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Temporal de nieve

Sábado en la cabina de un quitanieves

Las máquinas quitanieves tuvieron ayer una jornada intensa en la A-15, entre Mugiro y la muga con Guipúzcoa. Seis vehículos limpiaron ese tramo y mantuvieron abierta la vía. Esta es la crónica a bordo de uno de ellos

Ampliar Las máquinas quitanieves tuvieron este sábado una jornada intensa en la A-15, entre Mugiro y la muga con Guipúzcoa. Seis vehículos limpiaron ese tramo y mantuvieron abierta la vía. Esta es la crónica a bordo de uno de ellos
Las máquinas quitanieves tuvieron este sábado una jornada intensa en la A-15goñi
Publicado el 28/11/2021 a las 06:00
Lontxo Zubítur Villabona, 41 años, se levantó este sábado temprano. A las 6 de la mañana estaba al volante de un quitanieves en la estación de servicio de Pagozelai, en Gorriti, el punto más alto de la autovía A-15, 694 metros, y un microclima que lo convierte en temporales de invierno en una montaña rusa de borrascas de nieve y granizo que cambian el panorama en segundos. Del negro al blanco en un asfalto de pendientes prolongadas. Al bordo de la cabina pasó la jornada, en los escasos diez kilómetros entre la muga con Guipúzcoa, en Leitza y Areso, y Gorriti, a lo sumo Azpirotz.
“Bueno, ya estamos acostumbrados”, explica este vecino de Leitza, casado y con dos hijos, que lleva ya “catorce o quince años en la nieve”. Cantero de profesión, es autónomo y circula con su propio camión, al que se añade la cuña y todo el equipo necesario. Trabaja para Osés, la empresa concesionaria del mantenimiento de las autovías, en este caso la A-15 y la A-10. El responsable último es el Gobierno de Navarra y ellos, los chóferes, atienden las indicaciones. “Nos dicen cuándo tenemos que estar en carretera, si hay previsión de nieve nos llaman, a veces toca estar parado, otras sin parar”, explicaba al volante. Ayer fue un día de esos en que apenas hubo margen para el descanso. Le llegó, eso sí, el caldo caliente que preparó su madre. Su hermano Miguel Ángel también conducía un quitanieves. “En este tramo estamos los dos y un compañero más; otros tres hasta Mugiro y otros tantos hasta Irurtzun”, apuntaba que en total hay 18 equipos para las dos autovías.
Este sábado, en la A-15, se afanaron en limpiar un carril, el derecho, con el fin de garantizar la circulación. “Si limpias el otro es más peligroso porque hay quien empieza a adelantar, también algunos camiones y es cuando se puede bloquear y llega el caos. Hay conductores muy prudentes y otros, nada”, expresaba mientras desde la emisora llegaban distintos avisos. “El encargado nos coordina y conoce todos los movimientos que hacemos”, enseñaba los dos GPS que lleva en la cabina. “Con uno controlan el trayecto y con el otro la cantidad de sal que echamos”. Porque los equipos reparten la sal que cargan en los distintos silos. Lontxo se quedó sin nada a primera hora de la tarde, sobre las 16 horas. Pensó en ir al almacén de Etxarri Larraun para cargar, hay allí un invernadero con capacidad para unos 20 camiones de sal. A esa hora la autovía se complicaba y optó por llenar en el silo de Gorriti. 4.000 kilos. Pueden llevar unos 6.000. Tienen otro depósito en Areso.
La temperatura rondaba a esa hora los 0 grados y se sucedían las borrascas de granizo y de nieve. “Es peor el granizo porque debajo hay hielo y es como una pista de patinaje”, describía en su enésima vuelta del día por un recorrido que, a pesar de todo, no resulta monótono.
LA MAÑANA Y LA TARDE
Por la mañana hubo muchos camiones y tuvieron que ayudar a más de uno a enderezar su ruta. A mediodía, por ejemplo, un conductor se cruzó cuando salía de la autovía, dirección Pamplona, para entrar el área de servicio de Pagozelai. Miguel Ángel Zubítur paró su quitanieves, bajó de la cabina y dirigió al conductor en sus maniobras, mientras un operario de conservación de carreteras cortaba por un momento el tráfico. Por la tarde apenas se veían camiones, pero sí turismos. “No sé, me extraña, para ser sábado hay bastantes”, indicaba Lontxo Zubítur.
Confiaba en que el día transcurriera más tranquilo este domingo. Y en volver a la calma el lunes. “Cuando son temporales cortos es intenso, pero lo llevas bien. El año pasado en Navidad estuvimos catorce días, Nochebuena y Nochevieja incluidas. Fue duro, acabamos agotados”, revela que alguna vez, en esos periodos largos, han recorrido más de 9.000 kilómetros en el tramo entre la muga con Guipúzcoa y Azpirotz. “Parece mentira, pero es así y son situaciones de emergencia en la que hay prioridades”, reconoce que, a veces, en esos trayectos se entretiene comiendo caramelos, algunas golosinas para aliviar la marcha. Sobre todo de noche, cuando las prisas se detienen y hasta los copos parecen caer más lento.
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