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Médico de familia

Juan Simó Miñana: “Estamos bloqueados por la gestión de bajas y el seguimiento de casos leves”

Acabar con la “excepcionalidad” de la pandemia y replantear la forma de afrontarla ante el impacto de la sexta ola en atención primaria. Este es el llamamiento que realizan los médicos de familia

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Juan Simó, durante un momento de la entrevistaIván Benítez
Actualizado el 16/01/2022 a las 09:37
Hasta hace pocas semanas, si un ciudadano llamaba a su médico de familia y le decía que se había hecho un test de antígenos en su casa y había dado positivo, su médico tenía que confirmarlo con otra prueba en el sistema sanitario. Desde la explosión de ómicron, las normas han cambiado. Ahora mismo, si un ciudadano llama a su médico y le dice que se ha hecho en su casa un test de antígenos y le ha dado positivo, su médico, por protocolo, se lo tiene que creer y firmarle la baja estipulada con el diagnóstico de covid-19 dando fe oficial de su creencia. Al menos esto era válido hasta el viernes porque a partir del martes el protocolo vuelve a cambiar y los test de antígenos hechos en casa ya no serán aptos en Navarra para obtener una baja laboral.
Hace un año se encontraban al límite en los centros de salud.
En aquella época sufrimos un importante impacto psicológico y emocional porque se nos morían pacientes y la gente estaba muy enferma. En esta ola, la inmensa mayoría de los casos son leves o asintomáticos.
Entonces, ¿qué problemas se están dando hoy en la atención primaria?
Lo que tenemos hoy es mucho trabajo burocrático que nos impide ejercer la medicina. La atención primaria ha quedado anulada por la burocracia. Mientras, las mutuas laborales, entidades privadas, consideran que las bajas por covid-19 se están “alargando innecesariamente” y piden que se “aceleren” las altas.
¿Cuál es la solución a corto plazo?
Puesto que las mutuas colaboran con la Seguridad Social y la baja por covid-19 se asimila legalmente al accidente laboral o enfermedad profesional, ¿por qué no se encargan los médicos de estas mutuas, financiadas con dinero público por cierto, de la tramitación de estas bajas como hacen con las bajas de accidente laboral o enfermedad profesional? Así no se quejarían y los médicos y enfermeros de los centros de salud podríamos ocuparnos de nuestros pacientes.
Hay muchas personas haciendo cola porque nadie les coge el teléfono.
La gente está harta, tenemos broncas todos los días en los centros. Pero no están hartos solo los que hacen cola, también los que trabajamos aquí. Principalmente, el primer filtro, los administrativos. Si por ellos fuera, mañana se iban a trabajar a otro lugar porque no aguantan más. Ellos se llevan los golpes, mientras los políticos dicen que todo está bajo control. También se sigue detectando miedo...
¿Miedo?
Mientras gestionamos bajas y llamamos a los positivos, pacientes crónicos y agudos de otras cosas más importantes que un catarro, se quedan encerrados en sus casas con miedo a salir, a venir al centro, porque esta es la “peor ola” de la pandemia. Con muchísimas dificultades para contactar, siquiera por teléfono con su médico. Las autoridades tienen que retirar estos protocolos y decirle a la gente que médicos y enfermeros harán seguimiento de los casos graves. Nada de llamadas a leves o asintomáticos por protocolo.
  • ¿En este centro, con el mayor número de pacientes en Navarra, siguen faltando médicos?
Sí, dos, que llevan muchos meses sin ser sustituidos. Esto quiere decir que hay más de 3.000 personas que van de aquí para allá, de un médico a otro, sin poder garantizarles una continuidad con un mismo médico, algo más importante de lo que parece.
En su blog ‘Salud, dinero y atención primaria’ ha escrito un artículo con gran repercusión en el que insiste en que “hay que parar todo esto”. ¿A qué se refiere?
Los médicos de familia llevamos años pidiendo alternativas como la autodeclaración de ausencia por enfermedad, como la que tienen en el Reino Unido. El llamado Self Certification Absence Form que permite que el paciente autojustifique la ausencia al trabajo por enfermedad inferior a una semana sin justificante médico. Es el propio paciente el que certifica su ausencia firmando el Self Certification Absence Form. Si lo tuviéramos aquí evitaríamos tanto papeleo, porque nos hemos convertido en notarios de mocos y catarros.
¿Notarios de mocos y catarros?
Efectivamente. Por culpa de esta burocracia y seguimiento a leves hay dificultad para atender a una buena parte de la población que sufre enfermedades más graves, que nos necesita y no viene bien por miedo, por dificultad de acceso... Y esto genera angustia. La atención primaria está siendo anulada en sus funciones básicas por el incendio de esta sexta ola de asintomáticos y síntomas catarrales leves.
Otros especialistas piden cautela a quienes creen que esta es una ola de catarros.
Si estuvieran aquí con nosotros lo verían. Esto no quita que se puedan complicar unos pocos de casos entre miles que se registran al día. Es un problema de alta incidencia. Se trata de una cantidad de casos que multiplica por cinco el de una gripe normal. Una brutalidad de contagios que pueden poner en aprietos al hospital, una vez arrasada la atención primaria.
¿Se puede tranquilizar a los pacientes?
A la gente le diría que, manteniendo en todo momento las protecciones básicas contra el contagio, vaya perdiendo el miedo al virus y a salir de casa. Y también que si llegan a un centro de salud y no se les atiende como merecen, hagan una reclamación, pero que no lo paguen con quienes trabajamos en la primera línea.
¿Cuánto tiempo más tiene que aguantar el ciudadano para conseguir cita?
Hasta que no cambien los protocolos desde Salud, aumenten las líneas telefónicas, que no hay suficientes, hasta que no contraten más manos y oídos y se sustituyan las bajas médicas, sin todo esto no hay nada que hacer. Esta no será la peor ola para el hospital pero hace semanas que lo está siendo para los centros de salud.
En la entrada del centro de salud hay ahora mismo una mujer de 43 años en silla de ruedas que lleva una hora esperando para poder realizar un doble trámite.
(Silencio) Este tipo de gestiones se deberían realizar por teléfono.
Esta mujer no se queja. Y dice que hay más pacientes porque estamos enfermando por las malas noticias.
Desde hace dos años nos hemos habituado al machaque de los medios de comunicación y las malas noticias. Y ahora que ómicron nos trae buenas noticias, parece que no nos lo creemos.
¿Qué cree que sucederá?
Esto va a cambiar en dos o tres semanas. Habrá que empezar a contar cosas buenas después de dos años. Tenemos que ser conscientes de que ómicron es la gripe de los próximos años.
¿Qué opina sobre el pasaporte covid?
No veo que ningún periodista pregunte a los supuestos “expertos” ni a los responsables sanitarios sobre qué utilidad tiene el llamado pasaporte covid, cuando los vacunados se contagian y contagian a mansalva, entre ellos, de vacunados a no vacunados y al revés. ¿Porqué seguimos con ese pasaporte cuando sabemos que la vacunación masiva no frena la circulación del virus? Es muy probable que la potencie al reducir los casos sintomáticos en vacunados, aumentando los asintomáticos que, como no notan nada, hacen vida normal. Y mantienen la circulación del virus.
¿Qué otras preguntas haría a los supuestos expertos?
Sobre el papel de la inmunidad natural, aquella que proporciona haber pasado la infección (sintomática o asintomática), mucho más completa y duradera que la proporcionada por las vacunas. ¿Qué pasa con ella? ¿Qué sucede con esos sujetos que ya han sido contagiados, algunos varias veces, y que si no se vacunan no pueden subir al metro, o al autobús, o ir a trabajar? Porque, claro, no son pocos.
¿Cuántos años lleva trabajando como médico?
Toda una vida. Desde 1992 que terminé la especialidad. Nunca había vivido algo así.
En definitiva, ¿qué hay que dejar de hacer?
Hay que eliminar ya el protocolo de seguimiento a todo positivo y hay que dejar de perseguir a los no vacunados por no llevar el pasaporte covid. Hay que dejar de hacer cribados masivos en asintomáticos y dejar de confinar a contactos asintomáticos, estén o no vacunados. Hay que dejar de rastrear. Con ómicron reinando en Europa es irrelevante el rastreo, máxime con más de un 80% o 90% de la población vacunada. Hay que dejar de contar los casos de positivos y mucho menos abrir los periódicos y los telediarios con ellos. Hay que dejar de tratar a ómicron como si fuera ébola, porque no es más que el principio del fin de la pandemia.
¿Y qué tenemos que hacer?
Tenemos que volver a la normalidad del sistema sanitario para que los enfermos no covid recuperen la atención que les está dificultando o retrasando la situación. Tenemos que reforzar la sanidad pública, principalmente los centros de salud, que están arrasados. Tenemos que aprender que para ser eficientes no podemos tener al sistema sanitario siempre bajo mínimos. Un sistema sanitario público bien dotado te puede salvar la economía de un país en una situación como esta.
¿Llegará algún día la vieja normalidad?
Hay muchas cosas que tenemos que replantearnos antes. Urge dejar de llamar covid-19 a los catarros que estamos viendo, incluso asintomáticos, y llamarlos por lo que son: infecciones del tracto respiratorio superior, que es lo más alejado que he visto en mi vida de un síndrome respiratorio agudo severo. Hay que reservar el término covid-19 para el diagnóstico hospitalario. Incluso habría que plantearse cambiarle el nombre al virus.

EN 3 FRASES

​“Hace tres semanas que no puedo ejercer la medicina por tanta burocracia”

“Hay que eliminar el protocolo de seguimiento a enfermos leves y asintomáticos ”

“La vieja normalidad tiene que llegar a los colegios antes que a ningún otro lugar”

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