Covid

Una navarra confinada en Shangái: "Llevo 22 PCR en cinco semanas"

Estela Machín trabaja como profesora en un colegio chino en el que la mascarilla no era obligatoria. Ahora permanece en cuarentena junto a 26 millones de habitantes por un brote

Estela Machín Cárdenas, en su piso del distrito de Xuhui, en Shanghái
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Estela Machín Cárdenas, en su piso del distrito de Xuhui, en Shanghái
Estela Machín Cárdenas, en su piso del distrito de Xuhui, en Shanghái

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Paloma Dealbert

Publicado el 23/04/2022 a las 06:00

Estela Machín Cárdenas empezó este abril como hace dos años, confinada. Porque esta profesora pamplonesa reside desde mediados de 2020 en Shanghái, ciudad china con más de 26 millones de habitantes que se encuentra cerrada a cal y canto para frenar los brotes de covid-19. Machín confiesa que lleva bien el aislamiento. Es optimista pese a revivir los primeros meses tras la llegada de la pandemia a España, en una versión más estricta y con escenas un tanto llamativas. Como recibir en su domicilio la comida que el Gobierno decide repartir porque está prohibido ir al supermercado o leer a sus vecinos en el grupo de mensajería del edificio, en el que solicitan amabilidad y educación con los miles de médicos procedentes de otras provincias para que se lleven buena imagen de la localidad.

“Es un cambio que se nota un montón. No podemos salir absolutamente para nada. Ni a tirar la basura. Solo cuando nos hacen las PCR, que bajamos y como son tan eficaces en cuestión de minutos estoy de vuelta”, cuenta la navarra. Las restricciones aumentaron poco a poco. La primera semana se permitía pedir productos en línea, una práctica muy extendida en el país. Pero la escasez de repartidores con permiso y las dificultades para moverse de una parte a otra de la ciudad llevó a que se estableciera que los vecinos se organizasen por urbanizaciones o edificios para hacer las compras. Machín se comunicaba con ellos por WeChat -un equivalente al WhatsApp para China, con alguna diferencia de lo que consideraban “esencial”, como el agua, que los shanghaineses suelen hervir y la pamplonesa adquirir embotellada.

LA EFICIENCIA CHINA 

Muchos ciudadanos siguieron con dificultad para comprar comida y ahora es el propio Gobierno el que prepara la cesta básica: “Mandan verduras, huevos, algo de carne... Han empezado a mandar ya artículos de aseo; eso ya me preocupa más, si ya están mandando estas cosas, ¿cuánto va a durar esto?”. En cada bloque hay voluntarios que organizan todo. También difunden la información y dan las instrucciones para someterse a las pruebas PCR y de antígenos. Los moradores deben compartir los resultados en el grupo de WeChat.

Estela Machín expresa su admiración por el orden y la rapidez chinas, “eficiencia pura y dura”, para someter a tantos millones de personas a test casi diarios. La docente pamplonesa recuerda el cribado en el colegio donde trabaja (Wellington College International), un viernes por la tarde de principios de marzo: “Que venga un equipo del Gobierno y monten en un polideportivo las mesas y organicen los códigos QR para que 1.800 personas se hagan la prueba en dos horas me parece alucinante”.

CONFINADOS EN UN IKEA

Las pruebas se repiten varias veces: durante los dos días siguientes, a los cuatro, a la semana y a las dos. “Tengo 22 PCR y 14 antígenos hechos en las últimas cinco semanas”, anuncia riendo. Antes del confinamiento total, si se detectaba un positivo todo su alrededor debía recluirse durante 48 horas. Donde estuviese. En la oficina, en un supermercado o en una tienda de Ikea, como ocurrió en el distrito de Xuhui, en el que reside la española. Machín relata que en su centro aconsejaron a los empleados llevarse un saco de dormir al colegio y las bromas con sus amigos pasaban por recomendarse ir siempre con una mochila y un kit de superviviencia.

Esto ha generado mucha ansiedad, bastante miedo a la hora de salir de casa y hacer vida más normal”, admite. Porque ella empezó el teletrabajo a mediados de marzo, pero hay habitantes en una situación muy precaria. Viven en zonas en las que ha habido dificultades para conseguir comida o no pueden salir a trabajar. Esto ha ocasionado la resistencia a las autoridades que se observa en algunos vídeos que reproducen los telediarios occidentales.

10  MUERTOS EN MES Y MEDIO

El distrito de Estela Machín es uno de los que más casos diarios de contagio registra. El martes el Régimen chino notificó 20.416 casos nuevos en la ciudad. Junto a la cifra, publicaba un total de 10 muertos desde el inicio de la ola, a principios de marzo. Todos, personas mayores de 60 años no vacunadas por contar con patologías previas. Pero hasta el pasado fin de semana no se había comunicado ningún fallecimiento.

- ¿Percibe que falta información por parte del Gobierno o solo siguen con esta política ultraestricta?

- No sé hasta que punto tengo que comentar nada porque en este país no sabe una lo que decir, pero siempre tienes la duda de si los datos que facilitan son reales o no. A nada que lo mires de manera un poco crítica, llama mucho la atención que los números sean tan bajos.

Pero la manera de sobrellevar la pandemia, insiste Machín, ha funcionado hasta hace poco. Con los aislamientos y los cribados masivos han mantenido el la covid-19 lejos de Shanghái. La enorme ciudad no vivió una cuarentena como la de Wuhan o la española. Cuando la docente llegó ni siquiera la mascarilla era obligatoria, solo había que usarla en el transporte público.

“Dicen que intentaron no confinar toda la ciudad y adoptar unas medidas más flexible y por eso tantos casos”, comenta. Por eso, después de los protocolos de 48 horas se instauraron los de una semana y luego la mitad de la urbe. Lo que cuentan los medios de comunicación en el gigante asiático y en Europa difiere. Y la inmensa mayoría de los chinos, apunta la profesora, “se muestran muy favorables a cooperar”.

“Hay gente pasándolo mal y conozco personas que llevan confinadas cinco o seis semanas. Entiendo que haya gente que necesite expresar ese malestar. Pero el sentimiento general es más de intentar que esto pase unidos. Por la noche de repente se oye a gente chillando, unos se quejan, otros dan ánimos y gritan ¡vamos, China! y ¡Vamos Shanghái!”, relata Machín. Para la pamplonesa, la situación hace que se replantee su estancia. Muchos extranjeros, señala, han decidido marcharse.

EN FRASES

​Estela Machín
Profesora de español en Shanghái:
“Tengo 22 pruebas PCR y 14 de antígenos hechas durante las últimas cinco semanas”

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