Jesús Hernández López, exmiembro de la comisión de control de osasuna

Jesús Hernández López
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Pedro Pegenaute Garde

Actualizado el 14/04/2022 a las 09:07

Se ha ido, él creyó que al Cielo, y así se lo dijo a su íntimo Ángel Luis al despedirse, y, la verdad, que, cuando una persona todavía joven como Jesús Hernández Lopez lo hace, con solo 73 años, y es alguien a quien además has tratado durante muchos años, se te hace duro aceptarlo. Pero, ya sabemos que la muerte no para y que, antes o después, aguadaña sin piedad todas las vidas, sin distinción de clases ni géneros, y por muy vitales que éstas hayan sido. Como sin duda fue la de Jesús.

Y, desde siempre, al menos con esa vitalidad nos conocimos de chavalines, con poco más de 6 años, en su adorado pueblo de Milagro. Pues, Jesús, vitalista hasta su muerte. Razón por la que, al cabo en su corta vida (muy corta, diría, para lo que él y cuantos le conocimos hubiéramos querido) tuvo un proyecto de vida intenso que le permitió dedicarse a lo que quería: desde joven, a la actividad financiero-comercial, donde logró éxitos indiscutibles en su trabajo en su empresa de casi siempre, la Caja de Ahorros de Navarra, la CAN, en la que supo ganarse puestos de notable relevancia; pero, igualmente, en otras actividades tan exitosas como la anterior. Por hablar de dos ellas de expreso sentido social y no lucrativas y sí con coste económico personal. Una, la que llevo a cabo en Osasuna; tanto como socio Compromisario, como miembro destacado de la Comisión de Control Económico, o, simplemente, como socio rojillo; para él, lo último, uno de los honores de los que más se jactaba y que con más orgullo llevaba. Sin que hubiera acto, competición o comentario de nuestro club sobre los que Jesús no estuviera al corriente. Lo estaba en todo, como lo estaba sobre los mas destacados de su “Barcelona”. Pero, me decía, “ojo, Pedro, que, yo culé como tú madridista: primero de Osasuna como tú, y, después, si tú del Real Madrid, yo del Barcelona de Barcelona”; la ciudad, en la que también vivieron Jesús y su familia; gracias a lo cual y a los contactos que contrajo en ella, a su vuelta a Pamplona, pudo realizar algunos servicios muy destacados en favor de la CAN, otros del Gobierno navarro y de algunos otros. Un favor aquí, otro allá, ¡ qué cuantos favores no habrá hecho Jesús desinteresadamente!

Conozco algunos. Como, sé, de la otra de las actividades a la que, sin otro interés que su sentido social, y desde luego menos reluciente que la citada a Osasuna, dedicó Jesus sus esfuerzos. Hablo de su callada pero intensa colaboración con ASPACE (la Asociación de Parálisis Cerebral de Navarra), en concreto en la FAN, según se señalaba en su esquela. Siendo allí donde, otra vez Jesús, fue mostrando, en opinión de los directivos de tan reconocida Asociación, otro de sus más sólidos e innatos valores, uno más de los muchos que atesoraba. Me refiero a su permanente disposición para lo que fuera, y, si era el caso, aportar sus puntos de vista y sus soluciones a problemas de la misma. No fueron en vano.

Pueden, pues, al cabo, sentirse orgullos los familiares de Jesús (su mujer Luchy, sus hijas e hijo Marta, María y Javier, y sus nietos, Adrian, Carla y Lucas), de haber contado con un marido, un padre y un abuelo que hizo mucho por ellos, pero, igualmente, por la tierra a la que más quiso, más defendió siempre, y de la que, también siempre, se sintió fiel devoto. Nuestra y su Navarra, claro, la Navarra de todos los navarros sin excepción. Y, al decir Navarra, es claro que, en el caso de Jesús, digo Milagro, su pueblo al que siempre llevó consigo, pero, al tiempo, Sartaguda (el pueblo de su adorada Luchy, su mujer), Mutilva en el valle de Aranguren donde vivía, y otras muchas localidades navarras, todas aquellas a las que Jesús, de una u otra manera, sirvió y por cuyo desarrollo hizo lo que pudo desde su adorada, que señalaba, Caja de Ahorros de Navarra. Junto a los suyos, descanse por siempre Jesús, y Dios le haya acogido en su seno.

*El autor es amigo del fallecido

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