Pilar Cebollero: "Hay que aprender a dormir bien, cada vez lo hacemos peor"
Insomnio, apneas, ronquidos, terrores nocturnos, narcolpesia... los trastornos del sueño son muy diversos y se han agudizado con la pandemia. Por ello, 300 especialistas debaten estos días en Baluarte en el 30 Congreso de la Sociedad Española del Sueño


Actualizado el 25/10/2022 a las 14:14
Dice la jefa del servicio de Neumología del Hospital Universitario de Navarra que dormir bien no es fácil. Cada vez menos. Y la perspectiva no va a mejor. Pilar Cebollero Rivas (Huesca, 1962) lo sabe. Médica en Pamplona desde hace 30 años, como presidenta del comité organizador local se encarga de coordinar el 30 congreso de la Sociedad Española del Sueño (SES), un evento científico de primer orden que reúne en Baluarte a más de 300 expertos en medicina del sueño. Durante tres días están debatiendo, poniendo en común y compartiendo experiencias punteras en un campo tan importante como desconocido. No en vano, los trastornos del sueño nos acompañan a lo largo de todas las etapas de la vida influyendo en la calidad de la misma.
El título de este congreso es ‘Sueño y salud, una pareja perfecta’. ¿Sin lo uno no hay lo otro?
Efectivamente. Nos hemos centrado durante mucho tiempo en las enfermedades y sus problemas durante el día, pero nos pasamos una parte muy importante de nuestras vidas durmiendo. Al menos un 25% del tiempo. Y no somos como un aparato que se desconecta. Durante el sueño hay muchas actividades que el cuerpo necesita hacer. Sirve de reposo, claro, pero hay muchas conexiones neurológicas y hormonales que deben continuar para que el organismo siga funcionando. Debemos vivir las 24 horas bien, no sólo de las que somos conscientes.
¿Podemos hablar de una pirámide de Salud? ¿Sueño, alimentación y ejercicio físico?
Es así. Todo está relacionado con hábitos saludables. Aunque hay quien lo hace natural, dormir bien también hay que aprender, porque cada vez lo hacemos peor. La vida nos lleva a ritmos frenéticos y malos hábitos para conciliar el sueño. El sueño hay que cuidarlo.
Pues tengo la sensación de que la medicina del sueño es una gran desconocida. Para eso servirá este congreso...
Probablemente. Es verdad que la preocupación por el sueño viene de largo, pero el mejor conocimiento y abordaje de sus enfermedades es más reciente. Aquí juega una baza muy importante la multidisciplinaridad de la medicina del sueño, que nos involucra a muchos especialistas diferentes, y hace que los tratamientos sean cada vez más precisos.
Aunque parezca mentira, dormir bien no es fácil.
Es menos fácil y menos frecuente de lo que parece.
Los trastornos del sueño nos acompañan en toda las etapas de la vida. ¿Los repasamos?
Claro.
Lo primero: el bebé no duerme.
Es uno de los primeros abordajes de la medicina del sueño. Es muy conocida la frase de ‘Este bebé tiene el sueño cambiado’. Hay que ir educando. A veces lo pueden hacer los padres solos pero otras veces no queda más remedio que el pediatra eche una mano. Porque puede haber trastornos debajo. Como la apnea del sueño, que siempre lo asociamos con los mayores, pero hay niños pequeñitos que tienen las amígdalas muy grandes y pueden producirlas.
El niño crece: terrores nocturnos.
Otra fase. A veces también requiere intervención del especialista.
Llega el adolescente y los problemas con móvil y pantallas.
Forma parte de los malos hábitos y de cómo nos ha ido cambiando la vida. Tener dispositivos conectados que hasta se meten en la cama con nosotros es privar de las dos horas que necesitamos de preparación previa para que nuestro cuerpo vaya caminando a la fase del sueño. No es saludable. Y vale para un móvil, ordenadores, consolas o la televisión.
¿Pasamos a la edad adulta?
Cuando pasamos a los adultos lo más frecuente son las horas insuficientes de sueño. Conseguir una buena higiene y reeducar en muchos casos es suficiente. Pero hay otros trastornos más serios. Hemos mencionado antes la apena, pero hay más, como el insomnio, que es un paraguas muy amplio.
¿Y los ronquidos?
No todo el que ronca tiene apneas, pero los que las tienen habitualmente roncan. Son paradas de respiración durante las horas de sueño que lo interrumpen con el ronquido. Uno no llega a despertarse, pero el que está al lado sufre el ronquido y se asusta, porque parece que el otro deja de respirar. Tiene dos consecuencias muy importantes: la interrupción repetida del sueño, que provoca más cansancio durante el día, y la caída del oxígeno en sangre cada vez que se deja de respirar. Se dan problemas cerebrovasculares, metabólicos, más riesgo de ictus, de cáncer... fíjate la importancia que tiene estar diagnosticado y tratado.
¿Se duerme diferente o se tienen patologías diversas si se es hombre o mujer?
Hay patologías más frecuentes en hombres, como las apneas, pero en los momentos de la menopausia esto se iguala. Trastornos más relacionados con el género pueden tener tratamientos diferentes.
Hablamos de dormir poco, pero ¿dormir mucho también puede ser un problema para nuestra salud?


Y tanto. Son mucho menos frecuentes, pero las patologías de narcolepsias o hipersomnia también se dan. Y es un problema que hay que diagnosticar bien. La excesiva somnolencia requiere tratamiento, la narcolepsia se puede acompañar de cataplejia, la caída de todas las constantes vitales. Y según lo que estés haciendo es un problemón. O el síndrome de piernas inquietas... el abanico de trastornos del sueño es muy grande.
¿La pandemia ha agudizado los trastornos del sueño?
Sin duda. En especial en la etapa más dramática, la del confinamiento, que alteró completamente nuestro ritmo de vida. Se rompían rutinas, se trasnochaba más, hubo ganancia de peso al comer más, llegaron los miedos, ansiedad... todo afectó a que se durmiera peor. Y hubo toma más indiscriminada de hipnóticas, que no siempre son la solución.
¿Qué papel juegan los fármacos sedantes? ¿Los ansiolíticos empeoran la calidad del sueño?
Si no se toman cuando verdaderamente están indicados, sí. Si a una persona con apnea le das hipnóticos, empeora. En el insomnio per sé tampoco es la mejor solución. La toma de pastilla, que es el recurso más accesible, no debe ser la receta común.
¿La tecnología puede ayudar en la medicina del sueño? ¿Hacer el diagnóstico más precoz?
Los sistemas han ido evolucionando. Los estudios más completos, las polisomnografías, las seguimos haciendo en el Hospital. Pero ahora tenemos dispositivos más sencillos que se puede utilizar en el domicilio, que pueden recoger, enviar y analizar los datos más rápido.
¿Cómo se tratan estos trastornos? ¿La apuesta es por un equipo multidisciplinar?
Así debe ser. Es importante que haya de todo: otorrinos, pediatras, psiquiatras, neumólogos, neurólogos e incluso dentistas, todos debemos ir de la mano. Se salta de una especialidad a otra en función de lo que necesita el paciente.
¿Hay algo en nuestras manos para dormir mejor? ¿Existe una receta mágica?
Lo primero es creernos los mensajes que estamos dando, concienciarse de que uno no se pone en stand by cuando duerme. Llevar un ritmo adecuado de sueño, para la mayoría, con 7 u 8 horas de buen sueño es suficiente. No hacer una cena copiosa justo antes de ir a dormir, no hacer ejercicio físico en las últimas horas, que nos activan, evitar abuso de fármacos, alcohol o pantallas. Y durante el día hay que complementarlo con buenos hábitos de ejercicio, dieta o control de estrés.
Pues el 'mindfulness' está de moda...
A algunos les funcionará. Todo lo que sea fomentar la relajación viene bien. Cuando cuidamos el sueño nos estamos cuidando a nosotros y previniendo enfermedades serias.
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