La otra mirada
Eva Ciordia, profesora de sexto de primaria: “No soy una croqueta; no puedo gustar a todo el mundo”
Tiene a su hija mayor en clase. Y como el resto de alumnos, tiene libertad de movimientos en un entorno, el aula, poco habitual en la ortodoxia educativa. No tienen horarios de materias establecidos y cuentan con una zona que parece un saloncito. Pero a Eva Ciordia le avalan los buenos resultados


Publicado el 28/02/2022 a las 06:00
Basta entrar en su aula para comprobar que es una profesora heterodoxa: muñecos de baby Yoda, Chewbacca, Gizmo de los Gremlins...
Sí. Yo llamo a mis alumnos Padawans.
¿Se ve a sí misma heterodoxa?
Pues me enorgullece mucho que Mikel Salas sugiriese mi nombre. A ver, a mí a veces me han censurado cosas que he hecho.
¿Como qué?
Pues la primera vez que traje un sofá a clase. Se montó un poco de lío. A ver, el programa de trabajo que se creó aquí, lo montamos otra compañera y yo hace años. Lo empezamos en primero y segundo ciclo y después lo trasladé aquí, que son más mayores. Cada uno tiene un ordenador.
¿Y cómo es su modelo de educación?
Aquí lo ponemos todo patas arriba. No seguimos horarios, los espacios no son los de una clase normal. Si entras a esta clase, unos están haciendo cálculo, otros arte, otros lengua, otro en el ordenador y conectado a la pantalla de clase... Por ejemplo, ahora hay uno programando un juego a partir de una lección de Ciencias. Cosas así...
Nada que ver con la educación tradicional.
También hacemos pelis de stop motion en el tercer trimestre. Tengo guardado un croma para hacerlas. Con el material que quieran. Aquí son libres. Siempre dentro de unos límites, claro. ¿Si me veo heterodoxa? Pues sí. Siempre he sido el bicho raro. Los profes nuevos alucinan. Yo les digo, “no te arrimes mucho, que te vendrás para el lado oscuro”.
¿Ha tenido que explicar a sus alumnos qué está pasando en Ucrania?
No. Estos chiquitos todavía no han llegado a ese tipo de preocupaciones tan globales. Además, algunos empiezan ya a ser muy adolescentes y otros todavía son muy niños. Hay mucha variedad. En la tercera evaluación, en Sociales, hacemos geografía y orografía de Europa. Ahí saldrá Ucrania.
¿Y cómo se lo explicaría?
Pues yo les diría que es una lucha de poderes. Haría una semejanza con situaciones que se producen en clase. Cuando dos quieren usar lo mismo o tener el mismo sitio. En mi clase, el movimiento es libre y a veces se crean estos conflictos.
Más que una lucha de poder, se trata de una invasión en toda regla.
Sí. Pero yo lo enfocaría por ahí, por el hecho de querer lo que a uno no le corresponde.
¿Qué le sedujo de la docencia?
Dicen que los malos estudiantes se hacen buenos profesores. Hace unos años, me encontré con una profesora mía del instituto. Me preguntó qué tal me iba. Le dije, “pues soy maestra”. “¿Tú?”, me respondió. Se lo hubiera imaginado de cualquiera menos de mí. En mi familia ha habido varios docentes desde mis abuelos.
O sea, que hay tradición.
Sí. En esta profesión, hay mucha gente que habla de vocación. Yo la vocación la dejo para la Iglesia, para los curas y las monjas. Yo me metí porque me gusta estar con críos, porque creo que comunico bien y porque quería estudiar algo útil. El enamorarme de la profesión vino después. Bastante después. Empecé en Ermitagaña por una sustitución. Y a este colegio siempre le había visto posibilidades.
La educación sexual es quizás una de las asignaturas pendientes del sistema educativo. ¿Ve tics en los adolescentes que hagan pensar en que algo falla?
Sí. Encontramos consumidores de porno con 11 y 12 años. Eso es preocupante. Hace unos años esto no pasaba.
¿Hay carencias en esta materia en la educación reglada?
Sí. Mira, aunque yo te diga que esto es un poco “patas arriba”, tengo que adherirme a un currículo oficial, publicado por ley en Navarra. Los contenidos que imparto salen de ahí. Pues en sexto estudiamos el sistema reproductor. Te encuentras con chavales que saben demasiado y otros que no saben nada de nada. Siempre hay risitas cuando oyen la palabra vagina o pene. Yo les digo que es una parte más de nuestro cuerpo, como la nariz. Yo lo abordo con rigurosidad científica y con los términos correctos.
¿Le interesan experiencias más innovadoras de educación como la Institución Libre de Enseñanza de Giner de los Ríos?
Me interesaba mucho la Escola Lliure, Montessori, Waldorf... Pero también veo que tienen lagunas. Yo creo que la educación es el mundo de los extremos. Hay una dicotomía entre los ‘profesaurios’ y los supermegaarchiinnovador. Yo no. Cuando me preguntan dónde me sitúo. Yo siempre digo que en el medio. Yo hago dictados en inglés. ¿Por qué? Porque es necesario, porque funciona.
¿Cómo le gustaría que le recordasen en el futuro?
Pues todos mis alumnos ya saben que cuando yo me muera, quiero que suene Somewhere over the rainbow. Desde que murió mi mejor amiga, Sara, he perdido el miedo. Y quiero que mi funeral sea una fiesta con bien de comida. Me gustaría que me recordasen como su teacher, la que se preocupó por ellos. Pero claro, yo no soy una croqueta. No puedo gustar a todo el mundo. Y hay críos a los que llegas y otros, no. Pero sí que me encuentro a muchos que después de varios años y me dan un achuchón. Eso vale oro.
CUESTIONARIO PROUST
Una asignatura
Ciencias
Un educador de referencia
Sara Ballestero
Un momento de su vida
Dos: el nacimiento de mis hijas
Un libro
La cuatrilogía de La sombra del viento, de Carlos Ruiz Zafón
Música
Linkin Park
Un momento del día
Cuando entro por la mañana en clase
Una película
Los Goonies (1985), de R. Donner
Un/a heterodoxo/a
Iñigo Ciordia
DNI
Eva Ciordia Fillat (Pamplona 1981) es profesora de Primaria e Infantil con inglés como lengua vehicular. Trabaja en el C.P. de Ermitagaña donde desarrolló el programa Dare Yourself y otras experiencias educativas con juegos de rol y de mesa. Forma parte de MYU (míranos y únete).