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Educación

Óscar Villanueva: “Soy impulsivo y me han sacado tarjetas rojas en los partidos de fútbol. Pero me estoy controlando”

Adolescentes y jóvenes con TDAH y sus familias cuentan cómo ha sido su peregrinaje por las aulas desde que les diagnosticaron este trastorno. La ayuda para organizarse, su principal objetivo

Ampliar LA FAMILIA DEL TDAH De izda a dcha: Marian Neol Irigoyen (presidenta de la asociación ADHI), Cristina Gil Burguete (madre), Unax Sánchez-Valverde Gil (adolescente de 13 años, con déficit de atención), Nerea Olave Arana (tesorera ADHI) y Óscar Villanueva Olave (joven con TDAH, alumno de 1º de Magisterio, de 19 años) en la sede de la asociación navarra para el tratamiento y estudio del déficit de atención, hiperactividad e impulsividad
LA FAMILIA DEL TDAH De izda a dcha: Marian Neol Irigoyen (presidenta de la asociación ADHI), Cristina Gil Burguete (madre), Unax Sánchez-Valverde Gil (adolescente de 13 años, con déficit de atención), Nerea Olave Arana (tesorera ADHI) y Óscar Villanueva Olave (joven con TDAH, alumno de 1º de Magisterio, de 19 años) en la sede de la asociación navarra para el tratamiento y estudio del déficit de atención, hiperactividad e impulsividadJesús Garzaron
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 12/12/2022 a las 06:00
Óscar Villanueva Olave tiene 19 años y cursa 1º de Magisterio en la Universidad Pública de Navarra. El año pasado se matriculó en ADE (Administración y Dirección de Empresas) pero no le interesó el grado y ha cambiado su rumbo de estudios. Aunque, seguramente, no se hubiera imaginado en la universidad cuando, a los 7 años, le diagnosticaron TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad). “En Primaria no me sabía organizar para estudiar. Aunque toco el saxofón y en el conservatorio nunca he tenido problemas”. Su madre es Nerea Olave Arana, la tesorera de la asociación ADHI. Sabe perfectamente de qué habla y se ha convertido en experta en la materia. Ya que el mayor de sus tres hijos, Aitor, también presenta este trastorno. “En su caso, tiene más dificultades sociales y le cuesta mucho expresar sus sentimientos”.
Óscar se define a sí mismo como el “típico niño revuelto” y por eso ha decidido estudiar Magisterio para ayudar a otros escolares con los mismos problemas que él o dificultades de otro tipo (TDAH, autismo...) “¿Que cómo me va con los amigos? En general, bien. Aunque soy impulsivo y, a veces, me han sacado tarjetas rojas en los partidos de fútbol por haber pegado alguna patada a un jugador. Pero estoy aprendiendo a controlarme”.
DIFICULTADES PARA LEER
Diferente y similar al mismo tiempo es el caso de Unax Sánchez-Valverde Gil, de 13 años y alumno de 2º de ESO en el IESO de Berriozar. Junto a su madre, Cristina Gil Burguete, reflexiona en un aula de ADHI sobre las dificultades a las que se ha enfrentado desde que le diagnosticaron el TDAH a finales de 5º de Primaria (con 11 años). “Es el tercero de mis tres hijos y yo veía diferencias con los otros dos. Le costó más aprender a leer y a escribir pero yo no le prestaban mucha atención. Hasta que a una profesora le ‘chirrió’ la situación y por fin dimos con el diagnóstico”. “Me cuesta mucho estudiar pero ahora estoy aprendiendo a organizarme el trabajo y a planificar”. La Lengua y el Euskera son dos materias que se le dan bien, cuenta. Sin embargo, las matemáticas y el inglés le cuestan “bastante más”. Esta última evaluación, cuenta, ha aprobado todas menos inglés. “Pero no solo le ayudan con las asignaturas - interviene su madre- sino con otros ámbitos de la vida. A cómo relacionarse en un partido de fútbol, a saber qué materiales debe llevar al colegio o a cómo prepararse la ropa para salir a la calle”. Le ha ayudado a mejorar su autoestima, insiste. “Estudio mucho y, a veces, no me cunde. Me frustro”. “Lo que sufren estos alumnos es duro. No todos los docentes están preparados para comprender la situación”.
NO CON GRUPOS GRANDES
Unax, sigue explicando su madre, es “inatento e impulsivo”. “Le cuesta hacer nuevos amigos y estar en grupos grandes, como cumpleaños, campamentos...” Lo que ocurrió en su caso, continúa contando, es que, al no ser hiperactivo, el diagnóstico resultó más difícil. “Si no son movidos, cuesta más dar con la clave. Nos mandaron de un sito para otro. Aunque, ahora a toro pasado, es más fácil verlo”.
También cuenta su experiencia la presidenta de la asociación Marian Neol Irigoyen. De sus tres hijos, uno fue diagnosticado en 3º de Primaria (9 años) en la ikastola Paz de Ziganda (Villava), donde estudiaba. Ahora suma 20 y cursa un ciclo de Formación Profesional. “No paraba quieto en clase y molestaba a los demás. Los profesores me decían que era un vago pero él se esforzaba”. Finalmente, sigue el relato, lo llevó al psicólogo y comenzó a acudir a ADHI. “Desde que llegó aquí, mejoró muchísimo. Y nos sentíamos comprendidos”. En su infancia, recuerda Marian Neol, era un niño muy sociable pero no mantenía ninguna amistad. “Y al llegar a la adolescencia se aisló”.
Varios testimonios que ponen de manifiesto que las personas con TDAH y sus familias sufren, muchas veces, la incomprensión de la sociedad y de la escuela.
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