Inundaciones
Encerrados durante 32 horas para no dejar a Pamplona sin agua
Dos técnicos de la Mancomunidad trabajaron 32 horas en la potabilizadora de Eguíllor. La riada les impedía salir por carretera y a sus compañeros darles relevo. Recibieron auxilio por monte


Actualizado el 17/12/2021 a las 08:15
Las riadas dejan historias impactantes a primera vista, a pie de calle. Y escriben otras en la trastienda, que no se ven pero tienen nombre y apellido. Como la de los dos operarios de la planta potabilizadora de Eguíllor, en el valle de Ollo, que hoy hace una semana no pudieron salir de su turno de noche, a las 6 de la mañana. Las carreteras estaban cortadas por el desbordamiento del río Arakil, en las dos posibles direcciones: Pamplona por Asiáin e Irurtzun, por Errotz. Tampoco sus compañeros del turno de mañana podían incorporarse, de modo que ellos sumaron horas con el único objetivo de que Pamplona y su Comarca bebieran agua potable. De ellos dependía en buena parte y no dudaron en prestar el servicio. La de Eguíllor es una de las tres plantas de tratamiento que tiene la Mancomunidad. Esta recibe las aguas del manantial de Arteta; en la de Urtasun se potabilizan las de Eugi y en la de Tiebas las del Canal de Navarra, fuente esta que se utiliza de junio a octubre.
Los dos trabajadores, Julio Arrastia y su compañero, que prefiere omitir su identidad, explican que la situación no les sorprendió porque durante la noche vieron que los niveles subían desorbitados. “El río pasaba de 520 metros cúbicos por segundo y el aforo se salió de rango. Dejó de marcar. El agua llegaba muy sucia, además hubo un corte de tensión en la central hidroeléctrica. Todo estaba inundado, no podíamos parar”, apuntan. En este escenario continuaron su tarea.
Teo Herreras, responsable de la planta, mantuvo comunicación constante con ellos y trató de relevarles, pero no resultó sencillo. Comenzó entonces una suerte de cadena solidaria. Altamira Arcos, analista de calidad y vecina de Eguíllor, les llevó algo de comer y sus compañeros de planta Carlos y Óscar Razquin se desplazaron a pie, monte a través, desde Saldise, con el fin de que sus compañeros descansaran durante la tarde. Regresaron ya de noche, por caminos desdibujados de barro y agua.
Agradecen los técnicos las llamadas de ánimo, que apenas atendían porque debían continuar la tarea. “Se atascaba todo, hubo que achicar un pozo, reparar un generador, salir al monte a limpiar...”, valoran que en el pueblo no tenían luz ni teléfono y ellos sí, aunque tuvieran que dormir en el suelo, “como los hippies en San Fermín”.
La Confederación Hidrográfica del Ebro señalaba que el caudal comenzaría a bajar en la tarde del viernes. “Pero aquello no dejaba de subir” y continuó así hasta el sábado, de modo que ellos permanecieron en la planta. Fueron 32 horas y una experiencia en la mochila. “Contaban que sucedió algo así en 1993 y que ya no se había repetido. Hasta 2021”.