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Coronavirus

¿Se necesitan más dosis de refuerzo de la vacuna?

La estrategia de vacunación continua palía el descenso de anticuerpos a los seis meses pero puede “sobresaturar el sistema inmune”. Aunque sea conveniente, hay voces que dudan de inocular una tercera dosis a infectados y menores

Ampliar Una sanitaria inocula  a un niño una de las dosis de la vacuna contra el coronavirus en Tafalla
El menor Rubén Sanz Gorri descubre su hombro izquierdo para serle administrada la primera dosis en el inicio de la vacunación infantil en TafallaAlberto Galdona
Publicado el 22/01/2022 a las 06:00
Son aceptadas las conclusiones de centros, como el Instituto de Salud Carlos III, a partir de la observación en mayores que prueba la eficacia de la dosis de refuerzo. Aumenta -señala un estudio suyo- el número de anticuerpos frente al coronavirus, ya sea en personas que han pasado la infección como en las que no, y es también eficaz para la variante ómicron. Poco después de uno de los últimos encuentros del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, el director del centro de investigación, Cristóbal Belda, abundó en los beneficios del tercer pinchazo a partir de la comprobación de la reacción hallada en 1.200 personas mayores de 65 años. De fondo, latía el interés por conocer la duración de lo que se conoce como inmunidad inducida por las vacunas. Y he aquí una de las claves de los interrogantes que asoman en la mente de científicos y de cuyas respuestas depende que la población deba o no descubrir su hombro de forma recurrente.
“Claramente, existe un aumento del número de anticuerpos que se genera en las personas tras la tercera dosis. Este incremento es común a las personas que han pasado o no la infección. Por lo tanto, la tercera dosis es eficaz en aumentar los anticuerpos; además es eficaz contra ómicron, incrementando su eficacia hasta en diez veces frente a la no administración de la tercera dosis”, apunta Belda. Por lo que dice, el escudo de los anticuerpos llega a ser de hasta veinte veces más sólido en los mayores de 65 años.
Días atrás, el jefe de Estrategia de Amenazas Sanitarias Biológicas y Vacunas de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés), Marco Cavalieri, compartió sus dudas con la opinión pública sobre la necesidad de administrar la dosis de refuerzo de la vacuna contra la covid-19 “continuamente”. Su incógnita se apoyaba en el temor a “sobresaturar el sistema inmune con repetidas vacunaciones”.
En tal apreciación reconoció que siente “preocupación” por una estrategia de vacunación que suponga vacunar cada tres o cuatro meses, a excepción hecha de las personas inmunodeprimidas. “Todavía -apuntó- no hemos visto datos con respecto a una cuarta dosis, y nos gustaría ver estos datos antes de poder hacer cualquier recomendación, pero al mismo tiempo, estamos bastante preocupados por una estrategia que implica la vacunación repetida en un corto plazo”.
Calavieri entiende que se haya administrado una tercera dosis “por la situación epidemiológica actual”, pero interpreta también que la vacunación no se puede repetir “continuamente”. “Sería mejor empezar a pensar en dosis de refuerzo más espaciadas en el tiempo que se sincronicen con el invierno, como se hace con la gripe”. En un análisis sobre el actual escenario, descartó que de momento se pueda tratar la covid-19 como una gripe: “Se está moviendo hacia una epidemia, aunque todavía no ha alcanzado este estatus. Con la ómicron habrá más inmunidad natural, además de la vacunación, de manera que se avanzará más rápidamente hacia un escenario de epidemia”.
En medio de opiniones de distinto signo, que pueden alimentar dudas y conducir a la creación de ideas equívocas, existe una cuestión que requiere de una explicación. Una cosa es la vacuna y las dosis de refuerzo que puedan administrarse y otra bien diferente son los nuevos preparados que deban elaborarse con ajuste a las cepas prevalentes que, como sucede con la gripe, surjan cada año.
MEMORIA INMUNITARIA: "Una dosis de refuerzo anual no tiene ningún sentido"
Dice el virólogo del centro de investigación Navarrabiomed Diego Escors Murugarren que “el virus está evolucionando para poder adaptarse al ser humano”. “¿Qué significa eso?”, se pregunta a sí mismo con aire didáctico. “Significa -responde- que con el tiempo las nuevas cepas que van a ir saliendo van a ser menos peligrosas a la hora de generar una enfermedad grave”.
Por esta lógica se entiende que la variante ómicron haya sido capaz de adaptarse a la población protegida “con la vacuna original”. “Pero, ¿qué es lo que está sucediendo?”. Por segunda vez, el investigador recurre a la fórmula pregunta-respuesta como método educativo para que sus palabras sean lo más claras posibles : “lo que sucede es que la población vacunada ha generado una memoria inmunitaria. No significa que no nos vayamos a contagiar sino que en vez de desarrollar una enfermedad grave vamos a desarrollar un síndrome tipo catarro, que durará, dependiendo de cada individuo, unos pocos días”.
Dibujado el panorama, a modo de diagnóstico, su opinión es que “no es necesario revacunar con terceras, cuartas y quintas dosis a los tres o cuatro meses de la anterior. No tiene ningún sentido. De hecho, puede saturar al sistema inmunitario. Lo puede cansar”. En este punto, se asocia a la línea expuesta por el jefe de Estrategia de Amenazas Sanitarias Biológicas y Vacunas de la Agencia Europea del Medicamento. Está convencido el investigador de Navarrabiomed que el virus acabará siendo tratado como una gripe: “cada año aparecerán unas cepas que irán propagándose más que otras. Un ejemplo es ómicron. Es por eso que habrá que generar una vacuna anual que contenga los componentes eficaces para las cepas de mayor prevalencia”.
Ahora bien, llegado a este punto y para corregir la posible “confusión” creada por mensajes difundidos en sentido contrario, abre un paréntesis para explicar el funcionamiento de las vacunas. De hecho, descubre su rol didáctico con vídeos que cuelga cada semana en Youtube. “Las vacunas -precisa- dan una protección de por vida. Generan una memoria inmunitaria. No previenen un nuevo contagio en seis meses, cuando bajan los anticuerpos. Pero eso no significa que haya desaparecido la inmunidad. Significa que en una nueva reinfección el cuerpo en vez de tardar en responder catorce días después de la amenaza de un virus, lo hace en tres días. En este corto plazo de tiempo, el virus no es capaz de desarrollar más que unos pocos síntomas”. “Por tanto -continúa- si se pone una tercera dosis de refuerzo, tendrá una duración de seis meses en cuanto a anticuerpos. Sí que aumentará la respuesta de la memoria inmunitaria, pero no creo que sea necesario una cuarta, quinta dosis... No tiene ningún sentido”.
CONSEJOS PRÁCTICOS: Grupos de seguimiento de nuevas variantes y vacuna anual ante cepas dominantes
Desde esta perspectiva, su consejo se dirige en una doble línea: “garantizar la existencia de unos grupos de seguimiento internacionales de las variantes que estén circulando en el mundo y, por otro lado, generar una vacuna polivalente frente a aquellas variantes más comunes para administrarla una vez al año”.
"SI ME HE CONTAGIADO, ¿NECESITO LA DOSIS DE REFUERZO?"
“Científicamente si una persona se ha contagiado es como si hubiese recibido otra dosis”, responde de forma categórica. “En el caso de volverse a vacunar recomendaría que pasasen seis meses o un año de esa dosis de refuerzo. Hay que tener mucho cuidado con generalizar. Hay personas que se infectan con el virus y apenas tienen sintomatología. Otras personas tienen una gran sintomatología”.
“Este coronavirus es -agrega- es muy parecido a los que tenemos en la población humana, como los coronavirus del catarro. Nosotros tenemos inmunidad contra esos coronavirus. Nos podemos contagiar de ese virus del catarro ciertamente y tanto la vacunación como la infección generan inmunidad. Es importante que toda la población se vacune o pase la enfermedad para adquirir este tipo de inmunidad, para que no acabemos en la UCIs, donde existe el problema”.
Gabriel Reina González, jefe de serología del servicio de microbiología de la Clínica Universidad de Navarra, está convencido de los beneficios de la tercera dosis. “Viene bien”, pero no cree que sea tan necesaria para “aquellas personas que han pasado la infección de forma natural”. Otra cuestión es si hubiese una indicación médica para aquellos “no inmunocompetentes”a los que una nueva inyección reportaría una mayor protección. “En ese caso -señala- convendría estudiar en concreto la inmunidad natural adquirida a partir de la vacunación previa o infección natural. Sería el dato clave que podría sugerir la necesidad o no de una dosis de refuerzo”.
Sobre la estrategia de vacunación continua, que comportaría una dinámica de pinchazos espaciados en el tiempo, se remite a hechos probados. “Se ha visto en Israel -indica- que en personas inmunocompetentes no está aportando ningún beneficio. Sí parece que será necesario en población severamente inmunodeprimida, que no ha respondido con intensidad a la dosis previa. El estudio de la inmunidad y sobre todo de la inmunidad celular nos podría dar el dato clave en aquellos casos de personas que no tengan una inmunidad adquirida o bien que en un estudio negativo en ese parámetro concreto revelase la necesidad de poner esa dosis de refuerzo”.
VACUNACIÓN INFANTIL SÍ;
REFUERZO, NO
Mercedes Herranz Aguirre es responsable de Infecciosas de Pediatría del Hospital Universitario de Navarra. Partiendo de la premisa de que su especialidad es clínica , como aclara, y, por tanto, dista de la experiencia epidemológica, está convencida de las ventajas que garantiza la vacuna a la población infantil. “Lo que podemos pedir a la vacuna es, sobre todo, seguridad. Aunque el beneficio va a ser menor que en las personas mayores, donde la covid es más grave, podemos proteger a los niños. Forman parte de esta sociedad”.
Preguntada por su opinión sobre la dosis de refuerzo en los menores, su impresión es que “no hace falta. Pueden desarrollar formas menos graves de la enfermedad. Queremos protegerles, en la medida de las posibilidades, de esas formas graves, de los ingresos en hospital, y al mismo tiempo queremos reducir la transmisión. Lo deseable en los niños es que tengan una vida normal. Creo que no tiene mucho sentido en estos momentos la dosis de refuerzo para ellos”.
Y si un niño ha contraído la enfermedad, ¿recomienda vacunarse?, atiende por interpelación. “Se puede vacunar”, ofrece por respuesta. “Ya hemos visto que hay personas que se contagian más de una vez. Creo que, como están las cosas, lo mejor es ofrecerles la vacuna. Pero, por supuesto, la decisión, como en todas las vacunas, es de los padres”. La pediatra proporciona un mensaje de tranquilidad. “Han de saber -dirigiéndose a los progenitores- que la vacuna es segura y eficaz para sus hijos”, subraya. Como con los adultos, también los más jóvenes que hayan dado positivo han de esperar cuatro semanas a ser inoculados.
EFECTOS SECUNDARIOS DE LA TERCERA DOSIS CON MODERNA
En una entrevista a la Cadena Ser, el jefe de sección de enfermedades transmisibles y vacunación de Salud Pública en Navarra, el doctor Aurelio Barricarte, confirmó en días pasados la mayor garantía de protección que procura la tercera dosis de Moderna, aun a riesgo de padecer efectos secundarios. “Está claro que la ficha técnica da más efectos adversos de tipo general para la vacuna de Moderna, pero a cambio, tenemos una mejor protección frente a la enfermedad”. El virólogo del centro de investigación Navarrabiomed David Escors tiene una explicación a las reacciones: “Las vacunas están diseñadas para hacer creer al cuerpo que está sufriendo una infección. Si recibimos tres o cuatro pinchazos con la misma vacuna en un período relativamente corto en el tiempo, el cuerpo piensa que está siendo atacado y reacciona”. Malestar general, dolor de cabeza y fiebre son su respuesta.
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