Educación

El niño que quería conocer las costumbres locales ya ha encontrado otro colegio en Pamplona

La rusa Sarali Gintsburg buscaba un centro para conocer costumbres locales. Ya lo ha encontrado

Sarali Gintsburg, de 44 años; y su hijo, Anthony Wilson, de 10, en el centro de Pamplona en agosto.
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Sarali Gintsburg, de 44 años; y su hijo, Anthony Wilson, de 10, en el centro de Pamplona en agosto.
Sarali Gintsburg, de 44 años; y su hijo, Anthony Wilson, de 10, en el centro de Pamplona en agosto.

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Sonsoles Echavarren

Actualizado el 07/09/2021 a las 11:45

Anthony  Wilson empezará este miércoles el colegio. Como más de 100.000 niños y adolescentes en Navarra. Pero él, igual que un porcentaje pequeño de escolares, lo hará en un nuevo centro. Y tendrá que conocer cómo son la aulas, por dónde se baja al patio, cómo se llaman los profesores y quiénes serán sus nuevos amigos. Anthony, de 10 años, iniciará 5º de Primaria en el colegio público San Juan de la Cadena, en el barrio pamplonés de San Juan. Los últimos cuatro cursos los siguió en un centro próximo, el también colegio público José María Huarte, en el mismo barrio. Pero su madre, la rusa Sarali Gintsburg, de 44 años e investigadora universitaria en temas de emigración, no estaba conforme. El domingo pasado este periódico publicó un reportaje en el que la mujer, que tiene una beca Marie Curie y trabaja en el Instituto de Cultura y Sociedad (ICS) de la Universidad de Navarra, lamentaba que su hijo no tuviera ningún compañero de clase español y que no aprendiera las costumbres locales. “No estoy en contra de la emigración. De hecho, es el tema de mis investigaciones. La multiculturalidad es importante pero yo se la puedo enseñar en casa (ella es rusa y el padre de Anthony, del que está divorciada, inglés de origen nigeriano). En Educación me dicen que no hay plazas. Pero no tiro la toalla para este curso”, confesaba.

Dicho y hecho. Ayer lunes matriculó a su hijo en el colegio público San Juan de la Cadena y ya compró los nuevos libros de texto. “Me dijeron que, a última hora, una niña se había marchado y quedaba una plaza vacante”, aplaudía Sarali, aún sin creerse la noticia. “Estoy encantada. ¡Contentísima!”, insistía.

TODO EXTRANJEROS

Sarali recalca que su hijo tenía amigos en el otro colegio. “No quiero decir nada negativo de esos niños. ¡Al revés! Pero yo aspiraba a que mi hijo tuviera algún amigo español y conociera las costumbres locales”, recalca. En las otras aulas, todos los compañeros eran de países de África, Latinoamérica, Europa del Este...

Anthony habla cuatro idiomas (es bilingüe en inglés y ruso, sus lenguas maternas) y domina el castellano y el francés, ya que, durante sus primeros años de vida y cuando la familia vivía en Estados Unidos, fue a una escuela infantil de habla francesa. “Al llegar a Pamplona, es lo primero que busqué: un centro en el que se impartieran clases en francés. Pero no lo encontré. Luego, busqué colegios públicos y concertados con todo tipo de alumnos y, tampoco”.

Sarali aseguraba que no quería llorar sino ofrecer a su hijo “lo mejor”. Y esta historia, como los cuentos de hadas, ha tenido un final feliz. Anthony escribirá a partir de mañana los nuevos capítulos de su relato. De su nuevo colegio y de lo que está por venir.

“Hay que distribuir a los niños entre todos los centros”

Una mayor distribución de los escolares entre todos los colegios públicos y concertados. Es la idea que lanza Sarali Gintsburg, nacida en San Petesburgo (antigua URSS y actual Rusia), doctora en Filología Árabe e investigadora sobre la emigración magrebí en Europa. “Habría que distribuir mejor a los niños para que no se crearán centros ‘gueto’. Solo así, todos los alumnos, también los de familias más desfavorecidas, conseguirán progresar en un futuro próximo”. Una realidad que ella vivió en primera persona, cuando era niña y estudiaba en un colegio público de San Petesburgo, durante el comunismo. “Éramos hijos de médicos, ingenieros (como mis padres) pero también, de obreros y operarios de fábricas. No teníamos problemas sociales”. Y recuerda que Pamplona es una “capital intelectual”, con dos universidades. “El Gobierno de Navarra quiere atraer talento internacional. Pero debe tener en cuenta qué educación ofrece a los hijos de estas personas. Nadie quiere que tiren su potencial a la basura”.

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