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Siete claves para entender la Navarra que viene en 2022

El año de la vacuna y de mirar al futuro

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Miguel Ángel Riezu

Publicado el 03/12/2021 a las 06:00

Si 2020 fue al año del confinamiento y la pandemia, 2021 va a ser el año de la vacuna. La jeringuilla ha sido la gran protagonista. La pesadilla de la pandemia ha entrado en otra dimensión desde que la inmensa mayoría de la sociedad se ha vacunado frente al virus. Por supuesto, el problema sanitario sigue existiendo, y aquí está la sexta ola desatada que obliga a la prudencia extrema en Navidades. Incluso las nuevas cepas desatan de nuevo todas las alarmas que todavía no sabemos hasta donde llegarán. Pero algo está claro a estas alturas, dejar atrás la pandemia va a ser un proceso mucho más paulatino y menos explosivo de lo previsto inicialmente. El optimismo desbocado no tenía sentido. Y el listado de desafíos que tenemos para el nuevo año no deja de crecer.

LA MONTAÑA RUSA DE LA COVID

La salida de la pandemia, que parecía relativamente fácil y cercana hace tan sólo unas semanas, vuelve a estrellar las previsiones oficiales con la realidad. La covid 19 repunta con fuerza en este final de otoño, aunque es cierto que con muchos menos efectos letales que hace un año. ¿La diferencia? La vacuna. Un proceso que ha durado casi todo 2021 pero que se ha hecho bien y con orden en Navarra y en España y además con una elevada respuesta positiva de los ciudadanos, al contrario que en algunos países centroeuropeos. El 80% de los navarros están ya vacunados. El 91% si excluimos a los menores de 12 años, buena parte de los cuales van a ser inoculados en el primer trimestre de 2022.

Pero aún hay cerca de 50.000 navarros que pudiendo no se han vacunado. Ahora el peso del debate va a girar hacia ellos y su comportamiento muy poco sociable. Las primeras restricciones, con la exigencia del certificado covid para entrar en discotecas, restaurantes y grandes eventos culturales ya están en vigor en la Comunidad foral. Había tantas ganas de que se acabara la pandemia, que los ciudadanos, algunos, no han tenido la paciencia suficiente. Es así de claro.

Se añoraba la “normalidad” y algunos han entendido muy mal este final porque la vacuna no es la panacea por sí sola. Esta colisión social entre expectativas y realidad va a marcar este fin de año y ya veremos en qué medida la primera parte del siguiente.

MIENTRAS SE RETRASA LA RECUPERACIÓN ECONÓMICA

El 2021 que se acaba nos ha demostrado, de nuevo, lo difícil que es hacer previsiones. Es cierto que la economía ha ido de menos a más de forma muy clara. Pero no con la velocidad que se esperaba. Donde la pandemia daba respiro se abrían hueco nuevas preocupaciones, totalmente imprevistas hace unos meses.

En un mundo que sale de la hibernación de la pandemia, se ha producido el estallido todos los cuellos de botella imaginables en la economía internacional. La falta de microchips para la producción industrial, el colapso de los puertos y el comercio internacional, la subida de las materias primas, la escasez incluso de muchas de ellas. Un cóctel letal. Por supuesto, la pandemia no es la única causa, pero sí el detonante. Detrás hay un montón de debilidades que quedan al descubierto (la dependencia de Asia en la producción, por ejemplo).

Pero la consecuencia es que se está desinflando el crecimiento inicialmente previsto (un 5% es la cifra oficial en Navarra para el año que viene). Y así encaramos 2022. El contrapunto lo debe poner la llegada de los fondos europeos, principal motivo de optimismo. En los presupuestos de Navarra, es cierto, van los primeros 160 millones. Pero el grueso del dinero de la UE que la industria, por ejemplo, espera (automoción, agroalimentación, etc..) está todavía sin concretar después de tantos meses. Y el retraso abona el cansancio frente al inicial optimismo. El nuevo año será clave en este aspecto.

CON UN EMPLEO QUE SÍ CRECE

Los datos de empleo, en cambio, son contundentes. En Navarra hay hoy más personas afiliadas a la Seguridad Social que antes de la pandemia. Son 296.000, lo que supone 7.400 más que hace un año. Es cierto que este proceso va por barrios. Se ha sustentado en su mayor parte en la recuperación del sector público, con Salud y Educación, donde los refuerzos para hacer frente a la pandemia han disparado la contratación. Sin embargo la hostelería ha tardado mucho más en llegar a los niveles de empleo anteriores.

En cualquier caso, los ERTE han seguido siendo un magnífico instrumento para sostener el empleo, aunque agilizar su cobro sigue siendo una asignatura pendiente. Además, los 32.000 parados con que seguimos cohabitando nos recuerdan la cara B del empleo. Conviven en Navarra miles de personas sin cualificación y con muy difícil acceso al trabajo con cientos de puestos y trabajos que no hay manera cubrir. Algo estamos haciendo muy mal.

Y SUBE EL TERMÓMETRO DEL DESCONTENTO

Por si faltara algo para el cuadro, la salida de la pandemia deja ver las cicatrices sociales de un mundo enfrascado en una veloz transformación. Tan rápida que amenaza con crear brechas imposibles luego de cruzar entre los vencedores que sacan partido de la digitalización (empleos de calidad en sectores punteros y TIC) y los que amenazan con quedarse fuera (trabajo sin cualificar, negocios tradicionales que cierran a ritmo acelerado, etc..). Un realidad que es un riesgo para el futuro de la cohesión social de Navarra.

Un espacio donde están apareciendo también nuevas fiebres que se cuelan imprevistas, pero que marcan el paso al “cabreo” colectivo. Como la que marca la brutal subida de la factura de la luz, que afecta e impacta tanto en los ciudadanos como en las empresas . La factura de los hogares ha subido un 63% en un año (de octubre a octubre) según el INE. Con promesas políticas del Gobierno de Pedro Sánchez para controlar la factura que son hoy papel mojado. Una situación que abona nubes de tormenta y anticipan un “invierno caliente” con movilizaciones sociales de protesta en sectores clave como los agricultores o transportistas a los que sumar interrogantes para la industria del automóvil. Así de movido llega 2022.

DESCUBRIMOS QUE LA SOSTENIBILIDAD TIENE UN PRECIO

Si hay algo evidente es que la UE camina hacia una sociedad más sostenible para intentar evitar los desastres del cambio climático. Esa realidad ha venido para quedarse e impregna ya todas las decisiones de administraciones, empresas y ciudadanos. Pero estamos aprendiendo que esta transición está llena de retos, de facturas y de interrogantes. Que el camino no va a ser fácil y que va dejar heridos. El ejemplo más claro lo tenemos en casa con VW, la locomotora industrial de Navarra. Esta sufriendo la “tormenta perfecta” de sumar los problemas coyunturales (la acuciante falta de microchips) con otros que son estructurales (el cambio acelerado del modelo de negocio y la transición hacia el coche eléctrico). Todos impactan en una industria esencial para mantener a toda máquina la economía navarra.

Aquí sumamos además los interrogantes de esta transición en VW, que es la multinacional que más fuerte ha apostado en España por el coche eléctrico, pero que no ha anunciado todavía sus planes concretos. El sector auto recela en Navarra de la competencia política de Seat (Barcelona) en la asignación de modelos eléctricos. El brusco relevo en la dirección de la planta el pasado verano no ayudó a la tranquilidad y la evidente falta de reacción pública del Gobierno foral ante las dudas de la plantilla en este debate tampoco ha contribuido a ofrecer certidumbres. Sólo cuando VW despeje sus planes podrá volver la tranquilidad a este sector clave.

Pero no es el único ejemplo donde avanzar hacia la sostenibilidad despierta interrogantes y exige mucha pedagogía. La resistencia de una parte importante de la sociedad navarra a instalar plantas fotovoltaicas y eólicas en las zonas rurales evidencia (más allá del exceso de iniciativas, que también lo hay) que una cosa es hablar de objetivos en abstracto y otra es concretarlos a la puerta de casa. De nuevo 2022 va ser aquí un año clave.

CONSTATAMOS QUE LA POLÍTICA SE ESTANCA

Problemas que se asoman a un año que ya es preelectoral, porque en 2023 tocan las siguientes elecciones forales. Las cartas están claras y repartidas en esta Legislatura. El PSN busca repetir la fórmula que le ha llevado a liderar el Gobierno con Geroa Bai aunque suponga depender de EH-Bildu, normalizarla como fuerza política, y cerrar los ojos a su negativa a condenar todavía hoy el terrorismo de ETA. Todo este contorsionismo cruza líneas rojas y arroja el sentido de la ética por la borda con tal de dejar fuera a Navarra Suma (UPN, PP, Ciudadanos), la fuerza más votada en las elecciones con enorme diferencia. En este final de Legislatura, la única novedad previsible es que se van a ver las costuras de este Ejecutivo que preside María Chivite y donde los nacionalistas de Uxue Barkos van a marcar distancias y ejercer de oposición interna. Porque una cosa es la argamasa del poder y otra la pelea por el voto. Y esa es la que toca ahora.

Por el lado de la oposición de Navarra Suma, el reto es buscar fórmulas para romper el cerco y esquivar la soledad a la quieren llevarle sus adversarios. En cualquier caso, otro año perdido para trenzar políticas comunes entre las grandes fuerzas políticas, de UPN al PSN, para apuntalar estrategias compartidas. Son necesarias en campos como la Salud (con los acuciantes problemas en los centros de salud y la sanidad rural que deja al descubierto el final de la pandemia); en Educación (para volver a la convivencia pacífica entre red pública y concertada) o en Política Lingüística (para poner más sentido común y menos ideología en el debate sobre el euskera).

Por no hablar de lo vital que sería crear un mapa de prioridades económicas de futuro. Atraer talento, generar un clima fiscal que favorezca la implantación de empresas, invertir en innovación (ahí está el reto de la Inteligencia Artificial), etc.. Apuestas necesarias para modernizar el tejido económico en esta época de mutaciones, para seguir creando empleo de calidad, la única garantía de prosperidad para Navarra.

Y QUE NAVARRA SIGUE ENVEJECIENDO

El envejecimiento de Navarra es un proceso imparable asentado en una bajísima natalidad. Los estudios oficiales (Nastat) indican que las defunciones seguirán siendo más que los nacimientos a lo largo de los próximos años. Tan sólo la prevista continuidad en la llegada de inmigrantes (unos 7.000 cada año) hará que la Comunidad foral siga creciendo en población hasta llegar a los 763.000 habitantes en 2035 según la previsión del Gobierno. Este mestizaje define otro de los grandes retos sociales venideros, porque no es un proceso sencillo de asentar.

En paralelo a la integración, el envejecimiento es otro desafío. Los mayores de 65 años pasarán de ser el 20% de los navarros al 23,4% en el plazo de quince años. Cada vez habrá más jubilados y menos estudiantes. Dos realidades que tendrán consecuencias. Si sigue la tendencia actual, sobrarán algunas aulas escolares y faltarán muchas plazas para dependientes.

En este terreno, incentivar la natalidad es una exigencia pendiente, más allá de ideologías. Las pensiones, por su parte, ya representan hoy el 24% de la renta de los navarros y el porcentaje seguirá creciendo. Hacer frente al pago de las pensiones es un desafío mayúsculo que el Ejecutivo de Pedro Sánchez quiere sortear sin sufrir heridas. Eso es algo imposible. La magnitud del reto hace imprescindible abordarlo con perspectiva y realismo. Y con sacrificios. Nadie está dispuesto a ello, lo cual genera un problema que vamos aparcando como sociedad pero sin esquivarlo.

La Navarra satisfecha de su alto nivel de vida, acomodada en lo personal y reivindicativa, a la vez, en lo social, tiene el reto de encarar los desafíos del futuro. De mirar más allá del presente. La inercia de la velocidad con la que avanza esta comunidad, fruto de sus fortalezas históricas, no es suficiente en absoluto para garantizar el lugar puntero en el que nos hemos acostumbrado a vivir. Y acelerar en este camino resulta vital. Las iniciativas en marcha (que también existen, en el Gobierno, en las empresas, en las universidades, en el tejido social) no suman por separado la energía suficiente para marcar distancias en esta carrera de fondo. Es la hora de ser ambiciosos. Los 70 testimonios que van hilando las páginas de este suplemento de Marca Navarra señalan la ruta.

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