La Otra Mirada
Nicolás Alba, escultor y escenógrafo: "Por mi casa pasaban Alaska, Quique San Francisco o Gurruchaga"
Su madre, Lolo Rico, fue la creadora de uno de los programas infantiles más rompedores de la historia española: ‘La bola de cristal’. Hermano de escritores, Nicolás ha forjado una carrera sólida en el mundo de la escultura y la escenografía, ahora cercenada por problemas de salud.


Publicado el 28/03/2022 a las 06:00
Para el que no le conozca, ¿quién es Nicolás Alba Rico?
Un artista autodidacta. Desde los 14 años soy escultor, herrero, carpintero metálico, artesano... No he parado de ejercer mi profesión hasta ahora mismo. He vivido en muchos sitios y me considero ciudadano del mundo, como se dice. Ese soy yo.
¿Y nació en?
En Madrid.
¿Y de dónde procede su vinculación con Pamplona?
Yo viví 15 años en Meagas, en Gipuzkoa, donde vivía mi madre. Y ahora tengo dos hermanas allí viviendo. Surgió la posibilidad de venir a Pamplona porque conocí a mi mujer en Madrid y ella tenía una casa aquí. Yo no quería irme del norte, así que nos vinimos a Pamplona. Decidimos tener una niña, que ahora tiene 13 años. Creo que mejor que esta ciudad tan amigable y abierta para criar a un niño es difícil. Yo me siento muy identificado con el norte. Mi padre era vizcaíno y mi abuela navarra. Y la relación de mi madre con el norte siempre ha estado muy presente.
¿Es muy larga la sombra de su madre, de Lolo Rico, la directora y creadora del programa televisivo de los 80 'La bola de cristal'?
¿La sombra? No. La verdad es que nunca jamás he dicho que yo fuese hijo de Lolo Rico. Ella se dedicó sobre todo a la escritura. Lejos de sentirlo como una sombra, lo he sentido como una riqueza. Evidentemente tiene peso, es un referente para mí como mujer particular y creativa. Todo lo que hizo contribuye positivamente. No siento que sea una sombra. Siempre me he sentido apoyado por mi madre. Dejé los estudios y me ayudó el teme artístico porque vio que tenía cierta sensibilidad. Yo he tenido un rol X en mi familia. Éramos siete.
¿Siete hermanos?
Sí. Y en mi rol, quizás tuve mi lucha interna, pero siempre apoyado por mi madre.
¿Y el suyo era el rol de rebelde?
Yo era el más rebelde. Yo tengo tres hermanos arriba y tres abajo. Soy el cuarto y dicen que es el que siempre recibe por todos lados. Mi madre tuvo una vida particular con unas circunstancias especiales. Cuando se separó tuvo que ocuparse de los siete hermanos y sobrevivir. Y fue entonces cuando nació La bola de cristal, aunque ella ya estaba en la radio. Para mí fue importante porque mamé toda esa parte de una persona tan particular y lo que representaba cualquier cosa que hacía en todo el entorno. Yo tengo dos hermanos escritores, Santiago e Isabel, ambos muy buenos escritores. Son los que más han salido a mi madre. Pero todos tenemos una parte creativa muy visible.
¿Inculcó su madre en la familia los valores que trasladaba los niños de la época a través de La bola de cristal?
Sí. Completamente. Mi madre siempre ha sido muy coherente.
Muy íntegra.
Muy íntegra, sí. Nos inculcó unos valores que tristemente ya no se dan en la sociedad que vivimos. Pero hay que resistir, seguir ahí.
LOLO Y LA MOVIDA
¿Y su madre participaba de la Movida madrileña o se situaba más en la periferia?
No, no. Estaba muy metida.
¿Y usted la vivió?
Sí, sí. La viví. Yo estaba ahí, en Madrid...
Que iba al Rock-Ola, vamos...
Sí, sí. Por mi casa pasaban todo tipo de personajes. Desde Olvido (Alaska), que se pasaba media vida; Quique San Francisco, que estuvo viviendo en casa una tempodad; Gurruchaga...
La flor y nata...
Sí, sí. La flor y nata. Era una época relamente curiosa. Era muy caótia la vida en casa, pero muy rica. Nunca sabías quién iba a pasar por ahí. Era una casa muy grande y cada día era una sorpresa.
¿Y cuántos años años tenía?
Pues 15 o 16. Fue enriquecedor, pero con la persepectiva lo veo de otra manera. Cada uno tenía sus circunstancias y yo, las mías existenciales y particulares. Fue muy rico. Luego ves la vida que han tenido los demás y creo que tuve mucha surte de tener la madre que tuve. Que también tenía sus partes oscuras, como todo el mundo. Pero me siento muy afortunado.
No sé si sabe que en los últimos años ha surgido visiones de la movida más críticas, caso de Víctor Lenore. Corrientes que dicen que fue un movimiento de ‘pijos’, aletargado respecto a los problemas sociales... ¿Qué le parece?
Yo creo que estuvo bien. Mi hermano Santiago era el guionista de La bola de cristal. El arte no tiene por qué ser crítico siempre. Tiene que servir para evadirte y divertirte.
Pero cualquier acción humana es política.
Sí. Eso es verdad. Picasso pensaba así también. Cualquier acción implica un movimiento social o contribución a algo concreto. ¿Que la Movida fue frívola? Yo he sido un espectador de todo aquello visto desde muy de cerca. Yo es que siempre he estado en mi mundo. Desde los 15 años, sobrevivo como puedo.
¿Que usted era más introvertido en aquella explosión cultural de la Movida?
Sí, sí. Yo lo veía desde una grada. Yo nunca intervení. Pero era muy sorprendente todo lo que estaba ocurriendo. Mi casa era a veces un plató de televisión y pasaba todo el mundo por ahí.
Escultor desde los 15 años y autodidacta. ¿Cómo descubre la escultura?
Pues por mero accidente. Dibujaba muy bien. Un día, me contrataron como ayudante y fue entonces cuando descubrí el hierro. A mí me encantan los retos. Me sentí identificado con el material, que era el más adecuado para mi lenguaje.
Te puede interesar

¿Cómo definiría su obra escultórica?
Diría que es figurativa, salvo momentos y obras que son más abstractas. Tengo dos series: una, Arquitectura sobre sentimientos, becada por el Gobierno de Navarra. Y Cruzando puentes, la obra que últimamente me interesa mucho y que estoy moviendo. Ahora, cruzar puentes es necesario y fundamental. Mis referentes serían Gargallo, Julio González... Pero siempre he ido a mi bola.
Lo que está muy relacionado es su obra escultórica con la escenografía que la plantea casi como esculturas a gran escala. ¿Puede ser?
Sí. La escenografía supuso un antes y un después. Cuando Pablo Ramos me invitó y retó a hacer la primera ópera se me abrió un mundo impresionante. Me siento muy escenógrafo. Son muchas dimensiones. En el momento en el que tienes un elemento escultórico que puedes mover y rotar para crear nuevos espacios, entras en otra dimensión.
Además de la interacción con los intérpretes.
Eso es. Es otra dimensión. Y luego la luz, el habla y la música consiguen que sea algo impresionante. Yo me quedé maravillado y fascinado. De hecho, en una de las óperas, la asociación de artistas plásticos y escenógrafos de España me invitaron a la Bienal de Praga por la escenografía de Lazarillo de Tormes. Para mí, ha sido un mundo maravilloso lleno de posibilidades. También hice escenografías efímeras y varios trabajos con el Gobierno de Navarra. Ahora lo tengo aparcado porque físicamente no puedo hacer nada.
¿Qué le parece la escenografía de Von Trier en Dogville, que delimitaba los espacios con líneas en el suelo?
Maravillosa.
¿Es el top de la escenografía siendo casi antiescenografía?
Sí. Pero te invita a imaginarte esos espacios sin que estén. Me pareció impresionante. El espacio lo construyes con esas meras líneas en el suelo. Fíjate, no me acordaba de esa obra de teatro, porque al final es teatro.
¿Cómo ve todo lo que está ocurriendo en el mundo en los últimos años?
A mí me parece algo dramático. Primero la pandemia, y luego esta guerra absurda, bien llamada guerra de Putin. Se rompe todo con una guerra en directo a 1.500 kilómetros de aquí. Es un momento muy turbio a todos los niveles. Hay que fomentar la palabra, la diplomacia y el arte. Y sé que si este mundo lo dirigiesen mujeres y artistas, sería de otra manera. A mí esta situación me crea mucha angustia.
Tiene una hija de 13 años. ¿Ve muchas diferencias entre sus 13 años y los de su hija?
Muchas. Creo que ahora maduran muy tarde. Creo que les dan pocas oportunidades y que lo tienen muy complicado. Yo me fui con 16 o 17 años de casa. Pero con 20 o 21 años tenías una casa independiente. Ahora es muy complicado. Y en general, creo que hay mucha supeficialidad, mucha necesidad de inmediatez.
¿Ha visto Tik-tok?
Sí. No lo soporto. Lo tiene mi hija y hace sus tonterías, pero yo no puedo. Supongo que como herramienta de comunicación es interesante. Todos dependemos de las nuevas tecnologías, pero hay que hacer hincapié en el uso. Y a la gente joven habría que dirigirles. Como decía alguien, no hay que prohibirles usar un móvil sino enseñarles a utilizarlo.
Como padre de una niña de 13 años, ¿siente inquietud por lo que pueda ocurrirle a su hija?
El móvil es una herramienta precisamente para estar alerta. Pero siento inquietud. Soy un padre tardío y neurótico y sí que lo siento. Si hubiese sido padre con 30 años habría sido de otra manera.
CUESTIONARIO PROUST
Un escultor
Rodin
Una escultura
El Moisés de Miguel Ángel
Un pintor
Monet
Un personaje de La bola de cristal
La bruja avería
Un momento del día
La media mañana
Un libro
Elegías de Duino, de Rilke
Un músico
Beethoven
Un momento de su vida
El cáncer
Un/a heterodoxo/a
Ángel Ochotorena
DNI
Nicolás Alba Rico (Madrid, 1963) es escultor autodidacta, escenógrafo y carpintero metálico. Desde 1981 ha protagonizado 26 exposiciones individuales y 22 colectivas. Ha expuesto en diferentes ciudades europeas y posee obra pública en España, Reino Unido y Portugal .