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Obituarios

Eduardo García García, socio de Vitis Navarra y vecino de Larraga

Ampliar Eduardo García García
Eduardo García GarcíaCEDIDA
  • Igor Cacho Ugalde
Actualizado el 06/12/2022 a las 11:41
El jueves 24 de noviembre falleció en Pamplona Eduardo García García, a los cuarenta y seis años. Soltero, socio de la empresa de injertos Vitis Navarra, natural y residente en Larraga, el deceso no dejó indiferente a nadie del pueblo, así como a una buena parte del mundo del injerto, la viticultura y la gente de alrededor, especialmente de Berbinzana.
Eduardo nació el 26 de junio de 1976. Hijo de Miguel y Mª Jesús, era el menor de dos hermanos. En sus años jóvenes estudió en el colegio de Larraga y en los Paúles de Pamplona, forjando una buena parte de sus amigos como Churi, Ramón, etc. y especialmente, su primo Patxi. Posteriormente comenzó a trabajar en el vivero de vid de Vitis Navarra, la empresa familiar que había fundado el bisabuelo Esteban a principios del siglo XX. Por entonces, Esteban fue uno de los primeros viveristas en producir planta de vid injertada en pie americano, algo que tuvo una gran repercusión. Tras el paso de los hijos y nietos, en 1997 se incorporaron los biznietos, Rafa y Eduardo.
Siguiendo la estela familiar, la nueva generación aportó una visión basada en la investigación y el desarrollo, especialmente en la recuperación del patrimonio genético vitícola español. Así como en la mejora genética vegetal para la obtención de nuevas variedades de portainjertos y de nuevas selecciones masales y clonales. Un hecho del que Eduardo estaba muy orgulloso ya que ante todo, siempre fue muy trabajador, uno de los valores de la familia. Con el paso de los años y el trabajo tenaz de ambos hermanos, la empresa se ha situado entre las más importantes del panorama nacional y ha formado un sólido equipo de trabajo con numerosas áreas de acción y delegaciones. Además tiene más de setenta empleados y numerosos pabellones y fincas en Larraga, Vergalijo o en Zayas de los Báscones (Soria) (proyecto Basajaun). Esta última, supone el mayor campo de este tipo del país y el de mayor altitud de Europa.
En lo personal, Eduardo fue una persona muy sociable que se caracterizó por la alegría, la bondad, la empatía, las relaciones públicas y el buen hacer con todo el mundo. Quizás demasiado. Para ello sirva como muestra la hazaña de hace dos años, cuando se suspendieron las fiestas patronales de Larraga y frente a la doble desazón del Pobre de Mí, junto a otros amigos como Francisco, Javier, Jarry, Javi, Chuchi, Virutas, Juan Julio o Nico, en la entrada del bar Ibiza improvisó un memorable discurso que quiso acompañar con cohetes y que puso en pie y aplausos a todos los allí presentes. Recientemente, en su tiempo libre, solía subir al parque del Castillo a pasear, disfrutar del entorno y tomar algo en el hotel.
Sin embargo, por razones que le tocó a Eduardo pero que en realidad, le puede pasar a cualquiera, el martes 15 de noviembre, de forma casual, tuvo una caída en Estella. El miércoles 23 le iban a dar el alta. Todo iba bien. Hasta que al día siguiente sucedió el desenlace. La noticia dejó helado a todo el mundo y poco a poco, cundió una sensación de desconcierto, tristeza y rabia. No podía ser. El funeral y la despedida fueron conmovedores y multitudinarios. Tan grandes como el propio Eduardo y su memoria. DEP
El autor es amigo del fallecido.
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