Coronavirus
Carriquiri, toros de sangre navarra,“terror” de los toreros
Carriquiri, la ganadería que ha dado nombre a la variante navarra del SARS-CoV-2 fue bastante más temible de lo que ha sido esta versión del virus


Publicado el 03/02/2022 a las 06:00
Su apariencia engañaba. Los toros de casta navarra eran de escaso volumen y poco peso, lo que desanimaba en un principio a los espectadores de las plazas españolas y del sur de Francia en el siglo XIX. Pero muy pronto salían de su error. En sus ‘Cuentos del viejo mayoral’, Luis Fernández Salcedo, dijo de los toros navarros que eran como las guindillas: “pequeños, rojos y picantes”. Así que las ganaderías de casta navarra eran más que temidas por los toreros de la época y entre todas destacó una por su bravura: Carriquiri
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Esta ganadería debía su nombre a Nazario Carriquiri (Pamplona, 1805/Madrid,1884), quien, hijo de un comerciante de lanas bajonavarro, ascendió socialmente como industrial, banquero y ganadero. En esta actividad se labró fama tras adquirir parte de la ganadería de Guenduláin, que a su vez hundía raíces en la de Antonio Lecumberri, formada a finales del siglo XVII. Nazario Carriquiri debutó en los Sanfermines como ganadero de bravo en el año 1852.
BRAVURA INAGOTABLE
El ya citado escritor Luis Fernández Salcedo definió con precisión el carácter de los toros Carriquiri. Así fue recogido posteriormente en el libro ‘Cuatro siglos de casta navarra’ (Koldo Larrea, Saturnino Napal, Miguel Reta y Ramón Villanueva’. “Chicos por su tamaño, pero grandes por su bravura, con un temperamento nervioso en exceso, capaz de hacer andar de cabeza a toda la torería. Con una agilidad endemoniada, por saltar limpiamente la barrera -no huyendo, sino persiguiendo a los toreros-, tirando derrotes a gran altura y con una bravura inagotable. Las capas eran castañas y coloradas, abundando los ojos de perdiz y los chorreados; a veces salía alguno negro... En cuanto a bravura, los escritores de entonces los comparaban con furores invernales o con monstruos del Averno, a causa de su inteligencia, astucia, cólera innata, ferocidad, ímpetu, intrepidez, valentía, fogosidad y ligereza”, describía el tal Fernández Salcedo.
Algunas de esas características que hicieron legendarios a los toros de Carriquiri parece que se han replicado en la variante navarra del coronavirus. Por su pequeño tamaño y esa agilidad endemoniada para saltar barreras en pos de los seres humanos. Por fortuna, esta variante navarra del coronavirus no ha alcanzado el éxito de los toros a los que debe su nombre. Curiosamente, uno de los toros navarros con mayor gloria, en este caso de la ganadería de Pérez de Laborda de Tudela, se llamaba Murciélago y, tras ser indultado, parece que acabó en la ganadería de Mihura con el fin de padrear. Aunque la casta navarra prácticamente se diluyó en otros encastes, ganaderos como Miguel Reta intentan resucitar hoy en una labor casi de ‘arqueología taurina’ la fuerza y bravura de aquellos legendarios astados.