerdocio y más de una vez se lo había contado por escrito al prelado de la Obra”. “Pero un día muy concreto de 2018, mientras bajaba del Baigura por el hayedo que conduce a los montes de Areta, lo vi de un modo mucho más claro. Pienso que la palabra «llamada» es la más oportuna: intuí que Jesucristo me animaba a invertir los años venideros tratando de hacer sus veces también de un modo ministerial, transmitiendo sus mensajes, ayudándole a administrar los sacramentos, implicándome de lleno en ese gran «hospital de campaña» que es la Iglesia —la expresión es del papa Francisco—, intentando ser uno más entre los sacerdotes «santos, doctos, humildes, alegres y deportistas» que deseaba san Josemaría.

“Uno de mis compañeros de promoción es argentino. Su madre tiene mucha relación con el Papa desde los años de Buenos Aires. Pudieron estar con él en el Vaticano después de la ordenación diaconal de noviembre, y le pidieron que nos dedicara una foto en la que aparecíamos todos los ordenandos. El Papa escribió: «No olviden que el estilo de Dios es: cercanía, compasión y ternura. Que María los acompañe por este camino». Creo que es una buena hoja de ruta para esta segunda parte de mi biografía”, se despide el nuevo sacerdote pamplonés.

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