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Marzo

La guerra se mide en megavatios

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Fotos de la protesta de los camioneros navarros por las calles de PamplonaJesús Caso
Publicado el 29/12/2022 a las 06:00
Apenas cuatro meses después de que Austria empezara a preparar a sus ciudadanos para un gran apagón que podía terminar arrastrando en una suerte de avalancha eléctrica a toda Europa, Rusia invadió Ucrania y Putin empezó a amenazar al Viejo Continente con cerrar el grifo del gas que lo abastece. A principios de marzo, pocos días después de la invasión, el gas ya alcanzaba los 300 euros por megavatio llevando al precio medio de la electricidad en el mercado mayorista a marcar su registro más caro de la historia con 544,98 euros el megavatio hora (Mwh). Pero el conflicto bélico tan sólo agudizó una crisis energética que ya nos acompañaba poniendo negro sobre blanco el riesgo que supone para el día a día de las empresas y los ciudadanos la dependencia a un sistema energético que como le gusta decir al consejero de Desarrollo Económico del Ejecutivo foral, Mikel Irujo, es “sucio, ineficiente y caro”. El 80% de la energía que se consume en Navarra sigue siendo de origen fósil: gas, hidrocarburos..., casi todo importado, a unos precios que se fijan en unos mercados atemorizados ahora por la crisis política en Rusia, la Unión Europea y Estados Unidos y con un coste que en 2019 rozó el 9% del PIB navarro.
Tras la invasión subieron la luz y los combustibles, que en 2021 ya marcaron cifras de récord con incrementos superiores al 27%. Pero también los precios de muchos otros productos por la falta de materias primas, desde el aceite de girasol al aluminio, el acero o los fertilizantes, prolongando con nuevas causas la rotura de las cadenas de suministros heredada de la pandemia y poniendo de relieve las costuras de un sistema productivo muy dependiente de las mercancías de China y el Extremo Oriente. La crisis del coste de la vida fue ganando protagonismo. En marzo, con la inflación rozando el 10%, un paro indefinido convocado por la Plataforma en Defensa del Transporte, la agrupación de autónomos y pequeñas empresas de transportistas, tensó aún más las cadenas de suministro. La cancelación de pedidos y las complicaciones para encontrar suministros se convirtieron en la realidad cotidiana de muchas empresas que cuando ya casi acariciaban la recuperación tuvieron que reescribir a marchas forzadas estrategias que les habían plegado a los beneficios de la globalización y adaptarse a un nuevo entorno de altos costes y escasez. Más de 2.400 compañías navarras han terminado pidiendo la ayuda del Ejecutivo foral para tratar de paliar el impacto de los sobrecostes energéticos en su actividad y, desde abril, el Gobierno de Pedro Sánchez aplica un descuento de 20 céntimos por litro a la compra de los carburantes que vino a sumarse a las rebajas fiscales a la energía o el tope al gas que pese a haber bajado el precio de la luz ha encarecido la factura a muchos consumidores del mercado libre. Tras el shock energético de la invasión y la denominada ‘excepción ibérica’, los costes energéticos han bajado y, con ellos, la inflación, que cerró noviembre en Navarra en el 7,6%. Queda un largo camino para doblegarla. La cesta de la compra sigue subiendo y hoy llenarla cuesta de media un 14,5% más que hace un año.
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