Continuar

Hemos detectado que tienes en Diario de Navarra.

Con el fin de fomentar un periodismo de calidad e independiente, por favor o suscríbete para disfrutar SIN PUBLICIDAD de la mejor información, además de todas las ventajas exclusivas por ser suscriptor.

SUSCRÍBETE
Edición impresa

Actualidad Navarra, Pamplona, Tudela, Estella, Osasuna, Deportes, Gobierno de Navarra, Ayuntamiento de Pamplona, Política, Economía, Trabajo, Sociedad.

Educación

Jhony Carrillo, estudiante disléxico: “Creían que era vago pero no me rendí”

Se matriculó en FP de Grado Medio porque no se vio capaz de hacer Bachiller. Una década después, es triple licenciado, tiene dos máster y ha empezado la tesis

El pamplonés Jhony Carrillo Cabeza, de 28 años, fue diagnosticado de dislexia hace cuatro
El pamplonés Jhony Carrillo Cabeza, de 28 años, fue diagnosticado de dislexia hace cuatroDN
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 09/10/2021 a las 06:00
Jhony Carrillo Cabeza es un ejemplo de superación. De sí mismo y de lo que los demás pensaban sobre él. Cuando iba al colegio, era “el malo y el vago” de la clase y, al terminar la ESO, tras repetir un curso, no creyó que fuera a ser capaz de cursar el Bachillerato. Por eso se matriculó en Formación Profesional de Grado Medio. Sin embargo, hoy, doce años después, se necesita la mitad de esta entradilla para enumerar todos sus títulos: acumula tres grados universitarios (licenciado en Ciencias y Tecnología de los Alimentos, Biotecnología y Bioquímica y Biología Molecular, en la Universidad del País Vasco y en la Rovira i Virgili de Tarragona), dos máster en la rama de ciencias de la salud, se ha presentado dos veces al BIR (Biólogo Interno Residente, un título similar al MIR), un examen que sigue estudiando, y acaba de empezar un tercer máster y un doctorado en Biotecnología en la UPNA. Y todo, gracias a su esfuerzo y tesón. Porque Jhony es disléxico. Forma parte de ese 10% de la población que presenta un trastorno del lenguaje porque el que tiene dificultades para leer y comprender lo leído. “Podía haber fracasado y rendirme por el camino. La inmensa mayoría de las personas con dislexia se agotan y no llegan la universidad”. Nacido en Orkoien hace 28 años y residente ahora en Tarragona, donde cursa un máster en Biotecnología, quiere ofrecer su testimonio para animar a los escolares. “Con ayuda y adaptaciones se puede salir adelante. Es posible convivir con la dislexia”, insiste.
Jhony cursó Educación Primaria (6-12 años) en el colegio público San Miguel de Orkoien, donde nunca aprobó ni Lengua ni Inglés. “No entendía nada”. De ahí, pasó al IES Julio Caro Baroja (La Granja) para cursar la ESO, repitió 3º y tampoco logró nunca superar ni la Lengua ni el Inglés. “La tutora les recomendó a mis padres que cursara un PCPI (Programa de Cualificación Profesional Inicial) porque no iba a ser capaz de estudiar nada más”, recuerda. Sin embargo, él decidió probar suerte en la FP de Grado Medio. Y se matriculó en el curso de Cocina y Gastronomía en el CI Burlada FP. “¡No tenía nada que ver con el instituto! Era muy práctico y me encantó!”, confiesa. Como le fue bien, pasó un curso puente de acceso al grado superior (en el CI María Ana Sanz de la Chantrea) y de ahí, al grado de Dirección de Cocina.
EL SALTO A LA UNIVERSIDAD
Con dos grados de FP y habiendo avivado su interés por el estudio (“me encanta estudiar y si pudiera vivir así, estaría toda la vida estudiando una cosa detrás de otra”), decidió dar el salto a la universidad (“todo un reto”) y optó por un carrera científica: el grado en Ciencias y Tecnología de los Alimentos en la UPV. Fue, precisamente, estudiando en Vitoria, una profesora, doctora en su materia y con un familiar disléxico, la que sospechó que Jhony podía tener este trastorno del lenguaje y le animó a hacerse las pruebas con una neuropsicopedagoga. “Cuando supe el diagnóstico sentí alivio. Por fin ponían nombre a lo que me pasaba. No era tonto. Tenía un trastorno”.
¿Y qué hizo entonces? “No cambié mucho. Cuando se trata de niños es más fácil de moldear pero ya siendo adulto... Lo mejor es seguir con tus ‘capas’ pidiendo ayuda en los que necesitas”. A saber: que no le contaran las faltas de ortografía a la hora de puntuar y que le dejaran más tiempo para hacer los exámenes. “El problema es que no hay dos disléxicos iguales. Como tampoco existen dos personas iguales. Por eso, las adaptaciones no puede ser genéricas sino adaptadas. Yo, por ejemplo, no necesito que me lean el enunciado de un examen sino que me lo pongan tipo test”.
En los últimos años, se ha presentado en dos ocasiones al BIR, una prueba que continúa preparando. “A través de la asociación de dislexia de Navarra, pedimos que me adaptaran el examen dejándome más tiempo y planteando las preguntas de manera más clara. Pero no hubo suerte. Me dijeron que si quería adaptación, me tenía que ir a examinar a Madrid. ¿Pero por qué tengo yo que gastarme un dinero en el transporte y el alojamiento si el examen se puede hacer en Pamplona? Son cosas que no tienen sentido”, lamenta. Lo único que consiguió, en la segunda convocatoria del BIR, fue que el tamaño de letra de las preguntas fuera más grande.
En su caso, apunta, la dislexia es algo genético. No sabe si sus padres la tienen (porque no se han hecho las pruebas) pero sus dos sobrinos, de 11 y 6 años, han sido diagnosticados y están recibiendo apoyo. “La niña, que está aprendiendo a leer, lo pasa muy mal porque no comprende la diferencia de letra entre la manuscrita y la del ordenador”.
Jhony agradece el apoyo de su directora de tesis, la catedrática de Biotecnología de la UPNA Carmen Lucía Ramírez. “Se está implicando más de lo que le pido”. Y así, este científico sigue su día a día conviviendo con la dislexia. “Que también tiene su parte positiva. Porque soy muy creativo y trabajador”. Por eso, se ha superado a sí mismo y ha puesto del revés lo que pensaban los demás.

Alumnos con dislexia que estudian en inglés piden exámenes en castellano

Familias de escolares con dislexia que cursan Educación Infantil, Primaria y ESO en centros PAI (en los que estudian algunas materias en inglés) piden al departamento de Educación del Gobierno foral poder examinarse de las asignaturas troncales (Lengua y Matemáticas) en castellano. La asociación navarra de dislexia (Disnavarra) solicita así que puedan “brillar”, en vez de “fracasar”. “Aprender el contenido en una lengua que no es la suya supone para ellos una barrera tremenda”. Ayer se celebró el ‘Día mundial de la dislexia’, un trastorno del lenguaje que afecta a la 10% de los escolares, unos 10.000 en las aulas navarras.
La presidenta de ‘Disnavarra’, Iranzu Ostolaza, recuerda que estos alumnos necesitan una adaptación de los contenidos. “No se deben utilizar para remediar un fracaso escolar sino que son un derecho. Es como un niño que lleva gafas. ¿Se las quitas si saca un 9? Las adaptaciones no hay que verlas como una ventaja respecto de los otros escolares”.
volver arriba

Activar Notificaciones