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Sociedad

Una pamplonesa y su marido, de misión en Sierra Leona sin billete de vuelta

La pamplonesa Paula Arizcun Zúñiga y su marido, el madrileño Juan Franco Hiraldo, de 27 años, viajan a África en una misión de la Diócesis. Sin billete de vuelta, ayudarán en educación o salud

Juan Franco Hiraldo y Paula Arizcun Zúñiga, de 27 años, se conocieron en 2017 en una misión en Ceuta
Juan Franco Hiraldo y Paula Arizcun Zúñiga, de 27 años, se conocieron en 2017 en una misión en Ceutacedida
  • Sonsoles Echavarren
Publicado el 03/10/2021 a las 07:44
Paula y Juan son una pareja extraordinaria. En el sentido etimológico de la palabra. Un joven matrimonio (se casaron hace un año en Obanos, de donde proceden los padres de Paula) que no ha dudado en dejar sus trabajos, a su familia y su vida para viajar a África y cumplir una misión. Como los misioneros que se iban hace unas décadas a ayudar a los demás. Pero ellos no son ni curas ni monjas. Sino dos laicos, muy comprometidos con la fe y la Iglesia. “Tuvimos claro que queríamos ofrecer nuestros primeros años de matrimonio sirviendo a Dios, a través del servicio a los demás”, cuentan estos jóvenes, ambos de 27 años, una tarde de lluvia en Madrid, mientras ultiman sus preparativos antes de coger un vuelo a Freetown, la capital de Sierra Leona. En la ciudad de Makeni, al norte de este país de África occidental, y en su diócesis, trabajarán, en principio, durante un año. “Aunque no tenemos billete de vuelta. Vamos a lo que nos manden. A trabajar en un colegio, un dispensario, a formar a catequistas...Queremos encontrarnos con la gente y dejarnos sorprender”, coinciden. Paula Arizcun Zúñiga es de Pamplona y Juan Franco Hiraldo, de Madrid. Y los dos, juntos y por separado, ya habían participado en otras misiones de la Iglesia.
Fue en el verano de 2017 cuando los dos jóvenes, entonces con 23 años, se conocieron en un centro de acogida de emigrantes en Ceuta. Hasta allí habían viajado, cada uno por su cuenta, para ayudar a estos africanos que llegaban a la península y eran detenidos. “Organizábamos talleres, cursos de informática, les enseñábamos las primeras palabras de español...”, cuenta Paula, antigua alumna del colegio Miravalles-El Redín, ingeniera industrial por la UPNA y empleada en una empresa de trenes. Aunque tanto ella como su marido han dejado sus trabajos (él es teólogo, profesor de Religión en un colegio concertado y ahora estudia Ingeniería Aeronáutica). “Muchos de nuestros amigos no comprenden nuestra manera de ver la vida. Lo más habitual no es dejar un trabajo, un piso... Pero a nosotros no nos importa. Dios proveerá”, confiesa Juan.
Él, además de en Ceuta, trabajó en un misión en Tánger (norte de Marruecos), con niños con discapacidad; y en Calcuta, con personas moribundas. “Son experiencias impactantes, que te marcan”. Paula estuvo en Perú (en Huancavelica) y hace dos años, con Juan, en Tánger. Además, durante su vida de casados, han dado clases de inglés a inmigrantes en Madrid. “Nos hubiera gustado irnos antes a la misión. Pero no ha sido posible por el covid”.
Pero, ahora, con las vacunas puestas y mentalizados a hablar krio (un inglés con mezcla de lenguas locales) se preparan para su aventura. “No es un voluntariado. Vamos a lo que nos manden, a trabajar dónde hagamos falta y a crecer en el encuentro con la gente”. Como el que esta pareja extraordinaria experimentará en Sierra Leona. En su particular misión en el mundo.

 UN PAÍS DE MINORÍA CATÓLICA

​Paula Arizcun y Juan Franco vivirán durante un año (aunque viajan sin billete de vuelta) en la ciudad de Makeni. Con unos 120.000 habitantes, es la capital de la región del norte, a 190 kilómetros (unas tres horas en coche) de la capital, Freetown. Explica el joven matrimonio que Sierra Leona, un país de África Occidental, en la costa del Océano Atlántico, es mayoritariamente musulmana (el 70% de la población). Les siguen, continúan su explicación, los animistas (20%) y los cristianos (10%, con una minoría católica). El país, añaden, ahora atraviesa una situación de tranquilidad. “Nuestras familias, como es lógico, tienen un poco de miedo. Pero, al mismo tiempo, están contentas por nosotros”, coinciden.

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