Investigación policial

Los huesos de Beloso eran de Antonio

La extinción de un incendio a orillas del Arga descubrió en mayo del año pasado unos restos humanos en una caseta. Dos investigadores de Policía Foral relatan un trabajo de meses hasta lograr dar nombre y apellidos al desconocido

Mitxel Cervelló, de Policía Científica, y Koldo Ledesma, de Delitos contra las Personas, en el laboratorio de Policía Foral
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Mitxel Cervelló, de Policía Científica, y Koldo Ledesma, de Delitos contra las Personas, en el laboratorio de Policía Foral
Mitxel Cervelló, de Policía Científica, y Koldo Ledesma, de Delitos contra las Personas, en el laboratorio de Policía Foral

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Carmen Remírez

Publicado el 28/03/2022 a las 06:00

La tarde del 31 de mayo de 2021 fue calurosa para la época, final de primavera, y en Pamplona los registros superaron los 30 grados. Era lunes y, a última hora de la tarde, pasadas las 20 horas, amenazaba tormenta. Antes de que rompiera a llover (la precipitación medida en los pluviómetros apenas superó los dos litros) los bomberos del parque de Trinitarios fueron movilizados para sofocar un incendio de pelusa de chopo que se había originado en la orilla del río Arga, casi a la altura de la Ciudad Deportiva Amaya. Durante las labores de extinción, uno de los bomberos detecta un segundo foco a unos 200 metros del cauce, en una zona bastante inaccesible, entre el río y el talud que cae desde el parque de la Media Luna, bajo la gasolinera de enfrente del Seminario.

No resulta nada fácil llegar hasta allí y los bomberos tienen que desbrozar la maleza que rodeaba la zona, pero es probable que, si el fuego no se hubiera extendido, este misterio hubiera podido seguir allí, engullido por la vegetación y el arbolado. Sin embargo, atraídos por las llamas, los efectivos consiguen llegar y descubren una caseta pequeña, con indicios de llevar tiempo abandonada. En las tareas propias de la extinción, al tirar de una alfombra, de forma repentina, se topan con lo que parece un cráneo. Son las 21.10 horas. El aviso a SOS Navarra derivó inmediatamente en alerta a la unidad de Policía Científica de Policía Foral, que en menos de media hora confirmaba in situ que la calavera es real (no sería la primera vez que uno de estos avisos concluye en el hallazgo de una pieza de plástico con apariencia humana, confiesan los policías) y que en el lugar se hallan, diseminados a pocos metros, lo que sin duda apuntan a varios restos óseos de persona más.

Al concretarse el hallazgo , los agentes de la Brigada de Delitos contra las Personas dan a su vez aviso al Juzgado de guardia y al médico forense, que se desplaza al lugar. Así, arranca la investigación oficialmente dicha. La primera inspección ocular concluye pasada la medianoche. La caseta y su entorno, a pesar de hallarse en un lugar tan recóndito, se ha convertido en escenario de una doble investigación policial (identificación de unos restos humanos y origen del incendio), por lo que queda acotada y preservada. Al día siguiente a primera hora, con luz natural, se retoman los trabajos.

Mitxel Cervelló, de Policía Científica de Policía Foral, explica que en este tipo de inspecciones la prioridad son siempre los restos humanos. Tras la calavera, los agentes documentan la presencia de un torso vestido y varias piezas más diseminadas alrededor de la caseta, así como multitud de objetos que indujeron a los investigadores a pensar que en ese lugar habitaba alguien. “Eran objetos de uso cotidiano: alfombras, un cinturón de cuero, cubos, zapatillas, peines, revistas, mantas...”. Todas las evidencias que puedan sospechar que tengan relación con la investigación se van catalogando y clasificando. “Se hallan varias monedas de euro, una medalla de la Virgen con una inscripción en francés y, finalmente, bastante deteriorada, una cartera que a la postre resultaría clave para resolver la investigación”.

Desde un primer momento, Koldo Ledesma, investigador al frente del atestado reconoció la importancia de este objeto. “Conservaba bastantes papeles en su interior, relativamente legibles a pesar del fuego”. Con precaución, recogieron la cartera y la llevaron al laboratorio, donde depositaron todos los papeles. “Había varios boletos de juegos de azar y también anotaciones manuscritas con nombres y números”.

Los boletos de lotería ayudaron a ir situando una posible fecha de la muerte, al menos en el sentido de descartar las que el supuesto dueño del objeto había sellado los boletos. “En 2015 y 2016 observamos que ha sellado boletos, con lo que parece bastante lógico deducir que en esa fecha estaba con vida”.

De forma paralela, los investigadores van recibiendo las conclusiones del análisis forense. “Se reconstruye el esqueleto y se realiza una radiografía de los huesos, en busca de pistas. Desde una posible causa de la muerte a una prótesis que, por ejemplo, pudiera revelar una numeración y, en consecuencia, una identidad”. De todo ese trabajo no se obtiene ningún resultado relevante, indican. A pesar de que en un primer momento se pensó que la calavera hubiera podido pertenecer a una mujer, la extracción de ADN de la cabeza del fémur y su análisis posterior en el laboratorio de Nasertic arroja el código genético de un varón. Es un hombre, fallecido hace años, sin que la autopsia arroje luz sobre la causa de la muerte.

SIN RESULTADO EN BASE DE DATOS

El siguiente paso al que proceden los policías es la introducción del perfil genético en la base de datos PDRH (Personas Desaparecidas y Restos Humanos). “Dio negativo”. Vuelta a la casilla de salida.

El trabajo de la Brigada de Científica concluye con una hipótesis acerca de la causa del incendio que llevó al descubrimiento del cadáver. “Lo más probable es que se iniciara a raíz de una imprudencia, como que alguien arrojara una colilla, que prendió en la zona donde se acumulaba la pelusa de chopo, una sustancia altamente inflamable. Una racha de aire pudo expandir el fuego y prender en ese segundo foco, donde se ubicaba la caseta”. El punto más cercano a un paso peatonal, una senda asfaltada que asciende en zig zag desde el Arga hasta la gasolinera dista 49 metros. Cualquiera de entre los que aquellos días se acercaron a la zona coinciden. Eran medio centenar de metros, pero la maleza los hacía inaccesibles. Desde el aire, las imágenes aéreas tampoco revelan la existencia de ninguna construcción rudimentaria. “Esa cabaña se la tragó la maleza y nadie se percató de ella en años”.

En este punto de la investigación, indica Koldo Ledesma, la cartera y sus anotaciones destacan de entre todo lo demás como nuestra pista más importante. “No hay indicios aparentes de muerte violenta pero tampoco sabemos la identidad, la fecha o la causa de la muerte. Toca buscar”. Las pesquisas comienzan con una labor relacionada con ‘desencriptar’ los números y letras manuscritos en los papeles que se salvaron del fuego. “Hay una secuencia de lo que parecen ser 8 números y una letra y, a su lado, aparece escrito, tal cual ‘denei’. Desde luego, parece que se corresponde con un posible documento nacional de identidad (DNI) y un nombre, de pila Antonio (para presevar la identidad real de los implicados en esta historia, los nombres de pila no se corresponden con la realidad) lo que, de ser así, supone una vía “de la que tirar”. Ledesma realizó la consulta de saber a qué persona correspondía ese número de DNI y se encontró con el primer escollo. “Había dos personas, dos nombres, que se correspondían con esa numeración”. La posible explicación, un error en el grafismo al escribir el apellido y que, en realidad, fuera una única persona, pero que al constar en diferentes registros oficiales, su nombre apareciera escrito de distinta manera.

Un ejemplo para entender la situación es la de una mujer llamada Vanesa que en varios documentos oficiales apareciera como Vanessa o viceversa, dificultando su identificación.

Imágenes del lugar donde encontraron el cadáver
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Imágenes del lugar donde encontraron el cadáverCedida
Imágenes del lugar donde encontraron el cadáver

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La pista cobra fuerza cuando, en su labor de rastreo, el policía ubica a Antonio en Pamplona en 2004. “La idea era localizar a esa persona cuyo nombre aparecía en los papeles para poder preguntarle por la caseta o si sabía algo de la persona desaparecida”. También se puso en contacto con el municipio fronterizo con Portugal donde constaba en el DNI que había nacido, allá por 1952. “Buenos días, llamaba de la Policía Foral, en Navarra. Estamos investigando la desaparición de una persona y busco algún dato o referencia de este nombre o la de algún familiar”. La consulta en el padrón o en el Juzgado de Paz no condujo a nada, pero finalmente sí llevó a un hilo gracias a introducir el nombre en el Registro Civil, donde apareció una referencia a la celebración de un matrimonio en 1976. Nueva consulta, esta vez para acceder a una hoja manuscrita donde, además de la boda, queda constancia de una posterior separación, así como del nacimiento de dos hijos. “Ya está, introduciendo el nombre de los hijos, el apellido de Antonio y el de su mujer, pensé en encontrar un domicilio o un teléfono donde preguntar por él. Pero de nuevo me topé con problemas”.

Ninguna base de datos dio razón de dos personas con esa combinación de nombres y apellidos. ¿Cómo puede ser? se preguntó Ledesma. Y volvió otra vez sobre sus pasos, hasta descubrir que en un margen junto a la separación y divorcio de Antonio aparecía que la mujer contrajo segundas nupcias, adoptando su segundo marido a los dos hijos nacidos en el primer matrimonio, que borraron el apellido paterno y pasaron a apellidarse como el nuevo esposo de su madre.

“En este punto comienza a clarificarse un poco el embrollo y comienza a encajar la teoría, cada vez más factible, de que los restos pertenecen a Antonio, del que no hay registros en los últimos años, y que además tuvo una vida complicada por la que, en algún momento, su familia cortó la relación con él. Eso explicaría una muerte tan solitaria”.

La búsqueda lleva finalmente hasta dar en la actualidad con los dos hijos. Para llamar a la hija, de unos 40 años y actualmente residente en Madrid, este investigador tomó aire. Era el 15 de octubre. “Buenos días. ¿Es usted Pilar? Llamo de la Policía Foral, en Navarra. Déjeme que le explique. Estamos investigando la desaparición de una persona y tenemos indicios para pensar que quizá Antonio, su padre, lo conozca. ¿Tiene usted contacto con él?”. Silencio al otro lado de la línea. “No entiendo para que me llamáis a mí. No tengo relación con mi padre ni quiero tenerla”.

"ESTRICTAMENTE NECESARIO"

“Mire, si no fuera estrictamente necesario no hubiera hecho esta llamada”, prosiguió Ledesma, que percibiendo lo delicado de la situación se aventuró a sincerarse del todo. “Hemos hallado unos restos y creemos que pudieran tener relación con él”.

La mujer quedó en shock. Ledesma contactó también con el hijo varón, vecino de una localidad de la Comunidad Valenciana. “No sé nada de mi padre desde que era un niño”, les relata. El agente le pregunta si estaría dispuesto a facilitar su ADN para compararlo con el hallado en los restos de la caseta. Los dos hijos se muestran reacios. No ven sentido a reabrir una herida que no les aporta nada en su vida. “Hablando con ellos sabemos que tiene familia en Pamplona, pero no son de primer grado. Con un hijo, el análisis de ADN permite establecer al 99% la relación entre uno y otro. Si la comparativa se establece con un sobrino, por ejemplo, no es concluyente para certificar que era quien sospechamos que podía ser”.

El hallazgo de una cartera con restos de papeles y anotaciones manuscritas  fue clave para descifrar quién era la persona hallada muerta en la caseta de Beloso, un lugar inaccesible tras varios años de abandono y donde los investigadores sospec
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El hallazgo de una cartera con restos de papeles y anotaciones manuscritas fue clave para descifrar quién era la persona hallada muerta en la caseta de BelosoCedida
El hallazgo de una cartera con restos de papeles y anotaciones manuscritas  fue clave para descifrar quién era la persona hallada muerta en la caseta de Beloso, un lugar inaccesible tras varios años de abandono y donde los investigadores sospec

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Finalmente, cuando Ledesma empezaba a contemplar la posibilidad de pedir permiso para exhumar a un hermano de Antonio fallecido hace años, el hijo varón accede al frotis bucal. “Creo que se convenció al pensar que si no era su padre biológico quien había muerto allí, podía haber otra familia esperando una respuesta acerca de esos restos”. El forense confirmó el resultado positivo el 16 de noviembre, pudiendo por fin poner nombre y apellidos a los huesos que todavía permanecen en el depósito del Anatómico Forense.

A pesar de las incógnitas pendientes, como la causa de la muerte, la hipótesis más lógica que manejan los investigadores es la de que Antonio falleció entre 2016 y 2018 y durante unos 3 años sus restos quedaron allí, ocultos a la vida diaria de la ciudad. Posiblemente, residía en el lugar. Ledesma envió un mensaje de felicitación navideña al hijo, a quien se reconoce agradecido. “Le costó dar el paso y nuestra llamada reabrió una herida, pero al final lo hizo y eso nos permitió saber a ciencia cierta que esos huesos eran de Antonio”, cuenta.

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