Explosión
Un periodista navarro, testigo en primera persona de la tragedia del hotel de La Habana
El navarro Daniel Ramírez García-Mina estaba a 500 metros de la explosión de gas que derrumbó un hotel en la Habana Vieja y ha causado al menos 43 víctimas mortales


Publicado el 12/05/2022 a las 06:00
No madrugar en exceso les pudo salvar la vida. “Inicialmente, habíamos quedado a las 10 al lado del Saratoga con un contacto que iba a hacernos de guía, pero al final lo retrasamos a las 11 y eso impidió que estuviéramos más cerca. Ocurrió en una calle llena peatones y turistas, enfrente del Capitolio”. Daniel Ramírez García-Mina, periodista y escritor navarro de 30 años, afincado en Madrid, donde ocupa el puesto de redactor jefe en El Español, deja entrever aún el impacto de la tragedia en su relato. Lo cuenta recién aterrizado en Madrid. Ramírez y su mujer, Teresa Fernández Echeverría, también navarra, se encontraban de viaje en La Habana y habían planeado pasar la mañana del pasado viernes en el corazón de la capital cubana acompañados de un conocido, sociólogo y conocedor de la historia de la ciudad, con quien se habían citado en la puerta del hotel Inglaterra a las 11 h. La explosión se produjo en torno a las 10.45. El bullicio callejero hizo que el ruido les pasara desapercibido, cuenta Ramírez, pero a medida que se acercaban comenzaron a observar “una nube de humo blanca, enorme”, así como gran cantidad de personas a la carrera.
Al poco tiempo fueron llegando al lugar cuerpos policiales y servicios médicos. “Fueron momentos muy surrealistas, al principio no sabes muy bien qué ha pasado, te quedas paralizado”, señala. Poco a poco, el boca a boca comenzó a despejar los interrogantes. “¡Se ha derrumbado el Saratoga! ¡Ha explotado!”, gritaban los presentes. “Hubo caos y angustia, con muchas personas angustiadas preguntando por amigos, conocidos, familiares...”, rememora.
En Cuba, asegura, internet es un lujo de ricos. La red se cayó y ellos se consideran privilegiados porque pudieron avisar a sus familiares “en un tiempo prudencial”. “Ya estaban preocupados, lógicamente, porque la noticia ya les había llegado en forma de alerta al móvil (precisamente de El Español, digital en el que trabaja Ramírez). Pudieron hacerlo mucho antes que muchos cubanos, que sufren las restricciones informativas y tecnológicas de un régimen y una isla que sigue “detenida en el tiempo”, define Ramírez, que compara las fotos del edificio con un barco varado, fantasmagórico. Una alegoría de la ruina de Cuba.